Jeremy Irons & the Ratgang Malibus — Spirit Knife

De estas cosas que un disco cae en tus manos vete a saber porqué, le das al play y al final te tiras toda la tarde escuchándolo del tirón, prendado por lo que contiene y absorto de la caída del sol que estaba en lo alto y al levantar la cabeza andaba tiñendo de naranja un cielo que apuntaba a ocaso. Los culpables son cuatro pirados de Estocolmo que se hacen llamar Jeremy Irons & the Ratgang Malibus. Lo suyo no es el cine ni la parodia, van muy en serio y deberían estar comiéndose el mundo.

Probablemente la peculiaridad del nombre haya jugado en contra de un cuarteto que ha estado más de diez años intentando despegar con apariciones y desapariciones de por medio y dos discos que solo han circulado en entornos recónditos. Spirit Knife apuntaba a permanecer en el anonimato (sin ir más lejos estuvieron presentándolo hace una semanas en España y no superaron los 100 asistentes en cada uno de sus conciertos) pero, lo que son las casualidades, me topé con él tras ver a Jeremy Irons ser entrevistado en un famoso programa de la televisión española. Llamémosle curiosidad, llamémosle casualidad, todo acabó dependiendo de un click y un captcha. Lo siguiente fue otro click y, para no dar más rodeos: la mandíbula se me cayó al suelo.

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¿Qué es esto? ¿Qué demonios hace Robert Plant cantando con Hawkwind? ¿Por qué ahora parece ser Rikard Sjöblom y, de pronto, el aludido es el desaparecido Jeff Buckley?

Éstas fueron algunas de las preguntas que no pude evitar hacerme ante el shock producido por ‘Fog by the Steep’, una descarga brutal en la que Blues Rock, Psicodelia y Rock Progresivo se unen para dejar sin resuello, aplastando la reticencia y la incredulidad con un nivel de virtuosismo y transmisión que es difícil de experimentar hoy día en un primer encuentro. Jeremy Irons & the Ratgang Malibus aparentan no querer ir a ninguna parte pero es solo un juego, la intención es perderte entre senderos de riffs angulosos y fuzz en forma de maleza absorvente para lanzar la dentellada en el momento más inesperado. Todo en Spirit Knife es una artimaña, todo está orquestado para alcanzar el objetivo, el cual se muestra ante tus ojos con el homónimo cierre.

A veces The Black Angels (los buenos The Black Angels, ejem), otras los Led Zeppelin de ‘Babe, I’m Gonna Leave You’ (he llegado hasta a imaginarme a Radiohead en los años 70 con ‘Sworn Collision’), el juego es ser romántico a golpe de LSD, como aquel que vierte un sobre de polvo amarillento sobre la copa de la despistada chica de al lado. El Blues y la Psicodelia se alían y hasta el Folk y los desarrollos progresivos parecen tener sentido, el síndrome de Stendhal se abre camino en un shock auditivo que lleva a gesticular cada nota, a hacer air guitar como un estridente hikikomori. 8 etapas de convulsa ascensión del mundo terrenal al de los sueños, 8 estaciones en las que el idioma cambia, el mensaje se tergiversa y retuerce pero seguimos comprendiéndolo todo con claridad.

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Quizás pretenciosos aunque finalmente el traje se ajusta perfectamente como aquel que se hace a medida, esto no es una historia de héroes y villanos por mucho que aluda a alguien acostumbrado a encarnarlos dependiendo de la ocasión. Hablamos de décadas de aprendizaje tras las que lo cruel no es el arte sino el mercado, una industria acostumbrada a dejar a los mejores por el camino y aprovecharse del inepto maleable. Quién sabe si con otra marca este cuarteto estaría ya a la altura de, al menos, los grandes nombres de la escena a la que pertenecen. No es éste el momento de hablar de suposiciones sino de realidades, y es ahí, precisamente, donde Karl Apelmo (voz y guitarras), Henke Persson (batería), Viktor Källgren (bajo) y Micke Pettersson (guitarras) son aplastantes. Sú música habla por ellos más de lo que lo que jamás podrán hacerlo etiquetas o nominalismos.

Arranques hardbluseros como ‘Clang’, el delicado Folk de ‘Once Levitated’ o la lenta psicodelia romántica que avisa de la tormenta posterior en ‘Point Growth’ no sólo hacen fondo de armario como lo hace una camisa blanca y una corbata negra, sino que ofrecen la consistencia oportuna que convierte a los buenos discos en discos imprescindibles, que demuestran que la grandeza no reside en el single sino en el espíritu que emana del conjunto y de la ausencia de altibajos.

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8.7/10

Quizás sacar conclusiones sin conocer lo mostrado por entregas anteriores como Elephanta o Bloom sea excesivamente precipitado, pero no creo equivocarme si afirmo que estos Jeremy Irons & the Ratgang Malibus acaban de realizar el esfuerzo definitivo, acaban de presentar el disco que debería llevarles a competir en las grandes ligas, a erigirse como una de las sorpresas del año a la usanza realizada por Kadavar o Troubled Horse hace un par de periodos. Quién sabe si sabrán venderse tan bien como lo hicieron los barbudos alemanes, eso sí, lo que no deja lugar a dudas es su música. Ahí son aplastantes y no dejan margen al titubeo. Jeremy Irons & the Ratgang Malibus son una de las mejores cosas que le va a pasar a este 2014 musical, ahora toca esperar a ver si todo este esfuerzo tiene una merecida recompensa para ellos.

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