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Jungbluth — Lovecult

Llegué a ellos muy (MUY) a finales de 2013, por eso no tuve ocasión de hablar de Jungbluth como una de las más agradables sorpresas en el terreno hardcore de aquel año con el feroz Part Ache (Vendetta, 2013). Tiempo después, los teutones nos han sorprendido con la publicación de su segundo trabajo Lovecult (autoeditado, 2015), más fieles que nunca a su doctrina DIY, ofreciendo además el disco para descarga totalmente gratuita, y también férreamente aferrados a su filosofía antifascista y antiopresora (no por nada toman su nombre de Karl Jungbluth, comunista y antifascista alemán).

Pero más allá de los aspectos ideológicos tanto en lo político como en la forma de llevar su propio grupo, la música de Jungbluth tiene todo lo que hay que tener para hacerse un nombre respetable en el género punk de nuestra era. Su propuesta no es rompedora, pero sí interesante y estimulante. Partiendo de los preceptos del hardcore punk, del crust y demás, el trío va hilando a través de guitarras urgentes, baterías desenfrenadas y gritos desaliñados y afilados, dando forma a temas resquebrajantes y directos como bala de cañón.

Jungbluth, mejor sonido e igual de acertados

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Los alemanes han decidido progresar en muchos aspectos para poder dar a Lovecult una personalidad más marcada con respecto a su predecesor. El primero a destacar es una producción más cuidada, que deja más libertad y espacio a cada instrumento en vez de formar una densa pelota de ruido que arrase con todo a su paso. Sin embargo, siguen sonando potentes y demoledores, pero al dejar respirar mejor los diferentes elementos de su música esta se aprecia más trabajada, más dinámica y más certera.

Los alemanes han decidido progresar en muchos aspectos para poder dar a Lovecult una personalidad más marcada con respecto a su predecesor

El otro aspecto diferencial en el sonido de Jungbluth en este álbum reside en la forma de afrontar las canciones, donde se observa una mayor importancia del bajo para determinar el ritmo y la dirección de las mismas. Aparte de eso, las guitarras siguen sonando feroces y oxidadas, como una motosierra dispuesta a abrirse camino como sea. El trío aquí alcanza un nuevo nivel en la complementariedad de sus instrumentos, aportando más unidad y efectividad. También aportan matices menos ásperos que aporta un importante plus de emotividad a las piezas de los alemanes.

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7.4/10

Pero nada de esto serviría de mucho si no hubiera una muy buena base sobre la que construir, canciones que nos pongan los pelos como escarpias. Por suerte Lovecult cuenta con una muy buena colección en su interior, formando un sólido conjunto que en menos de la media hora que dura te deja despachado. ‘Everytime Geradeaus’, ‘Schrödinger’s Katze’, ‘Sternstunden der Doppelmoral‘ y ‘Overdose Us’ son buenos ejemplos de cómo hacer un buen hardcore que además suene fresco sin ser totalmente innovador. Jungbluth refrendan su posición como una de las bandas más interesantes salidas del estilo en los últimos años, ojalá sigan la tendencia en el futuro.

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