Imagine Dragons — Smoke + Mirrors

Ya lo decía el nombre de la banda. Con los de Las Vegas había que tirar de imaginación para hacerse imágenes mentales a lo grande. Su ‘Radioactive’ lo ponía bien clarito además: nueve millones de copias de un single que, según dicen es el sencillo más vendido de la historia del rock desde que cambiamos el chip de lo físico por lo digital.

Y por supuesto, con Smoke + Mirrors, Imagine Dragons no se apean de sus dragones, no. Más bien al contrario. Si épica puede ser cualquier película o historia que tenga a los seres escupefuego en plantilla, imaginaos la música de una banda con este nombre.

Todos tratan de encasillar a los americanos en la etiqueta del rock, o del rock mainstream, pero tras la escucha de este segundo trabajo, lo justo sería pensar más bien en power pop que en otra cosa. Dan Reynolds y sus chicos han debido comprar la batidora más grande a su alcance y en ella han metido casi de todo lo que se podía escoger en el mainstream hoy día.

Imagine Dragons: ¿los Coldplay de Las Vegas?

Nada nuevo bajo el sol en una banda que nacía ya con la ambición de ser la siguiente más coreada en los estadios. Un poco de U2, un poco de Queen, algo de Foster The People, y por supuesto, muy mucho de los que mandan últimamente en esa liga, como Coldplay o Mumford & Sons, sin olvidarse nunca de la autorreferencia, con temas como ‘On Top Of The World’ o el mencionado ‘Radioactive’ siempre presentes. Pop, rock, folk de mercadillo, más pop… Todo bien mezcladito, el resultado se sirve frío, bien frío (que es como te quedas al final) y en grandes vasos de épica y grandilocuencia, de mezclas mal entendidas y de querer abarcar mucho apretando poco y listo: ahí tenemos Smoke + Mirrors.

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Lo que sale de la batidora es un producto espeso, con las ideas poco claras, que lo mismo va para un lado que para otro. De la balada demasiado luminosa al folk animado, pasando por opresivos temas rock con el drama por bandera, pero casi siempre con un marcado pesimismo en las letras.

Smoke + Mirrors: mucho humo y demasiados espejos

Shots’ es el primer disparo del álbum, y despista un poco por ese optimismo que destila para un tema que habla de disculpas, y por esos aires a Capital Cities sin el toque bailable de su ‘Safe And Sound’.

Smoke + Mirrors se convierte en un un ir y venir desde el minuto cero, desde que pasa al segundo corte, ‘Gold’, que quiere ser el ‘Radioactive’ de este segundo trabajo de la banda pero no puede. Drama y tensión para un tema que no termina de llenar, y mucho menos llevará al clímax en los conciertos como lo hace el tema en el que parece inspirarse.

Smoke And Mirrors’ se queda en tierra de nadie, arrastrando una melancolía in crescendo para terminar de explotar hacia el final de su minutaje. Poco memorable, por no decir nada, para cargar con la responsabilidad de dar título al álbum. No así ‘I’m So Sorry’, que gira hacia el rock sin contemplaciones, siempre desde la mirada de una banda tan poco rockera como esta. Guitarras a base de bien, se mezclan con bases electrónicas poco necesarias, y terminan cerrando con un riff de lo más clásico, y todo ello sin poder evitar que la mosca de unos The Black Keys descafeinados se nos aparte de la oreja.

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Con esa misma energía encontramos una ‘Friction’ a la que sobran arreglos electrónicos y aires orientales. De hecho, estos últimos hacen que no pueda quitarme de la cabeza la sensación de que esos ritmos orientales son de segunda mano, ya usados por Mandy Moore en su infame ‘In My Pocket’. Una lástima porque, si no fuera por ese extraño pastiche que no funciona y se hubiera centrado en su cara rock sin más, podría haber sido una de las destacadas del álbum.

Dream’ es prácticamente el único momento en el que parecen asomar unos sentimientos sinceros en todo el listado, pero eso no salva a Imagine Dragons de querer parecer una vez más. ¿Es así como sonarían Coldplay si hubieran nacido en Las Vegas? ¿Es Reynolds el nuevo Chris Martin ante el piano?

I Bet My Life’, que tuvo el honor de ser el primer sencillo del disco, es esa cara folk de Imagine Dragons de la que hablaba antes. Ese querer llevarse parte del pastel que les corresponde a gente como Mumford & Sons o The Lumineers. Un tema alegre y también sobrado de optimismo, que sí que hará las delicias de los fans en directo, pero que tampoco pasará a la historia por su relevancia. Y no llega sólo, porque ‘Trouble’, hacia el final del tracklist es otro tanto. Más pop folk a la americana, con bien de gospel y mucho de la inspiración mormona de la que Reynolds hace gala.

Imitaciones, que no influencias…

Pero el “imitation game” no termina ahí, porque ‘Summer’ encargada de encarar la recta final del disco no puede evitar parecer salida del último trabajo de Foster The People. Toques veraniegos, no podía ser de otra forma, y extra de falsetes, para un tema que sí está bien rematado, pero en el que uno no puede sacudirse la sensación de déjà vu.

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Lo mejor del disco posiblemente sea la socarrona ‘Polaroid’, una canción que se mete poco a poco en tu subconsciente para no salir de él en mucho tiempo. ‘It Comes Back To You’ peca de tener una melodía simple como el mecanismo de un chupete y de ser puro algodón de azúcar, con ritmos sintéticos dignos de cualquier tema del septuagésimo cuarto recopilatorio de Café Del Mar. Y ‘Hopeless Opus’ brilla también con luz propia (siempre dentro del material que tenemos, claro) sobre todo por su riff hacia el final, que bien podría firmar Bryan May, pero que no tiene nada que ver con Queen. De hecho, difícilmente Mercury y los suyos hubieran firmado una canción tan ñoña.

‘The Fall’, encargada de cerrar la edición estándar del disco, también podría salvarse de la quema. Esta balada otoñal viene con toda la melancolía que se le presupone a tal época del año, y sirve para pasar página y esperar al siguiente trabajo, a ver si se aclaran el humo y las ideas.

5.9/10

En resumidas cuentas, poco material para la historia nos presentan Imagine Dragons aquí. Ni del rock, ni del pop… Mucho humo, mucho artificio, mucha mezcla sin criterio y, una vez más, un álbum en el que la banda no sabe dar cohesión al tracklist. Tras mucho ir y venir, por estilos prestados, nos quedamos con la sensación de que dan palos de ciego, que tocan todos los palos por si aciertan con alguno y que los 13 cortes que componen Smoke + Mirrors funcionan mejor por separado y como si fueran de bandas diferentes. Aunque, eso sí, el lleno de estadios lo tienen asegurado una vez más.

Más allá de los dos o tres temas que destacan por encima del resto, lo mejor que nos dejan Imagine Dragons es la posibilidad de despertar el interés por el rock en más de un adolescente con las ideas poco claras. Por el rock de verdad, quiero decir.

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