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In Flames han empezado a trabajar en su nuevo disco: mi top cinco de su época pre chándal

Muchas veces me he planteado la posibilidad de desahogarme con vosotros haciendo un listado de bandas que se han echado a perder por culpa de bandazos estilísticos a causa de un líder en exceso ególatra. Obviamente el paso del tiempo ha permitido que muchas de esas heridas se cierren o esas bandas se hayan acabado tornando en indiferentes para mí. Sin embargo, hay un caso que me parece sangrante en exceso y no porque el cambio haya sido abrupto (de hecho me dieron más de 10 años para asumir la realidad), sino porque el fin del camino ha supuesto una degeneración tal que significa imposible reconocer la banda actual con la que debutó en 1994 con Lunar Strain, tanto en lo sonoro como en cuanto a formación, una vez se confirmó la huída, marcha o expulsión de su último miembro fundador, Jesper Strömblad.

Efectivamente estoy hablando de In Flames y estoy poniendo a caer de un burro a Anders Friden, máximo responsable de un deambular que llevó a una de las bandas que fundaron el sonido Goteborg, y una de las fundamentales para entender el Metal moderno, a abandonar el chándal y adoptar el lapiz de ojos, las sudaderas con capucha y la autoflagelación. Sounds of a Playground Fading parecía el canto de cisne de una banda destinada a pasar al olvido, pero al parecer, In Flames han vuelto recientemente a la actividad y se encuentrar preparando en la continuación de tan nefasta chapa. No hay pistas de momento sobre un posible arrepentimiento o una reafirmación de la vía emprendida, y supongo tendremos que esperar un poco para que Anders Friden decida soltar prenda, ya que está previsto que el disco vea la luz a mediados de 2014.

Como no es mi intención solamente soltar bilis al respecto de la banda sueca, he decidido hacer un alegato en favor de la misma, en favor de cuando realmente eran In Flames y de cuando eran una banda respetada y admirada por todos. Esto supone, ya de inicio, ignorar todo lo referente a la ropa deportiva y a la californización noventera de la banda a pesar de que aún tuviesen momentos reseñables en esa época. Mi alegato tiene forma de chart y su contenido son las, para mí, cinco mejores canciones de la banda sueca en su época prechándal. Vamos a ello.

Moonshield — The Jester’s Race

La apertura del ya mítico The Jester’s Race fue toda una declaración de intenciones. Guitarras acústicas que introducían el riff central del tema, un ritmo vertiginoso y la rasgada voz que acabaría definiendo al Death Metal Melódico, son las constantes de un tema que abre uno de los discos más importantes de la historia del Metal, tanto por su trascendencia como por su contenido. Muchos tachan al Death Melódico de una especie de Heavy Metal con cantantes haciendo guturales en vez de gorgoritos. ‘Moonshield’ debería bastar para callarlos a todos.

Episode 666 — Whoracle

Mi primer tema de In Flames fue éste, una nueva muestra de la brutalidad escondida tras la gran carga melódica que siempre ha poseído el sonido de los suecos. Reconocido como uno de los grandes estribillos de la primera época de la banda, sirve de borche final al tercer álbum de la banda, lanzado en el momento en el que grandes de la escena como Amorphis o Dark Tranquility comenzaban a flaquear intentando recorrer otros parajes. In Flames permanecieron firmes en su terreno.

Scorn — Colony

Asomados ya al precipicio que conformarían realidad y evolución de la banda, In Flames conenzarían a juguetear con electrónica y efectos en Colony, pero manteniendo la esencia Goteborg que hacía las delicias en mi grupo de amigos. Scorn mantenía las guitarras potentes y los punteos agudos y típicamente Folk de discos anteriores, su tempo se había hecho menos frenético a pesar de ser el tema más potente del álbum. Algo estaba por suceder, y visto con perspectiva, aquí podemos encontrar las causas.

Zombie Inc. — Colony

Y aunque el porqué de todo lo que os contaba al principio se encontraba en Colony, no puedo negar que fue un álbum que disfruté muchísimo en su momento y del que aún me declaro seguidor sin enrojecerme. De nuevo con presencia electrónica en forma de teclados y efectos, aunque sin adquirir protagonismos futuros, In Flames jugarían por primera vez con el progresivo, y lo harían deconstruyendo un riff de forma magistral en uno de los interludios más afinados de su discografía, post y pre-chándal.

Satellites and Astronauts — Clayman

Finalmente el pastel se descubriría con Clayman, disco en el que definitivamente Anders Friden tomaría el mando empezando a alterar de forma grave las constantes de aquello que había dado a In Flames a conocer. Dejando solamente para los estribillos las voces más graves y rasgadas, y susurrando casi en el resto del metraje, Anders tenía preparado el producto y la factura, siendo el álbum con el que abrieron este siglo el principal ensayo. A pesar de todo, y como sucede en el caso anterior, Clayman sigue siendo un buen álbum, interesante sobre todo en el momento en el que los suecos seguían la senda anunciada en ‘Zombie Inc’ y se alejaban de los sonrojantes estribillos.

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