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Jon Hopkins — Immunity: la perfecta convergencia entre ambient y tech house


La trayectoria musical de Jon Hopkins, sumida en una evolución lógica, no ha hecho más que mejorar disco a disco, perfeccionando cada vez su técnica hasta llegar a su quinto álbum, que ha llegado en este 2013: Immunity, también con Domino. Su carrera es un ejemplo de consolidación en el panorama internacional, ya que a pesar de haber trabajado mano a mano con Massive Attack o Brian Eno entre otros, este será sin duda el álbum que le reporte mayor reconocimiento. Y no es para menos.

Immunity, el resultado lógico de una evolución constante

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Desde Opalescent, su debut, hasta este Immunity, Hopkins ha ido enriqueciendo su propuesta con nuevas capas sonoras que aportan a su música más poso, profundidad y ritmo, en este caso. En sus inicios, la sombra de Brian Eno era demasiado larga, lo que hacía que debut estuviese muy marcado por un ambient demasiado sencillo, algo que ha ido limando con el paso del tiempo. Con cada producción, iba añadiendo nuevas texturas y proyectando su música sobre otros terrenos.

Nunca ha dejado la rama ambiental de lado, pero la ha ido compaginando con elementos de una IDM sin excesivos tratos experimentales aunque lo suficientemente elaborados como para crear una sensación de hipnotismo en su música. Fruto de esa progresiva manipulación de sus propios patrones iniciales, es como ha venido Immunity, que dejando aparte la BSO Monsters, sigue la estela de Insides, su último lanzamiento de estudio. En él ya practicaba esa IDM más rítmica y cerca de órbitas al tech house que ahora ha perfeccionado, incluso sorprendiendo. Era un paso lógico que se ha corroborado en la primera mitad del álbum, donde aprieta el acelerador y no lo suelta, pero sin caer en un tech house repetitivo y sin personalidad como los hay a raudales.

El resultado es un álbum muy cuidado, una pieza de alta orfebrería electrónica en la que Hopkins se mete en territorios tech house con gran destreza y ritmos vertiginosos que no te sueltan, para después bajar las marchas y profundizar en un preciosista halo ambiental que ha ido puliendo con el paso de los años. Sin duda, estamos ante uno de los grandes trabajos de electrónica de este año, donde el oyente se encontrará con muchas sensaciones, en numerosas ocasiones, correspondidas con los títulos de las canciones.

Atravesando con una lanza sus trabajos anteriores

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Los luminosos y portentosos beats que se paseaban en Insides con IDM deshilachada, se funden en un eléctrico alegato de techno house que empieza desde el minuto uno con ‘We Dissapear’, una descripción de la propia canción y de esas sensaciones que la milimetrada música del productor londinense pueden transmitir. Se aleja de los bajos potentes que se manifestaban en su último larga duración y nos inmiscuye en sus personales composiciones en las que se percibe esa sensibilidad especial que le ha llevado a trabajar con artistas tan dispares como Coldplay, Brian Eno o Massive Attack. Trasciende géneros para jugar en su propia liga, al margen de las tendencias que se lleven en el momento.

En el primer single oficial del disco, ‘Open Eye Signal’, organiza un contubernio de descargas electrizantes, vocales que ambientan en segunda línea a lo Orbital y ritmos a una velocidad de beats por minuto propia del tech house. El londinense lo pone en liza en los cimientos de la canción, al igual que en la primera mitad del álbum, y lo complementa con la elegancia que permiten ciertos sonidos propios de la IDM. En este sentido, en los cuatro primeros cortes del largo, Hopkins demuestra su habilidad para camuflarse en otros géneros por los que no se había paseado, con composiciones cósmicas y ricas en matices tan logradas como ‘Collider’, que la cual podrían haber compuesto James Holden o Nathan Fake. Un simple detalle como meter el grave por debajo en el último tercio del corte para acompañar en la última progresión hace de la canción una delicia.

Un ambient más elaborado

Es en las otras cuatro piezas del álbum cuando el londinenses vuelve a los fueros en los que poco a poco se fue labrando un prestigio, con un ambient que ahora goza de mayor empatía al no limitarse a alargar un sonido claustrofóbico durante minutos. Aunque hay de todo, con livianas capas sonoras erosionadas que evocan realidades paralelas, como ‘Abandon Window’, también hay auténticas obras de arte como ‘Form By Firelight’ o ‘Sun Harmonics’. Hopkins se hace fuerte en ellas y desarrolla toda su creatividad, haciendo gala de la evolución de todos estos años, demuostrando la belleza digital que es capaz de componer. Y lo hace con sonidos más sutiles, más cuidados, sin graves tan potentes, como escuchábamos en Insides, y sin desarrollos downtempo más simples como los de Opalescent, que estaba muy cerca del chill-out.

No es fácil despuntar en terrenos ambientales, donde hay grandes figuras que utilizando la IDM, composiciones minimalistas y grandes ritmos de percusión, han dejado el listón muy alto: Aphex Twin, Amon Tobin, Boards Of Canada… Frente a estas arquitecturastan elaboradas, el inglés ha aplicado recursos emotivos y sonidos erráticos propios de productores muy cerebrales, calibrando cada textura para no saturar y para poder conectar con la mente del oyente. Además, como despedida encontramos un delicado regalo downtempo como es la canción que da título al disco.

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Immunity se ha ganado con total legitimidad un hueco entre los discos indispensables de electrónica de este año, y hace que Jon Hopkins pegue un salto cualitativo gracias a su buen hacer tanto en terrenos más enfocados a la pista de baile, hasta ahora no explorados, como en la parcela de ambient, donde ha pulido su técnica. En este sentido, no es que haya aportado una paleta sonora muy diferente, pero añadiendo algunos matices más gracias a su asociación con la IDM, sus bellas composiciones son tan atractivas como la electricidad tech house de la primera mitad del disco. Uno de esos trabajos que saborear poco a poco y que demuestra que la electrónica no es simplemente ese compendio de máquinas que emiten ruidos fríos.

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