Hay gente que no tiene más que susurrar unas palabras para enamorarnos


La última en deteriorarse es la memoria a largo plazo. Aquella que te permite recordar cuando tu abuelo te había castigado a los ocho años por cualquier cosa que, en realidad, había hecho tu primo, mientras ya no consigues vivir sin pañal o decirle al de al lado lo que has comido hace una hora. Tanto es así que, para intentar aminorar la sintomatología depresiva que a menudo acompaña a las demencias, hay quien utiliza canciones típicas de la infancia de la persona para intentar evocarle recuerdos agradables. Esa extraña confortabilidad de la nostalgia.

El día que mi memoria empiece a fallar, y todos mis antecedentes familiares invitan a pensar en que así será antes o después, una de las voces que me devolverá necesariamente a tiempos mejores, a la sensación de estar en tu habitación a una edad indeterminada en la que la adolescencia ya ha dejado de darte la lata, será la de Hope Sandoval. No podré ver en ella a mi artista favorita, ni a la que más a menudo he escuchado, ni siquiera a una que me venga a la memoria a las primeras de cambio si alguien me pide que le recomende algún disco chulo. Y, con todo, volviendo a ella cada cierto tiempo, me invade una inequívoca sensación de sosiego por un lado, y de extraordinaria atracción por otro.

Until the Hunter: de nuevo en casa

Y todo eso, tras una larga temporada en la que la voz de Sandoval estaba en mi vida mucho más presente por la vuelta de Mazzy Star, ese clásico imprescindible, que por lo que venía haciendo a lo largo de los últimos años en su proyecto con Colm Ó Cíosóig, de My Bloody Valentine, Hope Sandoval and the Warm Inventions. Pero, un par de meses después de su lanzamiento, he afrontado la escucha de Until the Hunter (Tendril Tales, 2016), la última referencia de estudio del dúo.

Y esa sensación de volver a mi habitación y a las horas gastadas mirando a las paredes sin objetivo claro, al despertar del deseo sexual mientras escuchaba la voz de la californiana, a entender que hay corazones que sangran mientras cantan… ha vuelto. Until the Hunter no es un disco sobresaliente, pero sí uno en el que se reúnen esos componentes de country y alternative rock en los que tan bien navega la voz de Hope Sandoval. Como si ella y el pedal steel fuesen concebidos para formar una pareja exclusiva, sin que nadie pudiese meterse en medio y osar mancillarla.

Bueno… lo cierto es que en Until the Hunter se mete en medio de esa sólida pareja la presencia de Kurt Vile. Y, joder, sí. ‘Let Me Get There’ funciona de maravilla como single de adelanto, a pesar de sus siete minutos y medio, que aquí no estamos para ponérselo fácil a las radios. Ese juego de voces, esa cadencia como invitándote a ir despertando de un largo sueño poco a poco. Volver a casa.

Antes, Hope Sandoval and the Warm Inventions exploran terrenos mucho más asperos, como en la inicial ‘Into the Trees’, en la que la mano de Cíosóig se vuelve acero y se abraza cual oso el shoegaze también marca de la casa. Tan propios, tan casi intransferibles, como la candidez de ‘The Peasant’ o esa suerte de cantar de juglar que es ‘A Wonderful Seed’, completando un inicio de disco que es, de largo, lo mejor del trabajo.

Existen momentos de duda, o quizás prescindibles dada la generosa extensión del disco (casi una hora), como ‘Day Disguise’ o ‘The Hiking Song’, que en la austeridad naufragan un poco. Pero pequeñas maravillas como ‘Treasure’ o ‘Salt of the Sea’, extraordinariamente sensuales, lo reponen con creces, completanto otra obra realmente notable de quien vive entre lo excelso con normalidad.

7,85/10

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