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In Solitude — Sister

Pocas, muy pocas veces el nombre de la banda y la portada de su nuevo disco es tan explicativa, y a la vez todo lo contrario, como sucede en el caso de la tercera entrega de los suecos In Solitude. Con un negro ceremocial que enmarca un rostro de disimulado porte cadavérico, Sister se da a conocer ante los ojos del incauto como un álbum en el que las apariencias engañan al malpensado, ya que lo que encierra en sus ocho canciones dista mucho de las corrientes extremas que puedan acudir a la mente del transeunte.

Y a pesar de todo la oscuridad que supura la impronta de la placa ni se disimula ni se retrae, simplemente se muestra desde un punto de vista mucho más sutil y barroco, alejado de la crudeza y rotundidad que nos tienen acostumbrados el resto de bandas nórdicas. Ya durante su corta carrera In Solitude han ido afilando armas a fin de ser más sutiles en el tratamiento de la oscuridad, y su tercer ejercicio es una continuación lógica de dicho camino, dejando atrás referencias como Mercyful Fate y aproximándose a otras más propias del Heavy Metal de corte más clásico mientras se dejan impregnar de matices de una década a la que veneran, los ochenta.

De las raíces del Metal a las del Rock Gótico

Porque In Solitude tenían claro que la fórmula que habían venido utilizando hasta el momento, claramente deudora de la brillante NWOBHM, ya se había agotado y había llegado el momento de alterar en parte la apuesta a fin de no ser acusados de seguidismo con su tercer lanzamiento, el cual ya sabemos suele ser el definitorio en la carrera de una banda.

La vía elegida ha sido labrar un camino no totalmente propio pero sí mucho más personal que en los dos anteriores lanzamientos. Los ochenta siguen siendo referencia para los suecos pero en esta ocasión han decidido viajar una década más atrás en busca de las raíces del Metal y la música de corte ocultista impregnándose del espíritu destilado por los primeros Black Sabbath, utilizando el espíritu de Master of Reality (claro el homenaje a este disco en el nombre de la banda) como esqueleto, armazón sobre el que acomodar elementos que indefectiblemente nos recuerdan a las huestes de Peter Murphy, Bauhaus, o a los posteriores Sisters of Mercy, siendo ambas bandas abanderadas de la primera y segunda ola del Rock Gótico.

La combinación, tan natural que sorprende no haya sido ejecutada por miles de grupos hasta el momento, sienta como un guante a una banda como In Solitude, demostrando los suecos encontrarse en su salsa en este híbrido que se apoya en la rudeza de las guitarras de Tommy Iommi, en la ceremoniosidad vocal de Andrew Eldritch y en la gloriosa y lóbrega pluma de Matthew Lewis o nuestro Gustavo Adolfo Bécquer.

Ceremoniosa oscuridad

Y claro, para llevar a buen puerto esta tercera apuesta el salto a nivel compositivo y técnico ha sido bastante grande pues los márgenes entre los que se mueven In Solitude han crecido, se han expandido para abrazar las tendencias anteriormente descritas. Prueba de ello es la riqueza esquemática mostrada en la totalidad del álbum, jugando los temas a recoger más cantidad de sensaciones y desvelos que en las dos anteriores ocasiones y sirviéndose para ello de saltos de equilibrista entre géneros y logrando que riffs monolíticos y punteos ambientales se combinen con maestría.

Casi a contrapie comienza Sister con la oscura y arrebatadora ‘He Comes’, tema que ya se enfrenta claramente al legado anterior del álbum, el cual saca la cabeza en la trepidante ‘Death Knows Where’ a fin de dejarnos en brazos de ‘A Buried Sun’, tema que se convierte en la piedra angular del disco por el helador punteo del inicio, la quebradiza y gótica voz de Hornper y un épico desarrollo que es tan quejumbroso como exhumar cadáveres en la noche del 31 de Octubre. Glorioso es poco.

‘Palid Hands’ mantiene el ímpetu del eslabón perdido entre el Post-Punk y el Rock Gótico mientras ‘Lavender’, ‘Sister’ y ‘Horses ont he Ground’ nos devuelven a un Metal clásico más prototípico en el que destaca el riff en el que se enmarca el no estribillo del tema homónimo.

Cierra el álbum ‘Inmost Nigredo’ un tema a medio camino entre las dos vertientes mostradas por la banda sirviéndose de la interpretación gótica del Doom realizada por My Dying Bride y de la mortuoria emanante de los riffs de Tommy Iommi. Menos inspirado que los épicos “A Buried Sun’ o ‘Sister’ cumple su función de epílogo englobando los paisajes recorridos en el seno del disco.

8/10

Tan amargo y placentero como un expreso a las cinco de la mañana, Sister debe aupar a In Solitude a la primera división del Metal europeo. No inventan nada pero lo combinan todo con maestría dejando en paños menores a bandas ‘reconocidas’ como los sobrevalorados Ghost. No soy muy amigo de los años ochenta, pero volver a su vertiente gótica es algo que siempre me apetece. Bauhaus, The Mission y Sisters of Mercy. Ojalá pueda sumar a In Solitude a esa lista si confirman lo apuntado en su próximo disco.

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