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Holy Fuck en concierto en Santiago de Compostela (Sala Capitol, 03/10/2014)

El trío compuesto por los gallegos Esquelas, los portugueses Sensible Soccers y el plato fuerte de la noche, Holy Fuck, componían el cartel de la sexta edición de TriCiclo, un ciclo de conciertos organizados por Work on Sunday sin una periodicidad fija, pero de criterio siempre recomendable.

En esta ocasión, la protagonista de la fiesta era la electrónica, que hasta ahora no se había prodigado mucho por TriCiclo (antes habían pasado por el programa gente como Toundra, Pony Bravo, Triángulo de Amor Bizarro o Cave), en vertientes bien opuestas. Principalmente en el caso de Esquelas, que abrían el menú del día.

Lo suyo fue como meternos en una de esas salas minúsculas que habitan en medio de los museos de arte contemporáneo, en las que reina la oscuridad y vídeos en blanco y negro a los que te quedas un rato mirando medio embobado. En muchas ocasiones, esos vídeos (resalto el concepto visual porque fue ciertamente protagonista en el concierto) no merecen nuestra atención más de un par de minutos, pero ese no fue el caso de Esquelas. Ambient para disfrutar por más de las 10 personas que allí había cuando empezó el concierto (no es figurado, 10 justas, a las que se le unieron unos cuantos rezagados más tarde), con atmósfera tan inquietante y perturbadora como atractiva. Nombre a tener en cuenta en el futuro. Apúntenlo.

Menos destacable fue la actuación de Sensible Soccers. Los portugueses centraron su concierto en su reciente 8, disco que les ha supuesto un cierto repunte de popularidad en su país, y con el que han girado por los festivales portugueses más significativos este verano. Un inicio prometedor, con ese continuum trazado entre el pop electrónico y la psicodelia, que poco a poco fue convirtiéndose en un espectáculo algo plano, falto de intensidad o cambios de ritmo, e incluso por momentos algo aburrido.

Lo cierto es que ya 8 adolece de conformismo y momentos de aburrimiento y no fue la interpretación de temas como ‘Manuel’ los que nos hiciesen pensar que eso fuese a cambiar en directo, donde solo momentos puntuales, como la brillante ‘AFG’ sí consiguieron estar a la altura. No pasó de ramalazos inconsistentes que acabaron dejando muy poco, o casi nada, para el recuerdo.

No se juntó el público que uno consideraría suficiente cuando llegó ya el plato fuerte. Los canadienses Holy Fuck estaban por primera vez en Santiago, y tan solo consiguieron congrerar en torno a unas 150 personas para verlos. Lo que sucedió allí mereció ser disfrutado por mucha más gente. El cuarteto de Toronto se dejó las tripas para hacer bailar a los presentes, y únicamente los muertos por dentro se pudieron quedar quietos.

Aunque se les conocen los hits suficientes para realizar un concierto de en torno a una hora incendiario, quedaba por ver la motivación ante una sala semivacía, tras su éxito la noche previa en el Villamanuela de Madrid. Nada se les pudo reprochar, hasta la última gota de sudor al ritmo de jitazos pasados y presentes que, incluso para aquellos que nos dejamos seducir por la electrónica en contadas ocasiones, terminaron convirtiéndose en una fiesta incontestable.

Para cuando sonó ‘Red Lights’, ya se habían quedado en la puerta las vergüenzas aquellas de poder estar bailando descoordinadamente cuando todo el mundo te ve (cuando la sala está llena es muy fácil, capullos, echadle narices cuando en medio de la pista sois cuatro gatos), y, cerca ya del final, ‘Lovely Allen’ satisfizo las pocas exigencias que nos quedaban a algunos, más pendientes de que nuestro ritmo cardíaco no se nos fuese de mano que de otra cosa. El concierto concebido como fiesta. Eso fue.

**Fotos: David Tombilla

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