Iron & Wine, el proyecto unipersonal de Samuel Beam, es posiblemente uno de los grupos más apreciados por la crítica de manera más unánime desde su debut en 2002 con The Creek Drank the Cradle — y que tenía uno de los artworks con más encanto de los últimos años. En su tracklist encontrábamos pequeñas perlas como ‘Lion’s Mane’, perfecto representante del estilo folk que iba a teñir coherentemente la gran parte de su carrera en años posteriores.

Tras casi una década de carrera aplaudida y con un colectivo fiel conseguido a base de sus composiciones delicadas y su estilo íntimo, acústico y carente de la pretenciosidad de la que a veces pecan algunos artistas de indie-folk. Precisamente esta aparente simplicidad fundamentada en una habilidad e instinto descomunales a la hora de componer es uno de los rasgos más apreciables de cualquiera de sus discos. Sin embargo, en su nuevo álbum, Kiss Each Other Clean, sin abandonar por completo las raíces de su estilo, ha camuflado sus mejores virtudes bajo una instrumentación densa y poco orgánica en algunas ocasiones.

Fantástico acercamiento al jazz

La evolución es posible. Es posible acercarse a otros estilos anexos al que se ha practicado y ha definido toda una carrera y buscar puntos de unión que hagan razonable y coherente esta evolución. El proceso de Iron & Wine en Kiss Each Other Clean es una muestra de que el camino no es necesariamente forzado o pretendido, sino una desembocadura inevitable tras años de exploración.

De este modo se aproxima a estilos más cercanos al jazz o al blues, pero cada paso que da en esta dirección lo aleja de ese folk pausado y brillante de años anteriores. Un buen ejemplo en este sentido es ‘Me And Lazarus‘, que podéis ver aquí interpretada en directo.

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Quizá el mejor exponente de que esta evolución hacia un sonido menos puro y que admite más interacción con otros estilos es el cierre del disco, ‘Your Fake Name Is Good Enough For Me‘, una pieza de siete minutos en el que todo parecido con el anterior Sam Beam es pura coincidencia, salvo por esa magnífica voz que posee y que mezcla con este pequeño homenaje al rock de los años setenta. Para mí, el mejor corte del disco, la mejor condensación de que es posible partir de un lugar y llegar a otro completamente cambiado, y aún así conservar la esencia y el talento.

https://www.youtube.com/embed/TTbZRad-wuM

The Shepperd’s Dog, su anterior trabajo, ya dejaba intuir que Beam se estaba dejando seducir por una composición instrumental más compleja y adornada. Aún así, no alcanzaba las cotas que explora en Kiss Each Other Clean. Comparándolo con su predecesor, especialmente con temas como ‘Innocent Bones’, siendo quizá el concepto muy similar y pretendiendo algo análogo aunque no completamente idéntico, aquí las canciones se barnizan de arreglos excesivos que terminan resultado complejos y que dificultan desentrañar lo que verdaderamente supone cada composición.

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Afortunadamente, este exceso de celo no afecta negativamente al disco hasta el punto de hacerlo monótono o saturar, simplemente hace falta algo más de paciencia a la hora de acercarse a él de lo que era necesaria en sus anteriores trabajos. No es un trabajo folk al uso, y quizá en algunos cortes llegue a resultar algo tediosa la introducción de arreglos de corte más electrónico, pero de cara a la segunda mitad del disco se produce un crescendo que culmina en un cierre espectacular, firmando una de las mejores canciones para mí de la carrera de Iron & Wine. Escuchar Kiss Each Other Clean después de The Shepperd’s Dog es como ver una historia en stop motion, con pequeños saltos entre cada imagen pero cada una directamente producto de la anterior y causa de la siguiente.

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