He venido a escucharlos a ellos, no a ti, puto imbécil

Cualquier educador recomienda el refuerzo positivo como camino hacia un futuro mejor, pero hoy me vais a perdonar. He venido a hablaros de un tema nada nuevo, pero tú mereces leerlo. Porque ya que no te lo digo cuando te tengo a mi lado, más que nada por no acabar jugando a una ruleta rusa en la que uno de los dos acabe con un hematoma en el ojo que resultaría muy poco atractivo, te lo digo hoy, por aquí, de forma absolutamente destructiva. Para que veas que tampoco es el calentón del momento, sino que me sigues cayendo igual de mal hoy que en el día en que te conocí, puto imbécil.

Porque tú, puto imbécil (en adelante P.I.), eres uno de esos seres sin los cuales esta sociedad sería, seguro, mucho mejor. La cuestión es que, como cualquier mala hierba que va abordando una finca en la que tiempo atrás un bello e hidratado césped verde lo inundaba todo, los P.I. cada día sois más. Sois más los individuos que dedican su pasta a ir a molestar a los conciertos. Tantas vueltas dadas por los asesores del Ministro de Economía para intentar convencernos de que la recuperación está aquí, cuando yo sólo les doy la clave: mirad todos los P.I. que derrochan sus euros con el solidario fin de jodernos la vida a los demás. La pasta sobra.

Es cierto que en esto del entretenimiento cultural hay diferentes ambientes. Así, puede que tú, P.I., te dejes ver en ocasiones por obras de teatro o exposiciones pictóricas, pero sin embargo allí bien que te sabes estar callado. No es menos cierto que uno entiende que a un concierto no se va para guardar el silencio que mantenías antes de que el cura empezase la misa tras el catecismo, o a repartir esas hostias que aún de adulto mereces. Pero todavía se me escapa el entender por qué para ti, P.I., un actor o un pintor merece más respeto que un músico. En serio, no consigo encontar la causa, por lo que agradecería que alguien me hiciese ver la luz, y así comprender por qué mola pasarte el respeto a los demás por el forro de los cojones. Claro que por lo visto no soy el único en no alcanzar a comprender:

Diréis los demás, los que sois de esos tontolabas que intentáis ir a un concierto para escuchar música (sois pocos, pero majos), que hay que ver cómo de desfasados y maleducados vienen estos postadolescentes. Que tú estuviste conmigo en un concierto de Radiohead en el FIB 2002 en el que, durante los segundos previos a que sonasen los primeros acordes de ‘Exit Music (for a Film)’, el silencio reinaba entre más de 30.000 personas. Y que ahora eso es impensable. Y tienes razón. Lo que no sabes es que los P.I. no son, en su mayoría, postadolescentes. Los hay, claro, pero me sorprende observar el grado de P.I. que están coqueteando con la cuarentena. Porque a tu edad pareces más preocupado en decir ‘yo estuve en aquel concierto de los Ray Fashion y fue la hostia’ que de escuchar a los Ray Fashion en el concierto propiamente.

Y ya sé, P.I., que estarás leyendo esto pensando que soy un amargado. Que lo que me hace falta es salir un poco, beberme unas birras y follar algo, que se me ve triste. Pero no te creas, que yo estoy muy a favor del consumo recreativo de alcohol, o de otras drogas. Claro que igual puede hacerse donde no le jodas la vida a nadie. No sé, lo digo cambiar, que no sea siempre igual. O a lo mejor tener la decencia de invitar a los de la última fila a que se vayan acercando al escenario, y quedarte tú al final. Al lado de la puerta de los retretes, por donde podrías sumirte si tienes a bien. Porque si te piras harás feliz a cientos de personas. Porque sin ti, P.I., nuestra vida será realmente más dichosa. Porque nos sobras, porque ya somos mayores para reírnos de las gracias del chulo de la clase, P.I.

Porque además, P.I., tienes un problema a mayores. Tu falta de conciencia de enfermedad. Porque a lo mejor ahora mismo estás leyendo esto, esbozando una sonrisa, y murmurando algo como ‘joder, este tío tiene razón’. Pero de lo que no te das cuenta es de que TÚ ERES UN P.I. Lo eres, y después te quejas de los demás. Porque en un momento determinado, en un concierto en concreto, no te comportaste como un P.I., porque el recital en cuestión era de tu agrado. Entonces, otros P.I. te lo jodieron, porque habían decidido tomarse las birras en la sala de conciertos de turno, en lugar de en la cervecería de tres metros más para allá. Porque tomarse unas birras sin faltarle al respeto a nadie no es igual de divertido. Bueno, pues si hay algo bueno en todo esto, es éso: el karma. P.I. jodiendo a P.I. Las risas.

¿Y ésto a qué viene?. Pues en mi caso personal el último ejemplo lo encontré en el concierto que dieron Veronica Falls en el Festival do Norte. Es cierto que no me estaba pareciendo la hostia. Pero allí estaba yo, escuchando, mientras otros individuos que tenía delante, uno de ellos con peinado pretendido a lo afro (eres blanco como la leche, no cuela), y otro con esas muy necesarias gafas de sol a la una de la madrugada, se dedicaban a insultarlos a voz en grito, a dedicarles peinetas, para deleite de los que los rodeábamos. Si el mundo fuese justo en momentos puntuales se permitiría la lapidación.

Clase diferente de imbécil, el imbécil a secas, el imbécil pero no tanto, es aquel que canta a voz en grito al lado de tu oreja. Da igual que estemos en el concierto de Arcade Fire en el Primavera Sound, o viendo a Nacho Vegas en el teatro de tu ciudad. Pues bien, canturrear en un concierto mola. El rollo karaoke es gracioso, y nos gusta a todos. Pero si llegas a un nivel de decibelios en el que te escucho más a ti que a Win Butler, pues mira, no. En todo caso, eres un enemigo de segunda, y hoy no he venido aquí por ti.

Y acabo, porque sé que esto no va a servir de nada, y que las malas hierbas se extienden sin posibilidad de frenarlas con antídoto alguno. Ay, ojalá existiese un veneno que os exterminase a todos, P.P.I.I., pero de momento no existe. En todo caso, aunque sigáis torturándonos con vuestra existencia, es justo que sepáis que mucha gente os odia. Mucha. Que a lo mejor no podemos deciros todo lo que nos gustaría, porque intentamos tirar de la educación que a vosotros os falta, pero que contenemos esa agresividad a duras penas. Por lo que a mí respecta, espero no volver a veros en la puta vida.

P.D. No busques a los Ray Fashion en la wikipedia porque me he inventado el nombre, PUTO IMBÉCIL.

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