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Jonathan Rado — Law and Order

Era cuestión de tiempo que una de las dos mitades de Foxygen, o el pack completo, recayera en Woodsist. El espíritu de las grabaciones caseras y el amor desmedido por la década de las sesenta les llevaban al mismo punto que otros grupos y solistas desarrollan en el sello de Jeremy Earl. Ha sido Jonathan Rado, la mitad silenciosa de Foxygen, quien presumiblemente harto de sus idas y venidas con su otro compañero de aventuras, Sam France, ha volcado todas sus inquietudes artísticas en su debut como artista en solitario, Law and Order (2013, Woodsist).

Quizá las tensiones públicas que se han apoderado de Foxygen, alrededor de quienes ha rozado el rumor de la ruptura, haya espoleado aún más el espíritu productivo de Rado, tan afín tanto a los sesenta como a Woodsist. Sea como fuere, Rado se ha plantado con un puñado de canciones frente al mundo, y el resultado, si bien no desdeñable, parece indicar que camina precipitado.

Veamos: Law and Order se sostiene en torno a cuatro canciones espléndidas y brillantes, algunas de ellas de lo mejor que he escuchado este año. A saber: ‘Hand In Mine’, ‘Faces’, ‘Oh, Suzanna!’ y ‘Would You Always Be At Home’. Todas ellas comparten un sentido melódico muy sixties. Destaca por encima de todas las demás el single de adelanto que conocimos ya hace unos meses, ‘Faces’, superior a prácticamente cualquier otra canción del último disco de Foxygen, We Are the 21st Century Ambassadors of Peace & Magic (2013, Jagjaguwar).

Es un acierto indudable que, junto al juego chico-chica de ‘Hand In Mine’, la balada-que-no-es-balada de ‘Oh, Suzanna!’ y la adictiva melodía de ‘Would You Always Be At Home’, sostiene por sí mismo al resto del disco. Rado tiene talento como compositor, de eso no hay duda: su papel tanto en el primer como segundo disco de Foxygen se adivina ahora clave. Los mejores instantes de Law and Order son deliciosos, tanto como lo eran los de Foxygen.

Todo depende de cómo midamos

Ahora bien, si invertimos el sistema de medición y valoramos los defectos de Law and Order frente a los defectos de Foxygen, Rado sale perdiendo. Clamorosamente. Por lo pronto, hay un montón de canciones. O al menos da la sensación de que las hay. Y no todos ellas tienen algo interesante que decir. Por ejemplo, el pastiche ochentero-sintetizado de ‘Pot of Gold’ es o bien una broma o bien una de las peores ideas del año. Dada la duración de la misma y al empeño que pone Rado en mejorar su faceta como vocalista para tal fin, me decantaré por lo segundo.

‘Pot of Gold’ es Rado jugando a sacarle gracia y partido al horterismo bien entendido de Ariel Pink, fallando estrepitosamente en el intento. Algo de eso también hay en la muy fuzz y muy pasada de vueltas ‘I Wanna Feel It Now!!!’ y ‘Looking 4a Girl Like U’. Otras canciones, directamente, parecen metidas con calzador con el único ánimo de rellenar espacio, como ‘Dance Away Your Ego’.

De modo que la definición de Law and Order se encuentra en esa amalgama de canciones a ratos histriónicas a ratos sensacionales que equilibran un disco tan descompensado. Son muchas, y ninguna de ellas molesta demasiado. Tampoco llaman la atención. Pasan desapercibidas entre gran momento, momento pésimo, gran momento y momento pésimo. En Law and Order, Rado camina a trompicones.

6/10

Y el golpe Lo-fi ruidoso y destartalado de muchas canciones, tan alejado de la elegante producción de We Are the 21st Century Ambassadors of Peace & Magic como del Pop de habitación de Take The Kids Off Broadway, hace sospechar que el papel de Tim Presley, habitual de Woodsist, ha ido más allá de la mera colaboración. Aunque sea únicamente en asesoramiento espiritual. Rado ha juntado sus virtudes a las de White Fence, pero también sus peores defectos. Y el resultado es un disco tan errático como los de Presley. Aunque con un margen de mejora alentador.

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