Los suecos I Break Horses nos ahogaron en una espiral de densa y colorida calma, patrocinada por el dream pop de su debut, Hearts, y alguna que otra querencia por finas capas de shoegaze. Sin ser la panacea, ni un amago fallido de Cocteau Twins, era un bonito y resultón disco. Con algún tema espléndido, por cierto. Ahora, tres años después, de nuevo bajo Bella Union, llega su segundo larga duración, Chiaroscuro, un álbum en el que han decidido abrir su sonido hacia otros derroteros, con un resultado que puede parecer aceptable, pero que sin embargo no es tan efectista como su predecesor.

Eliminar el shoegaze y manidos sintetizadores

Seguramente si hiciésemos una encuesta a quienes gustó su debut (yo entre ellos), pocos esperarían el giro inesperado que han dado tan pronto, en el segundo disco. Parece que los suecos siguen perfilando cuál ha de ser su sonido, y esta apertura hacia terrenos más electrónicos desde luego resulta chocante, con alguna revolución más de la esperada. Si bien es cierto que en Hearts el dúo aún era un buen parroquiano de un shoegaze suave, a lo Tamaryn, sin obviar sintetizadores, en Chiaroscuro han decidido meter una marcha y mayor pulsión en su música.

Ya el nombre del disco, Chiaroscuro, da una pista sobre lo que hay en su interior, un ensamblaje más oscuro, pero aún con recursos cristalinos eliminando de raíz la bruma del shoegaze, otorgándole mayor peso a los teclados. Esta nueva ecuación da como solución un totum revolutum en el que el grupo tampoco se decide claramente por las nuevas vertientes incluidas, pero sin embargo sí se desmarca de la ambientación más suave que hegemonizaba su primer disco. Aquí excepto el shoegaze, siguen estando presentes todos los elementos que gustaron en el debut, solo que en menores dosis. Así pues, se trata de dirimir qué aportan esas nuevas incursiones y qué se pierde con respecto al debut.

En líneas generales, a pesar de que los dos avances parecían avanzar que habían cambiado totalmente su discurso, simplemente han configurado un trabajo más aperturista. Eso lleva a que aguanta bien por la parte más colorida que ya conocíamos, pero erran al abusar tanto de bases de sintetizadores simplones, perdiendo gancho. Caen en esquemas manidos que apenas existían en su música de hace tres años. En cambio, con el planteamiento oscuro, el cambio podrá gustar más o menos, pero está más conseguido, pues no fuerzan y siguen manteniendo rasgos distintivos. Por lo tanto, tenemos otras nueve canciones en las que los amantes del debut puede que sigan acomodándose, pero en menor medida. Quizá esa falta de vertebración en el conjunto del hace que no sea tan efectivo como su hermano mayor.

En tierra de nadie

Chiaroscuro empieza interesante, con un toque melancólico (‘You Born’), para después virar a un terreno más enérgico y sintético como lo es ‘Faith’ — lo mejor del disco — , que a pesar de parecer Goldfrapp en los primeros instantes, es simplemente la nueva careta de I Break Horses, más influenciada por el synth pop, incluso mirando a recursos ochenteros sin tapujos, como es el caso de ‘Ascension’ o ‘Weigh True Words’. El principal problema que se le encuentra al disco es precisamente ese acercamiento synth, que u ofrece nuevas variantes y se combina con otros parámetros, o acaba aburriendo. Aunque ‘Denial’ tenga facilones y efectistas recursos luminosos, acaba cansando en pocas escuchas. Es ese pastiche empalagoso que podría funcionar como banda sonora de Drive, pero que falla para escuchar junto con el resto de canciones. Lo que antes era un camino más delicado y embriagador, ahora es farragoso y plomizo.

Han decidido pasarse a la lista de comunes, apelando a los sintetizadores que en muchas ocasiones resultan francamente cansinos, y muy a nuestro pesar han perdido por el camino la percusión, la calidez en su propuesta, el dream pop; el motor de temas espléndidos como Hearts o Wired. No obstante, este cambio también trae aspectos que son positivos e interesantes. Esa faceta nueva, no excesivamente opresiva, sin forzar, plantea nuevas metas que no suenan nada mal en ‘Bareceuse’. Aunque habrán de mejorar, pues el resultado con ‘Medicine Brush’ está más forzado. Demasiada saturación de efectos.

En estos cortes reformulan su esquema sin obviar su pasado ensoñador, lo cual es un buen término medio. Pero ese arrebato de synth pop empalagoso es francamente agotador. Da la impresión de que han quedado a mitad de camino en su transformación, como si este fuese un disco de transición. Les falta por explotar la faceta oscura y de momento se han anclado en un terreno de lánguido synth que agota. Ante este camino emprendido alejándose de las claves que dieron éxito a su debut, han quedado en tierra de nadie, con un disco que discurre sin pena ni gloria y que si no fuera por ‘Faith’, no tendría jitazo alguno.

5.8/10

Con Chiaroscuro, I Break Horses han dado carpetazo a los elementos culpables de la buena recepción de su debut. Sin finas capas de shoegaze que combinar con el dream pop, este queda a la merced de previsibles ritmos de sintetizador que tienen demasiado protagonismo. Lo cual no está mal, pero si es para hacer algo demasiado escuchado, mejor replanteárselo. Sin embargo, en ese viraje más oscuro, es decir, alejando casi por completo su percepción del dream pop, el dúo sale ganando, pero son pasajes minoritarios dentro del disco. En resumen, un trabajo que da volantazos estilísticos y que no se decide por una de las trayectorias. Quizá jugársela toda a ese lado más siniestro o recuperar el dream pop hubiera dado un resultado más aceptable.

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