Jay Z compra Tidal y se lo vende al mundo

Lo decíamos hace unas semanas: Tidal es una buena alternativa a Spotify. Lo que no podíamos imaginarnos era que Jay Z, uno de los raperos y empresarios más coherentes y forrados del nuevo siglo, estaba detrás con su cartera adquiriendo la aplicación por 56 millones de dólares. Tidal, de repente, está en boca de todos. En USA, donde el mercado del streaming está liderado por pocas y grandes compañías, ya tocaba que alguien del gremio despertara. Es dramático ver cómo grandes dinosaurios gritan desde Twitter que todo va malfatal porque cada día venden menos y no son capaces de dar los pasos adecuados en torno al negocio que les da de comer. Luego están los que se conforman con los cantos de sirena.

Jay Z está convencido y concienciado con los tropiezos del pasado. Para ello presentó la aplicación rodeado de un granado elenco de estrellas, a modo de mesa redonda: Madonna, Alicia Keys en calidad de anfitriona, Daft Punk, Jack White, Usher, Rihanna o Beyoncé. Lo que viene siendo la casta. No olvidemos el potencial de Tidal: clips en HD y conciertos listos para consumir como en Youtube pero refiriendo beneficios directos para sus creadores. Reconoce canciones y letras como Shazam o Last.FM y permite crear listas privadas o colecciones públicas: nada nuevo, pero vestido de gala. Y la gala transcurrió con un adagio de certidumbre y seguridad, un grito al que se han sumado decenas de artistas por una simple razón: para poder seguir generando beneficios hay que acceder a las tendencias del mercado: inmediatez, amplia oferta de contenido, calidad — que a juzgar por la constante ascensión del vinilo como formato es algo que el consumidor no ha olvidado — y, sobre todo, competencia. La competencia favorece al cliente.

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El evento cuyo hastagh para Twitter e Instagram era era #TIDALforALL ha generado desde las clásicas negativas dirigidas al autor pequeño, a respuestas entusiastas y, aunque el futuro de la música no sea de color turquesa, conviene tener en cuenta las palabras de Jay Z: “nuestra meta es simple. Queremos ofrecer un mejor servicio y la mejor experiencia tanto para artistas como para el público. Buscamos la salud y la sostenibilidad de nuestra industria en todo el mundo y es interés de todos preservar el valor de la música.” A falta de ver con qué aterrizan gigantes como Apple o Amazon, esta dirección de mercado tan consensuada y orgánica — sin perder de vista los movimientos de gamberros como Kim Dotcom con Baboom, más una china en el zapato de iTunes que un competidor en firme — arroja bastante luz sobre la dirección actual del negocio. Pisarle el terreno al que llegó antes, pudiendo Spotify presumir de más de 60 millones de cuentas abiertas y un 20% de suscriptores activos pagando religiosamente, será la parte difícil: la pelota está en el tejado del usuario.

Enarbolar esta bandera tiene cierto sentido en este preciso momento: hay artistas que se niegan a que su música sea vendida en malas calidades. No en vano — y por exclusividades varias — , The Beatles no han pisado Spotify nada más que para recopilatorios residuales. Mientras Spotify ha cerrado su acuerdo con Sony para ser distribuido completamente gratis en todas las PS3 y PS4 del mundo, habrá que ver, fuera de la pompa mediática, cómo se devoran estos tiburones y si tienen algo realmente nuevo que contar.

Vía | Tidal

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