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Holograms — Forever: menos hooliganismo y más seriedad

El año pasado los suecos Holograms supieron desmarcarse del joydivisionismo clónico y mostrarnos con su debut un revival post-punk muy fresco, divertido y directo, con el uso del teclado masivo para acercarse a una new wave macarra. Encontraron una baza que jugar para desmarcarse de tanto grupo auto complaciente. Un año después, han venido con Forever (otra vez desde Captured Tracks) a intentar demostrar que lo de 2012 no fue un espejismo.

Volver a la fórmula más clasicista

La verdad es que nos las prometíamos muy felices con su debut homónimo, Holograms. Los tíos eran descarados, hacían canciones para hooligans, de esas de brindar con cerveza hasta las tantas y disfrutar al máximo el hedonismo que ofrecían con su música. Frente al after punk depresivo y acongojante; ellos ofrecían garra, divertimiento y temas con mucho gancho. Combatían los ambientes opresivos con un teclado sencillo que imprimía mucha vitalidad. Ya era hora de un grupo que se atreviera a ‘romper’ el patrón básico de los nuevos post-post-post-punk.

Y también nos las prometíamos muy felices cuando escuchamos el primer avance de este Forever: ‘Flesh and Bone’. De nuevo la fórmula volvía a emerger para sentir que estos tipos están en un equilibrio entre la actitud punk y la despreocupación, y entre el ritmo bailongo de la new wave. Y sin sonar a fósil rock, ni a una propuesta pobre.

Bien, una vez te pones con el álbum, te das cuenta de que ese adelanto era uno de los mejores temas del disco. Forever no está a la altura de su hermano mayor, pero no es porque se hayan ido por los cerros de Úbeda ni nada parecido. De hecho la jugada estaba clara, seguir por el mismo sendero y añadir si acaso algún recurso estilístico más, pero ya está. Aparte de que es este trabajo no es tan completo como el homónimo, ni tan fresco, han abandonado la raigambre new wave, lo que ha ido en detrimento del teclado. Es un disco más corto, pero si sacamos la media, el otro salía a más jitazo por corte. Pero eh, que no pasa nada, Holograms siguen teniendo buenos arrebatos para partir la pana en el irlandés ese que bajas los viernes a pedir birra de importación.

Más sobriedad y menos teclado

Ese hooliganismo desbocado junto a ese bajo agresivo, pero sin Peter Hook, como se ha hecho siempre en el género, hacía que el disco avanzara sin que te dieras cuenta, con himnos de bareta y desenfreno muy entretenido. En el caso de Forever, el álbum avanza más lento, han apostado por algo más de contundencia (tampoco excesivamente), antes que darle tanta importancia al teclado o al hooliganismo despreocupado. De beber Gordon hemos pasado a una cerveza estándar, a una corriente y moliente.

Forever continúa rezumando buenas vibraciones y al inicio del disco parece que siguen el mismo sendero, más que por la aceptable ‘A Sacred State’, por la enérgica ‘Flesh And Bone’, que esconde en sus cimientos un tufillo a Joy Division indiscutible, pero lo bueno es que no dejan que sea este el que hegemonice la canción. En ella está ese aire jovial y ese sintetizador que eriza los pelos al final al grito de ¡flesh and boooooone! Y a raíz de aquí nos encontramos con unos Holograms que se acercan, aún tímidamente, a postulados más clasicistas del after punk. En pistas como ‘Meditations’ o ‘Laughter Breaks The Silence’ tenemos precisamente canciones prototípicas como las hemos tenido a raudales en estos últimos años.

Si en el debut se acercaron a la new wave, aquí le dan las buenas tardes y prefieren irse al lado oscuro, al de grupos del montón, tornándose demasiado serios y perdiendo ese elemento despreocupado que hacía de ellos una propuesta punk, fresca y en definitiva, distinta del resto de post punkers. Con todo, hay piezas notables que nos recuerdan a los Holograms que nos encandilaron, como ‘Luminous’. Para el resto de temas, algunos son un híbrido entre esa parte cervecera y con desparpajo que motiva mucho, y la más conservadora del revivalismo after punk. Algunos ejemplos, la épica de ‘Rush’ o ‘Ättestupa’. En definitiva, se trata de un buen disco, pero entre cervezas y macarrismo molaban más.

6.7/10

Los chavales suecos se han puesto seriotes, apostando por un sonido más clasicista, con el peligro que eso conlleva, puesto que podrían entrar al club de los grupos del revival post-punk que acaban aburriendo. Esa apuesta por los sintes new waveros que rezumaban borrachera les hacía divertidos y se desmarcaban de los postulados típicos. No obstante, aún tienen algún tema muy notable en el disco, que a la postre acaba resultando es más irregular. Lo bueno es que aún tienen margen para mejorar y enderezar el camino. En fin, siempre nos quedará la cerveza.

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