Jane’s Addiction — The Great Escape Artist: la diversión es adictiva

Aunque en la historia del rock son habituales las bandas con constantes cambios en su formación y periodos de ruptura, el caso de Jane’s Addiction es francamente particular. Tras lanzar entre el 88 y el 90 sus dos primeros álbumes, imprescindibles ambos, la banda tenía el mundo a sus pies y lo estropeó todo por el constante choque de egos entre Perry Farrell y Dave Navarro, que llegó a provocar violentas peleas sobre el escenario.

Durante las décadas siguientes, la banda californiana se ha dedicado a reunirse, cambiar de miembros y separarse de forma indiscriminada, con un tercer y mediocre álbum por el camino. En el año 2008 volvieron a establecerse con su formación original, pero incluso en este supuesto periodo de tranquilidad, que ha servido para la concepción de The Great Escape Artist, los reemplazos han estado a la orden del día y han llegado a contar con hasta cuatro bajistas en cuatro años.

Tres de ellos han participado con dispar relevancia en el disco: Duff McKagan, Chris Chaney y Dave Sitek, quien también ha aportado labores de teclado, electrónica y guitarras acompañantes. Alguien podría pensar que tanta ida y venida podría pasar factura a la calidad del disco, pero en contra de los pronósticos más pesimistas, el cuarto álbum de Jane’s Addiction ha resultado ser un trabajo francamente notable.

The Great Escape Artist, la fórmula más directa

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Estamos posiblemente ante el disco más efectivo de la banda, donde salvo contadas excepciones se apuesta por la fórmula más directa. The Great Escape Artist es el camino más corto entre sus guitarras y nuestros oídos, con canciones que te atrapan desde la primera pasada que das al disco, y que te recuerdan una vez más por qué perdiste la cabeza con Nothing’s Shocking y Ritual de lo Habitual.

No se puede decir que los americanos han establecido un regreso al sonido de sus primeros discos, porque lo cierto es que nunca abandonaron su particular estilo de hacer rock. Sencillamente han conseguido recuperar el tono divertido y electrizante de sus comienzos, ése que se perdió en Strays, y que vuelve a hacer de ellos el referente a la hora de apostar por el rock duro que se aleja de las fórmulas convencionales, pero sin llegar a caer en los devaneos de la experimentación.

Las dosis de electrónica aportadas van en una medida muy ajustada, dando un toque de picante al sonido pero sin llegar a cambiar su sabor. Mucho mérito en ese sentido para Rich Costey, quien ya había trabajado previamente como producto junto a Navarro, y cuyo peso en el álbum ha ido más allá de hacer que todo suene perfecto. Fue él quien recomendó a Sitek para completar el vacío que había en la formación.

Jane’s Addiction dos décadas después

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A lo largo del disco, que no llega a los cuarenta minutos de duración, se suceden todos los patrones que cabría esperar de este grupo: riffs que te invitan a hacer air guitar, estribillos que se te pegan al instante, buenos cortes a medio tiempo e incluso alguna grabación de voz que no sabes muy bien a qué viene, pero que forma parte de la gracia de este grupo.

7.5/10

Se les había echado mucho de menos, pero es bueno poder decir que vuelven a la acción en plena forma. Es cierto que el disco apenas se acerca por momentos a los grandes registros de sus dos primeros lanzamientos, pero los destellos de brillantez están ahí y demuestran que dos décadas después de su gran momento y posterior catarsis, aún queda talento en esta formación. Que The Great Escape Artist nos haya devuelto a los mejores Jane’s Addiction es, sin duda alguna, una de las grandes noticias de este año.

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