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Iron Maiden — The Final Frontier: el que tuvo, retuvo

Dice la teoría económica que riesgo y benefico son directamente proporcionales, y de esta forma el que más alto apuesta es el que más rentabilidad puede llegar a obtener. Este principio puede aplicarse a muchos otros aspectos de la vida, incluida la música, y si nos fijamos en el caso de Iron Maiden vemos que, especialmente desde la segunda venida de Bruce Dickinson, la banda ha optado por una actitud de lo más conservadora: reducir al máximo la apuesta para garantizar unos beneficios mínimos.

Es un principio que otros muchos mitos del rock duro han seguido durante los años (Motörhead por ejemplo lo llevan al extremo, con discos clónicos, que siempre funcionan pero ya nunca entusiasman), y en el que los británicos encabezados por Steve Harris demuestran sentirse más cómodos que nunca con The Final Frontier. Y es que seamos sinceros, nadie quiere que a estas alturas de la vida la Doncella se ponga a hacer experimentos con gaseosa como el fallido Nostradamus de Judas Priest; nos basta con que se marquen unas cuantas buenas canciones que sirvan de excusa para volver a verlos en directo (esta noche en Valencia, y allí estaremos).

Y más aún cuando algunos miembros de la banda han dado a entender que éste podría ser el último álbum de los legendarios metaleros británicos, algo que su título y algunas letras parecen corroborar. Posteriores declaraciones han señalado que podría haber un decimosexto elepé más adelante, pero creo que nadie se sorprendería si éste fuera el canto de cisne de Iron Maiden. De ser así, nos encontraríamos ante una despedida bastante acertada, pues se trata de lo mejor que les hemos escuchado desde Brave New World.

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Ningún fan en su sano juicio esperaría en la segunda década del siglo XXI un álbum mayúsculo de la banda, digamos un nuevo Powerslave, porque es obvio que ese tiempo ya pasó y no va a volver. Lo que hemos encontrado en su lugar durante los últimos años ha sido elepés encabezados por dos o tres canciones muy buenas, ideales para unirse de forma fija a los setlist de sus conciertos, y una serie de temas menores para completar. En esencia podríamos decir que The Final Frontier cumple ese mismo esquema, pero con la salvedad de que en esta ocasión los temas menores han subido bastante en su calidad media.

Así pues, el decimoquinto esfuerzo de estudio del incombustible sexteto se revela en conjunto como mucho más consistente y entero que sus dos inmediatos predecesores, siendo más fácil disfrutarlo de principio a fin sin desconectar de vez en cuando. No todo el monte es orégano, las cosas como son, y en algunos cortes como ‘The Talisman’ o ‘Isle of Avalon’ es fácil sentir un poco de pereza, pero como ya digo son minorías dentro de un álbum dominado por composiciones de mucho gancho y buenas dosis de épica.

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A pesar de sorpresas como las que nos deparan los cuatro primeros minutos del disco (espectaculares, en cualquier caso), la nota dominante es la del sonido Maiden en su más pura esencia, con los clásicos riffs que nunca defraudan, un bajo que para seguir con la costumbre se oye con bastante claridad, un McBrain cumplidor pero menos llamativo de lo habitual en la batería, y un Dickinson por el que parece que no pasan los años. Éste último deja su sello compositivo con bastante fuerza en algunos temas señalados, aunque una vez más los créditos quedan copados principalmente por la pareja Harris y Smith.

Se alarga un poco también la duración media de los temas, con sólo uno bajando de los cinco minutos de longitud, y un gran cierre que supera los once minutos con ‘When the Wild Wind Blows’. Encontramos por tanto una gran apuesta por las melodías y las construcciones más complejas, pero sin caer nunca en excesos ni dejar de sonar a ellos mismo. Y es que como he dicho antes ya no es tiempo de arriesgar para ellos, sino de aprovechar lo que ya se tiene en cartera e intentar hacer el mejor papel posible.

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7/10

No sabemos si será el último disco de la banda insignia del heavy metal o un nuevo paso en su carrera, pero al menos podemos decir que se trata de su trabajo más sólido y efectivo en años. Sigue habiendo una fractura evidente entre los temas principales y los que sirven de acompañamiento, pero ésta es menor que en ocasiones precedentes, y en consecuencia el disco se disfruta más de principio a fin. No será el disco de metal del año, pues hace tiempo que dejaron de aspirar a conseguir algo así, pero ya quisieran muchos poder seguir funcionando con esta dignidad después de varias décadas de carrera a sus espaldas. Nos vemos esta noche en Valencia.

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