Sentimientos encontrados, y pensamientos también, al respecto de dos artículos que han corrido como la pólvora en mi TL en las dos redes sociales que frecuento. El primero un análisis realizado por torrentfreak.com y el segundo un comentario de Enrique Dans, versando ambos sobre, y destacando con sorpresa, la utilización que una banda aparentemente alejada de las nuevas tecnologías como Iron Maiden ha hecho sobre los datos que emanan de la utilización de redes p2p.

Vayamos por partes. Al parecer, Iron Maiden, siendo conscientes de la importancia que han adquirido las redes de intercambio de archivos, encarga a Musicmetric un estudio estadístico a fin de conocer las áreas del planeta donde más se descargan canciones, vídeos o demás contenido con copyright que les pertenece. El objetivo, evaluar de una forma más clara qué zonas del planeta aún les quedan por explotar, conocer hacia dónde deberían dirigir sus giras de cara a obtener un sold out asegurado.

Efectivamente esto puede parecer, sobre todo gracias al revuelo montado al respecto, una estrategia ganadora de cara a, por un lado, acercar a la propia banda a su público potencial al no rasgarse las vestiduras por una práctica ante la que nada pueden hacer (la piratería), y por otro, encontrar nichos de seguidores dispuestos a dejarse un pastizal por asistir a sus conciertos y comprar todo el merchandising posible. En ambos puntos el objetivo parece logrado y la premisa se torna de samaritano, al menos en apariencia, y si no entramos a analizar el asunto desde una perspectiva musical y de la historia no ya solo de la banda sino de la música popular y las grandes giras.

Como sabéis, miles de bandas se rasgan, o se han rasgado las vestiduras, en las dos últimas décadas ante la pespectiva de que el público pueda descargarse sus canciones y hoy no es el momento de entrar a analizar por qué lo hacen o movidos por quién. Que Iron Maiden haga público que no consideran un enemigo al seguidor que descarga y anuncien que el análisis de las descargas pueden constituir una información fundamental de cara a elaborar estrategias de marketing (que al fin y al cabo es lo que es esto), parece un grandísimo avance y creo debemos alegrarnos por ello al ser la inglesa la primera banda de su generación que parece pueda tomar un camino en la dirección que se insinúa.

Eso sí, que no nos vendan la moto pues el estudio realizado por Musicmetric y el análisis de las descargas, en este caso, no hacen sino corroborar una evidencia. Mientras que en Europa y Estados Unidos, hablando soezmente, tenemos ‘el culo pelao’ de ver a bandas de la talla de Iron Maiden, Metallica o AC/DC cada año en nuestro territorio, en América Latina y Asia más del 95% de los seguidores de cualquiera de los dinosaurios del Rock aún no ha tenido oportunidad de verles, lo cual provoca, evidentemente, que un concierto de cualquiera de estas bandas en las zonas otrora abandonadas suponga un sold out asegurado, pongan el precio que pongan.

Da la casualidad, permitidme la ironía, que son precisamente las zonas donde la ausencia de Iron Maiden y demás bandas más se ha prolongado los lugares donde más se descarga el material protegido de estos grupos. Pero esto no tiene nada que ver con la providencia, sino que está enteramente relacionado con imposibilidades tecnológicas (reciente expansión de la red de internet de alta velocidad) o comerciales (encontrar las discografías de Iron Maiden o Metallica en Colombia es muy complicado) y con un ‘bajo’ conocimiento del público latino o asiático de las nuevas tendencias, lo cual implica que los dinosaurios calen mejor que las jóvenes realidades.

Por tanto, muy bien por la banda de Bruce Dickinson por su inteligente jugada al convertir la evidencia en la piedra filosofal. Aquí también nos alegramos del paso adelante que supone la no criminalización del seguidor que descarga, pero sabiendo como sabemos que la entrada a un concierto de Iron Maiden o Metallica puede constar el doble en América Latina de lo que costaría en España o Estados Unidos, la apuesta por estas zonas no significa solo una forma de contentar a fans descontentos, sino una forma de supervivencia en la opulencia para bandas que no sobrevivirían en la actualidad con fórmulas ‘do it yourself’. Que no nos vendan la moto.

Actualizado: Para más inri, sabemos ahora que esta historia ha sido en gran medida prefabricada.

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