“Iggy and the Stooges — Ready to Die” src=”http://img.hipersonica.com/2013/05/iggy-and-the-stooges-ready-to-die.jpg" class=”centro” />

Querido lector de Hipersónica que valoras tu tiempo: tranquilo, esta reseña está hecha pensando en ti. Si has entrado aquí, es probablemente porque eres más o menos fan de Iggy and The Stooges (en sus diversas denominaciones) y probablemente sólo quieres saber una cosa: ¿es Ready to Die igual de malo que The Weirdness? Bien, pues aquí tienes la respuesta: SÍ. Punto. Es más, no hace falta ni que hagas scroll down para ver la nota que le he dado: es un tres. Venga, ya está, utiliza tu tiempo en algo mejor: en esta misma página estos días, por ejemplo, Cronopio os ha contado la historia del rock andaluz, Black Gallego ha seguido con su particular enciclopedia del metal y Gabihey le ha dado cancha a Daughter, uno de los hypes del momento. Puedes leer alguno de esos artículos, u otros. O coger un libro. O salir a dar una vuelta. Puedes hacer muchas otras cosas.

Si, pese a todo, aún sigues aquí, sea por curiosidad morbosa o por indignación fanática en defensa de lo que tú consideras “un digno retorno” o algún tópico por el estilo, aquí te dejo diez motivos por los cuales debes escapar de este disco como si te fuera en ello la vida. Todo bien resumidito porque, repito, seguro que tienes cosas mejores que hacer con tu tiempo. Yo lo he perdido escuchando este disco, pero no hace falta que tú lo hagas también:

Ready to Die: motivos para huir

1. Es un disco todavía más innecesario. “Recuperan el nombre de Iggy and The Stooges”, dice la nota de prensa, casi como con orgullo. Pues bien, si su regreso de 2007 ya era prescindible, este re-retorno tras la muerte de Ron Asheton recuperando la denominación del grupo en la época Raw Power ya se puede considerar ensañamiento. ¿Sacia las ganas de nuevo material de los fans de la banda? No. ¿Va a conseguirles algún nuevo seguidor? Por supuesto que no. ¿Va a lograr unas ventas destacables? Es más que dudoso. Así pues, teniendo en cuenta que Iggy no necesita excusas para salir de gira y llenar recintos, cabe preguntarse para qué este Ready to Die, cuál era la necesidad.

2. No mejora a The Weirdness. Lo dicho. El regreso de la banda fue unánimemente masacrado hace seis años, así que lo mínimo que cabría esperar sería que al menos este disco lo mejorase. Y no es así. Comparado con cualquiera de las tres primeras referencias de estos tipos, parece simplemente un disco subcontratado.

3. No tiene ni un hit. Asumiendo como casi todos habíamos asumido que probablemente este nuevo trabajo sería tirando a horrible, facturar al menos un single resultón podría redimirlos en parte, pero tampoco es el caso. Busca todo el tiempo que quieras una canción que te apetezca volver a escuchar al terminar: no la encontrarás: el tracklist está lleno de canciones intercambiables, prescindibles, increíblemente fáciles de confundir unas con otras.

4. La voz es para los mariquitas. En términos de virtuosismo vocal, Iggy nunca ha sido Eddie Vedder ni nadie se lo ha pedido, entre otras cosas porque tampoco hacía falta. Pero el estado de las cuerdas vocales de este caballero de 66 años parece peor que nunca y cuando las canciones son malas y uno no tiene otra cosa que hacer que ponerse a sacarles defectos, se nota más. Y, por descontado, intentar disfrazarlo con esos truquitos de producción que ya nos sabemos de memoria desde luego no cuela.

5. Los coritos.Gun’ suena como una canción marchosilla de un disco en solitario de Paul McCartney. Y por si había alguna duda, ahí están esos coros femeninos que aparecen no sólo en ese corte, sino por todo el disco y a traición. Los coros. Los coritos.

6. La verbena.Sex and Money’ es de récord, oigan: a los diez segundos ya ha metido un saxo de saldo, unas palmitas y un ‘uh-uh-uh’. Y ojo a la muy sutil ‘DDs’, que suena como un par de ex miembros de la E Street Band contratados por un cuñado para tocar en un bodorrio. Es el sentimiento que recorre el disco: verbena rockera y decadente.

7. La pitopausia. Iggy, no das miedo, no impresionas, no cuelas como malote. Ya no. Y joder, meter fanfarronadas del palo “estoy listo para morir”, “si tuviera una puta pistola, dispararía a todo el mundo” o letras sobre tetas y cosas por el estilo no van a cambiar eso. A lo mejor va siendo hora de aceptarlo.

8. Las lentas. ¿Alguien tiene algún interés en escuchar “las lentas” de los Stooges? ¿Alguien las ha echado de menos alguna vez en su repertorio? ¿A alguien le importan lo más mínimo? Pues ellos han decidido que sí: nada menos que tres baladas han metido, con Iggy en el papel de crooner de voz cavernosa que no parece asumir que NADIE ha escuchado sus últimos discos en solitario.

9. El viejunismo. El bonus track ‘Dying Breed’ suena como cuando yo toco una de la Creedence en el Guitar Hero, y no es casualidad: Ready to Die es un disco que hace un ruidito cada vez que se sienta, debatiéndose entre la autoparodia y el cuándo se cena aquí. Rock con artritis y vista cansada.

“3,00” src=”http://img.hipersonica.com/2013/05/3,00.jpg" class=”derecha” />10. El final. Qué tristísimo epílogo esa infumable ‘The Departed’, que se pretende algo así como un intento de cerrar el círculo con ese exorcismo del riff de ‘I Wanna Be Your Dog’ y al final sólo te deja con ganas de gritarles que dejen en paz al cadáver (al de Asheton y al del propio grupo). ‘The Departed’ te ofrece, eso sí, por fin una hipótesis válida sobre el por qué de este disco por el que nos preguntábamos antes: parece que, después de ausentarse en The Weirdness, James Williamson también quería hacer su disco de mierda de los Stooges. Pues si es así, misión cumplida, Jimmy, lo has conseguido. Ahora, todos, un pis y a dormir.

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