Nada lamenté más a principios de este año que mi tardanza en escuchar el primer disco de Iñigo Ugarteburu. Cuando lo hice era demasiado tarde como para hablar aquí de él, aunque esto sea una excusa taimada, o para incluirlo en mi listado de discos favoritos del año. La horrorosa tiranía de la actualidad, aun adoptada sin entusiasmo, provocó que Back & Forth (2012, Foehn), un maravilloso ejercicio de Folk, quedara meramente rememorado en una ignota lista de Spotify. Desde entonces he pensado más en él de lo que lo he escuchado. Cuando el pasado octubre Ugarteburu anunció la publicación de su segundo trabajo, For The Unknown (2013, Foehn), regresé a ‘&’, la primera canción de Back & Forth, y volví a sentirme enormemente desdichado y afortunado, todo al mismo tiempo. Desdichado por no pasar las horas suficientes de su vera. Afortunado por haber llegado a ella.

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En ‘&’ había arreglos exquisitos, orquestales, paisajes del norte, joyas perdidas, abrigos oscuros y borrascas de aún más al norte. Colores grises que se mezclaban con una melancolía sempiterna presente a lo largo de Back & Forth. Iñigo Ugarteburu no es el clásico compositor Folk cuyas canciones se miren en los referentes más canónicos del género — Dylan, Cohen — . Su música acude a terrenos mucho menos obvios donde lo relevante es la elegancia al servicio de la emoción. Esta misma frase, que ya sirvió en su día para describir el fabuloso disco de Coma Cinema, Posthumous Release, alcanza su sentido pleno frente al universo artístico de Ugarteburu. Nick Drake, Fairport Convention, los nombres a los que se ha asociado el sonido de Ugarteburu cuadran más dentro de la cultura popular y el folclore, al que el arista vasco también acude, que en otros contextos.

Back & Forth: paisajes, ambientes, evocaciones

No hay más Pop que Folk aquí. Back & Forth no era un disco de amplio rango sino de paladares exquisitos: demasiado intrincado, demasiado instrumental, Ugarteburu no se mostraba muy interesado en narrativas pop al uso, sino en paisajes, ambientes y evocaciones. ‘Valentina’ se alargaba hasta los siete minutos largos y ‘Aereban’ incluía susurros en euskera: nada en Back & Forth estaba pensado para estallar al instante, sino para saborear poco a poco, en una constante recreación del detalle, de cada arreglo y suspiro. No cuesta imaginar a Ugarteburu como un artista preocupado por cada nimio segundo de producción musical, perfeccionando todos los recovecos de sus canciones. El aire orquestal de muchas de ellas — ‘Zalantzaren Dantza’, por ejemplo — alcanza tal grado de inspiración imperecedera gracias a una ejecución técnica intachable.

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Un año más tarde la tonada de funeral bufo que por momentos impulsaba el espíritu de Back & Forth se ha transformado en un Folk más oscuro e introspectivo, donde Ugarteburu opta por ponerse al frente del micrófono con mucha más frecuencia. For The Unknown es un disco más ortodoxo, podríamos decir, dentro del Folk y de la canción de autor. La rica instrumentación no ha desaparecido, en cualquier caso. Ugarteburu contó con una quincena de músicos de estudio y tres técnicos de sonido para la grabación de su primer disco, a mitad de camino entre Inglaterra y España — reside en Londres — . Tal virtud, porque en Back & Forth tal circunstancia torna en tal, sobrevive en For The Unknown: grabado en Chicago, como él explica en esta entrevista publicada por Concepto Radio, otra decena de músicos de la ciudad, relacionados con el Jazz, participaron en su creación.

For The Unkown: desnudas las canciones

El pulso Jazz vertebra For The Unkown: no sólo en la deliciosa batería que sostiene ‘Miradas’, sino también en el trombón de ‘Dicen’, tan urbano en contraposición a los paisajes rurales de Back & Forth. Aquí Ugarteburu deja de lado la rica ornamentación de su anterior trabajo y prefiere desnudar sus canciones: donde antes existían relatos corales donde las canciones parecían impulsadas por el ímpetu de un grupo ahora la presencia de Ugarteburu es mucho mayor. For The Unkown parecen mucho más que antes sus canciones, y no las de un cúmulo de excelsos músicos revisitando y redescubriendo el cancionero popular. Esto, en cierta medida, ha vaciado sus canciones: si no conectas con el universo de Ugarteburu este te podría resultar un disco aburrido. Hay menos resquicios de originalidad y de atracción en For The Unkown de los que había en Back & Forth.

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Además, Ugarteburu se marcha a terrenos peligrosos: no sólo el Jazz, que cuadra con bastante maestría con su discurso artístico, sino también el Folk Progresivo. Ninguna de las canciones de For The Unkown duran menos de seis minutos, y sólo ‘Tomodachi’ se va por debajo de los siete. Iñigo Ugarteburu ha estirado sus canciones al mismo tiempo que difuminaba la trama orquestal. La jugada es interesante pero, personalmente, la juzgo menos atractiva que la mostrada en Back & Forth. Y pese a estos leves dejes, For The Unkown sigue siendo un disco excitante y fantasioso: el ¡cuarto de hora! de ‘Homing’ asusta por sus cambios de ritmo, su serpentear tranquilo y la coartada Jazz que inunda sus poros, pero ni siquiera de fondo pasa desapercibido. Es vivaz y es redentora, está tocada con maestría y es sensacional pese a que, en otras manos, podría haber sido un desastre. Es la esencia de For The Unkown y de un trabajo soberbio. Tanto que se hace corto: ojalá otro disco cuanto antes.

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