Helm — Olympic Mess

2015 no ha sido un año especialmente espectacular en lo que al ambient se refiere, pero no han faltado bastantes de esos trabajos con notables acabados, de los que juegan en ligas que se salen de la parte más purista. En ese sentido, el londinense Helm es uno de esos productores a los que seguir siempre, y que en este curso ha publicado Olympic Mess (PAN, 2015), otro álbum en el que manipula a su antojo las texturas para darle a las canciones su habitual y elocuente visión.

Publicar en PAN siempre es garantía de interés

La propuesta de Helm siempre ha sido una de las que necesitan de una escucha calmada, reposada, con unos buenos auriculares y total tranquilidad. A sus líneas ambientales principales añade una ingente cantidad de matices, texturas que subyacen a la capa principal y otras que están por encima. Sonidos orgánicos evocadores, que avanzan lentamente para deformas los sonidos que arrancaban cada canción. Son algunas de las características que hacen de Olympic Mess un álbum muy disfrutable, para entrar en trance. Pero despacito.

Con respecto a referencias anteriores, el productor inglés no acude tanto a los sonidos cavernosos y duros de hace años, y prefiere tirar por un lado más experimental. En él retuerce su discurso igualmente, pero de una forma menos agresiva y más liviana. Esa parte más expeditiva es la que abre el disco, ‘Don’t Lick The Jacket’, y acto seguido ese cambio más suave y sugerente de ‘I Exist In A Fog’, erosionando la parte abrupta de su inicio. Detalles que hacen de la propuesta de Helm una delicia para los seguidores de las canciones repletas de matices, texturas y sonidos que captar con mucho detalle.

Un ambient con cuerpo, muy detallista y elocuente

Generalmente, bastantes temas tienen una segunda mitad que se desmarca completa o parcialmente del desarrollo inicial, a veces con una progresión más drone como ‘The Evening In Reverse’ o directamente con la maravilla ‘Outerzone 2015’, la pieza más larga y sin embargo la mejor del disco. Prácticamente condensa todos los puntos fuertes que tiene el disco: detallismo en capas secundarias, bombos orgánicos en la primera mitad y una señorial transición en la que los bombos desaparecen y sólo queda una tenue ambientación de drones y sonidos minimalistas.

7.4/10

Olympic Mess es de notable por su profundidad, complejidad y abstracción. Ofrece esa necesaria visión de un ambient dinámico, experimental, que atraviesa más géneros y que resulta bastante evocador. Incluso por momentos, resulta brillante. No obstante, sólo puntualmente, por eso no es un trabajo sobresaliente, pero qué duda cabe que la paleta sonora es bastante rica en todos los temas. Lo cual supone un álbum bastante completo y con tremendo magnetismo por parte de Helm. Ideal para acérrimos de los tamices sonoros muy ricos.

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