El pasado miércoles, mientras el resto de la humanidad seguíais en vuestro universo habitual, un grupo de 130 afortunados que conseguimos una entrada asistimos al concierto de *Hidrogenesse* en el “Museo Cerralbo”:http://museocerralbo.mcu.es/laCasaMuseo/recorridoPorLasSalas.html. Una unión entre un viaje pasado con el universo paralelo de Hidrogenesse.

El lugar hizo que el concierto se elevase a la categoría de acto litúrgico. Entrada por grupos, acceso en pequeños grupos al guardarropa y treinta minutos antes del comienzo ya estábamos sentados en las sillas de un salón lleno de pinturas, espejos, esculturas, tapices muebles y relojes. Asumimos que el lugar merece el respeto y cuidado necesarios, y que formamos parte de un momento irrepetible, ya que no sería sostenible celebrar conciertos en un lugar así habitualmente. Nos estamos comiendo un pequeño trozo de historia, lo cual da más interés al evento. Una mezcla explosiva en la que el atuendo adecuado serían unas orejas postizas de tigre en un bolsillo y un monóculo en otro.

Pocos minutos después de que uno de los relojes nos advierta de que son las ocho en punto (el ciclo de conciertos en museos se denomina a las ocho cero cero) entran los maestros de ceremonia, Carlos Ballesteros y Genís Segarra entran en escena.

En esta ocasión nos deleitan con un relativamente discreto atuendo, en el que Carlos mezcla unos pantalones cortos ajustados y dorados (a juego con los panes de oro que decoran la sala), un jersey de atrevidos colores y una cadena al cuello, completados para una gorra. Para mí es representativo del espíritu Hidrogenesse: no sé dónde empieza el personaje y termina la persona, pero lo mejor es que no importa, ellos nos dan su música sin pretender que nos identifiquemos, creamos o supongamos nada, sólo para disfrutarla. El díptico califica su música de *art-rock electrónico*, yo la califico como música sincera, que te devuelve a esa felicidad eufórica de la niñez.

Comienzan a sonar canciones conocidas como ‘El árbol’, ‘Vuelve conmigo a Italia’ o ‘No hay nada más triste que lo tuyo’, y puedo ver en parte de los asistentes la misma cara que puse yo, allá por 2006, cuando escuché esta última canción por primera vez. La primera impresión desagradable se convierte en curiosidad por escucharla otra vez, y la curiosidad se transforma primero en gusto y después en admiración.

Genís se mantiene durante todo el concierto sentado al piano, con cara aséptica que se mimetiza con las estatuas de la sala y haciendo del piano lo único que el grupo necesita para deleitarnos. Carlos, además de cantar, se acerca cada cierto tiempo a un sintetizador con un mando de xilófono, provocando con él algún sonido eléctrico que da el toque estrambótico perfecto. Quizás la canción resultase exactamente igual sin ese toque, o quizás no, pero mi sensación es de que el choque de universos explotaría derritiendo las figuras del museo y a nosotros mismos si no lo hace en el momento exacto. Por suerte, lo borda.

El concierto sigue con ‘Kurt, Courney, Frances Bean and me’, canción que pasa desapercibida dentro de ‘Gimnàstica passiva’ pero que gana enteros en directo con su karaoke trabalenguas. Hablando de karaoke, los que no hablamos catalán (y todavía no nos la hemos aprendido) podemos seguir ‘Moix’, su último single homenaje a Terenci Moix gracias a la letra del díptico. Para los que nunca hemos cantado en misa, de golpe nos solucionan el problema de no sabernos las canciones y nos ponen en la iglesia a dos dioses paganos de aspecto amigable, todo ventajas.

Llega el momento de ‘Disfraz de tigre’, momento en el que tenemos que realizar el acto de fe y permanecer sentados, cuando lo que pide el cuerpo es bailar como si el mundo se acabase esa noche. Quien la haya escuchado en algún concierto sabrá de qué hablo, y quien no debería darle una oportunidad.

La sorpresa llega con ‘Un beso para Alan Turing’, su nuevo single en homenaje al matemático que se suicidó en 1954 mordiendo una manzana envenenada, icono que dio lugar al logo de Apple según se dice. Llegó a ese extremo por culpa de la presión del Gobierno británico de la época, que lo sometía a torturas pretendiendo “curar” su homosexualidad. Fue uno de los padres de la computación y de la inteligencia artificial, una mente brillante del siglo pasado que perdimos antes de tiempo. Para mí una sorpresa brillante, y más teniendo en cuenta que mi proyecto fin de carrera trataba sobre varios de sus trabajos, curiosamente también sobre Noam Chomsky, teórico de la computación y activista político al que Astrud también dedica una canción surrealista.

Nos acercamos al final y el reloj se une acompañando una canción, avisándonos de que son las nueve de la noche y el concierto debe terminar. Carlos nos anuncia que, aprovechando que estamos en un *salón de espejos*, terminaremos con Schloss.

Quedémonos, olvídate de la agenda, en el salón de espejos se canceló una boda… Comedias y conciertos, todas las noches en los salones. Una nueva vida en un castillo que nunca fue habitado…

El Museo Cerralbo se convierte en el castillo de *Schloss*, con una noche más de conciertos en los salones. Y no estamos en Madrid, estamos en un castillo de Austria junto a un lago en el que la luna llena ilumina a un cisne. Éste es el universo Hidrogenesse confluyendo con un viaje al pasado. Sorprendentemente, al terminar salimos a la calle y Madrid sigue como si nada de eso hubiese ocurrido, pero nosotros sabemos que ha sido una tarde mágica e inolvidable.

Daniel Seijo es blogger, antiguo redactor y coordinador editorial de WSL y actualmente hace cosas con coches e internet en Diariomotor (o eso es lo que él dice). Tiene las ideas claras y cuenta twitter (no, una cosa no implica la otra). Ah, no lleva monóculo, pero debería, por su condición aún semi-reconocida de bon vivant. Musicalmente, entre otras cosas, se confiesa seguidor de los Austrohúngaros; los de aquí, que no los de toda la vida.

Foto | Facebook de Hidrogenesse

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