¿Algo está sucediendo en la escena independiente chilena o nos lo estamos inventando? En realidad no son más que 3 ó 4 grupos: Dënver, Gepe, Javiera Mena… que están haciendo tanto ruido en nuestro país que ya les hemos adoptado. En mi experiencia con el indie made in Chile ha habido de todo un poco, con Gepe no puedo, Dënver me enamoraron a la primera y Javiera Mena me ha descolocado por completo.

Cuando un montón de gente te dice que tienes que estar encantado con ella porque “te pega”, al menos sientes la curiosidad de adivinar la percepción musical que tienen de ti los demás. Yo lo he intentado un montón de veces, su segundo disco Mena es el que más he escuchado esta primera mitad de año y del desconcierto total que me producía algo tan viejuno y moderno al mismo tiempo, tan conocido y tan nuevo, poco a poco me iba atrapando sin quererme posicionar del todo hasta verla en directo. Me resultaba tan difícil como responder si me gusta Richi e Poveri o Fiordaliso. Ahora no tengo la menor duda de que sí.

Por fin Javiera Mena llegaba a Bilbao y lo hacía por partida doble. El miércoles en formato íntimo tocando en el escaparate de la tienda Charada y al día siguiente, ya con banda, en el Kafe Antzokia tras ofrecer un acústico en Fnac al que no acudí porque ya me parecía obsesivo.

Lo de Charada fue una auténtica gozada y me gustaría felicitar a sus organizadores para que se animen a regalarnos más conciertos-fiesta de este tipo. No más de 30 personas sentadas en el suelo de la tienda y ella ahí, de lo más modosita, en el escaparate, con su guitarra, junto a una enorme lámpara de un sólo pie y muchos brazos (otra vez moderno y clásico) y tras ella la ciudad moviéndose a su ritmo habitual, sin inmutarse.

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Viendo el concierto del Antzoki parecía mentira que estuviéramos ante la misma persona. Ahora sí, todo sonaba como en el disco, a pesar de que había improvisado banda para su gira española con Martin de The Right Ons a la batería y Aurora de Boat Beam acompañándola a los teclados. ¿No sería más lógico que se trajera a los suyos?

La chica tímida que ayer vestía con vaqueros, Converse y chupa negra aparecía ahora envuelta en una capa de Carlos Díez que le daba el mismo aspecto galáctico y retro que tiene su música. ¿Björk o Joan Baez? Todavía no tengo claro si lo suyo es lo más moderno o no es más que una prolongación del italo-disco de los ochenta, pero tampoco me importa. Creo que ni ella misma sabe exactamente el lugar que ocupa y se limita a hacer canciones con una habilidad tal que consiguen adherirse a ti por su aparente sencillez.

Su directo funciona, no fue más de una hora pero no paré de bailar ni un sólo segundo como en esas verbenas en las que a base de clásicos y canciones del verano si te dejas llevar ya la has liado. Esta vez la versión que cayó fue el irresistible ‘Yo no te pido la luna’ que contenía su primer disco Esquemas Juveniles y que ya es mi nuevo guilty pleasure.

Cada vez tengo más claro que quiero conciertos para disfrutar y pasármelo bien y en ese sentido el de Javiera Mena ha sido de los mejores de lo que llevamos de año. Anda buscando un lugar para vivir y desarrollar su carrera fuera de Chile y no me extrañaría nada que se quedara en España. De momento nos ha prometido que vuelve antes de que termine el año.

Yo creo que ahora que Alaska está de capa caída, lo mejor sería que se dedicara a hacer realitys con Mario, que se le da muy bien, y dejara que su lugar lo ocupara otra capa que brilla más y que llega desde Chile. Cuidado que viene con mucha fuerza y el público es exactamente el mismo. Va para reina, aviso.

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