Jóhann Jóhannsson — The Theory of Everything

Dicen los trabajadores del mundo del cine que eso de que te den premios está bien, sobre todo porque te permite aspirar a mantenerte activo, a que te sigan ofreciendo trabajos en un entorno en el que la momentaneidad es ley de vida. Después hay otra gente, unos pocos elegidos, que no necesitan ganar muchos premios para mantenter una carrera prolífica. Está el actor guapo que asegura grandes taquillas, el guionista con ese toque especial que sabe que sus historias serán vendidas sin mayor problema, o cualquier otro sujeto que, simplemente, goce de un talento superlativo. En este último grupo se encuentra Jóhann Jóhannsson.

Reducir al islandés (mira que es un país poco poblado, y lo que dan que hablar en el terreno musical, los cabrones) a su trabajo como compositor de bandas sonoras sería injusto, pero es esa faceta la que se nos ha mostrado en 2014. Tras la superlativa McCanick, que nos dejó helados, Jóhann Jóhannsson ha vuelto a ser reclamado para musicar The Theory of Everything (Blacklot Music, 2014), la película que narra la vida de la pareja formada por Stephen Hawking y su esposa Jane.

Hacer una crítica de una banda sonora es extraordinariamente arduo. Más aún cuando el que la escribe no ha visto la película, pues se supone que el fin de esta música es maridar adecuadamente con la parte visual. Además, estas cortas composiciones, que suman un total de 27, en muchos momentos no hacen más que comportarse como un conjunto cuyo fin es labrar un discurso único. Otro discurso casi paralelo a lo que puedas ver en el cine. Se da, pues, un fenómeno algo curioso. La inicial pereza que pueda darte ver una película tan seguramente prescindible como The Theory of Everything se torna fascinación mientras por tu reproductor se van sucediendo cortes como ‘Cambridge, 1963’, ‘A Game of Croquet’ o ‘The Dreams that Stuff is Made of’.

7.9/10

El resultado final es brillante. Quizás (seguro) no tan excelso como McCanick, pero el nombre de Jóhann Jóhannsson debe grabársenos a fuego en la materia gris. Nunca, absolutamente nunca, podremos llevarnos una decepción con este orondo compositor, uno de los grandes nombres de la neoclásica de la última década, espejo en el que mirarse por cualquiera que ose hacercarse al género.

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