Izal — Copacabana

Todo el mundo habla de Izal, ya sea para defender su trayectoria, para criticar sus formas o simplemente para aborrecer lo que hacen como tantos otros. Desde el año 2013, la banda se ha colado en todos los saraos de la música independiente del panorama nacional, no hay festival veraniego que se les escape y las emisoras queman sus temas más destacados, esos que el público corea sin cesar en cada directo. Su nombre se asocia cada vez más con Vetusta Morla, a pesar de que todavía haya quién piensa (y menos mal) que la comparación se les queda un poco grande. Sea como sea, con tres discos en el mercado, muchos hablan de ellos como El Fenómeno Izal mientras otros todavía nos dedicamos a tratar entender el motivo de tal fascinación.

Todo en Copacabana sigue los pasos esperados, el sonido Izal explotado hasta los límites

Su tercer trabajo, Copacabana (Hook Management, 2015), llegaba el pasado mes de septiembre tras el adelanto del single ‘Copacabana’, que olía a éxito y tenía los ingredientes para convertirse en el nuevo himno de la banda. Y así fue. Sus pasos con este nuevo disco han seguido lo esperado, los que los defienden tienen en este álbum todos los motivos para seguir queriendo a la banda, los que los critican lo podrán seguir haciendo con los mismos argumentos y sí, los que los aborrecen, no van a cambiarse de bando. Porque todo en Copacabana suena como suenan siempre, el sonido del fenómeno Izal explotado hasta los límites.

https://www.youtube.com/embed/Btvxvr64Nkg

A modo de recitado, ‘Prólogo’ inicia el álbum y recoge sus intenciones, dando paso al single ‘Copacabana’, que ya conocíamos desde hace unos meses y que describe a la perfección las maneras de Izal a la hora de componer: subidas y bajadas e idas y venidas en las melodías, estribillos potentes que borran el suspense de las estrofas y rasgueos de guitarra que, eso sí, llegan más distorsionados que en anteriores trabajos, junto con marcadas percusiones. ‘Copacabana’ o ‘La piedra invisible’, con marcadas influencias de la música latinoamericana, son las composiciones en donde Izal brillan más, quedándose a medio camino cuando suenan más acústicos y sobrios como en ‘Los seres que me llenan’ o ‘Pequeña gran revolución’.

5.4/10

Han acertado sumando la electrónica a su más que usada fórmula, salvando así temas como ‘El baile’, ‘Historias de vida y placer’ y ‘Tambores de guerra’, que se vuelven enérgicos y bailables y que sin duda se convertirán en el plato fuerte de sus directos. Parece que a pesar del ritmo de publicación de discos que llevan (casi van a trabajo por año) sus estribillos pegadizos y llamativos siguen saliéndoles sin demasiados esfuerzos. Y con eso parece que satisfacen a un público que busca diversión y pocas complicaciones a la hora de ponerse a alimentar los oídos. Su fórmula todavía se puede exprimir entre aquellos que no les critican ni les aborrecen y parece que Izal no quieren cambiar de bando.

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