Cualquier tiempo pasado fue mejor. Éste podría haber sido el titular de la crónica del concierto de Jaime Urrutia el pasado martes en Oviedo, ciudad elegida por el cantante madrileño para comenzar la gira Al Natural. Que fuera aquí, en la capital del Principado no es casualidad dado que su mánager, Enrique Patricio, como el de Burning o Doctor Explosion, es de aquí.

Pero ese fue el titular que elegí para mi debut en el periódico para el que trabajé durante más de catorce años, una prueba de fuego que consistió en cubrir el concierto que un día de agosto de 1995 dieron en Avilés Gabinete Caligari, la banda que comandaba Jaime Urrutia y que se disolvería tras la publicación de Subir la música en 1998.

Entre aquel 1995 y este 2011 le he seguido de cerca la pista a este artista, más que nada porque desde que era un joven imberbe las canciones con Gabinete, las de la época oscura, fueron, y lo siguen siendo ahora, absolutamente imprescindibles en mi discoteca.

Jaime Urrutia dice que se ha reinventado, reinventarse o morir es lo que toca ahora, o eso dicen algunos. Al natural es su primera gira en acústico y el Teatro Filarmónica le recibió con un lleno a rebosar porque la entrada era a 3 euros, precio de crisis, gentileza del Ciclo Música del Siglo XX de Cajastur, y porque lo prometido era un repertorio con temas de Gabinete Caligari y de su carrera en solitario.

No me gustó mucho el concierto. Primero porque se notó mucho, demasiado diría yo, que había habido dos ensayos, así que el recital podríamos calificarlo de ensayo con público. Dio la impresión en muchos momentos que los teclados de Esteban Hirschfeld iban por un lado, que los coros de Juan Carlos Sotos nada empastados con la voz de Urrutia se cargaban el tema, y que el conjunto sonaba pelín a pachanga.

Sonaron ‘Golpes’, una versión rara, rara, rara de ‘Cuatro rosas’ y escamoteó un bis con ‘La culpa fue del cha-cha-chá’

Si a eso le sumamos que en el anfiteatro del Filarmónica no se escuchaba nada bien el sonido general el resultado final fue digamos un poco fiasco. Y eso que el repertorio prometía, y que Jaime Urrutia el día antes me había chivado que había rescatado ‘Golpes’, que no tocaba desde que la rehicieron para el grandes éxitos que salió después de Cien mil vueltas.

Sí, no faltó ningún tema clásico, bueno, sí un escamoteado segundo bis que Jaime Urrutia no hizo, no sé la razón, que incluía ‘Vestida para mí’ del debut en solitario Patente de Corso (DRO, 2002), ‘Nadie me va a añorar’, del último álbum de Gabinete, y el hit ‘La culpa fue del cha-cha-chá’.

Sí, hizo Golpes en una insólita versión para abrir ese primer bis en el que también sonaron ‘Camino Soria’ y ‘El calor del amor en un bar’ para delirio del público, que jaleó como al veterano que es a Jaime Urrutia y que le toleró todos esos dislates.

Y lo más chocante fue esa versión rara, rara, rara de ‘Cuatro Rosas’, el tema que catapultó a Gabinete Caligari a la fama sacándolos del underground, con la melodía tocada con la acústica y Jaime haciendo por encima un riff stoniano.

‘Pecados más dulces’ abrió un recital en el que claramente se comprobó que, salvo contadas excepciones como ‘¡Qué barbaridad!’, el tema que abría su primer álbum, o ‘¿Dónde estás?’, el cancionero de Gabinete ganó por goleada: ‘Mi buena estrella’, ‘La sangre de tu tristeza’, ‘Amor de madre’ o ‘Suite nupcial’. Lo dicho, cualquier tiempo pasado fue mejor. Supongo que el rodaje de la gira mejorará la opinión del espectáculo. Y se me olvidaba, todo un acierto el atrezzo minimalista del escenario: un burladero con cuatro rosas a sus pies y una mesa con un mantón precioso encima.

Sitio oficial | Jaime Urrutia
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Fotografías | Alberto Morante

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