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Juntos podemos: matemos los bises

Hola. Soy Dr. Chou. Por si interesa mi nombre real, Alberto. 32 años. No soy alcohólico, aunque he pasado épocas en las que he dudado de ello. No me gustan los bises. Quiero matarlos, acabar con ellos. Sé que no soy el único, pero la mayoría de vosotros habréis torcido el gesto a leerlo. Otros no tanto. Otros estáis conmigo, porque sois gente de bien y se os nota, así, buenazos. De esos que pasáis vergüenza cuando toca aplaudir para pedir que el grupo vuelva. Que os apetece escuchar el jitazo que todos sabemos que todavía no han tocado, pero que tocarán fijo. Pero como no me apetece aplaudir, y además no sé qué coño hacer con esta birra que acabo de pedirme, y paso de aplaudir al viejo estilo “autoproporcionarme collejas”, empiezo a mirar hacia los lados. Si resulta que hay gente suficiente -dorándole la píldora- dando palmas a los que se han ido al backstage, pues mejor, ni una puta palma pienso dar. Y si no, pues tampoco, que ya he pagado mi entrada, como para estar pidiendo.

Hace muchos años (tantos que me da un poco de miedo pensarlo), estuve en un concierto de Piano Magic en la legendaria sala La Iguana, de Vigo. Allí que llegaron los londinenses, por las fechas imagino que a presentar Writers Without Homes, pero no me hagáis mucho caso. La cuestión es que yo entonces era joven, vivía cada concierto con esos nervios que empezaban ya desde el lunes, y que si bien todavía no se me han pasado, han ido disminuyendo su intensidad. Tras un concierto que en mi memoria se ha guardado como absolutamente memorable, Glen Johnson se acercó al micrófono y dijo algo así como “ahora haríamos la chorrada de pirarnos para que aplaudáis y volver a entrar dos minutos después. No lo vamos a hacer, será un concierto sin bises”. Entendedme bien, no cito textualmente, pero para el caso es lo mismo. Amor eterno a Piano Magic.

Os he visto seis veces en directo y sé perfectamente cuáles son las tres canciones que tocáis a menudo y que todavía no han caído en el repertorio de hoy

Y es que estamos mayores. No sólo los que acudimos a conciertos, echando de menos ese relevo generacional que yo sólo encuentro en bandas contadas, como Crystal Fighters, algo alejadas de lo que a mí me pide el cuerpo. En el resto de los conciertos a los que acudo, la edad media de la audiencia no está para optimismos. Están mayores también los que tocan. Ese grupo que idolatrabas cuando tú te acercabas a la mayoría de edad y ellos besaban la mitad de su veintena. Ahora ellos ya están cerca de los cuarenta (o bien sobrepasados, en muchos casos), así que os pido, bandas del mundo, que os apuntéis a lo que, desde ahora, llamaremos “hacer un Piano Magic”. Salid al escenario, tocad todas esas mierdas que tan bien tocáis y cuando se acerque el final, si acaso, aclarad que eso, que buen rollo, pero que será un concierto sin bises. Soltadlo todo de una tacada. Porque os he visto seis veces en directo y sé perfectamente cuáles son las tres canciones que tocáis a menudo y que todavía no han caído en el repertorio de hoy.

Y es que eso de los bises debería ser algo realmente especial. Esa puñetera comunión artista-público que no se da ni de broma cada vez que te acercas a un concierto. Al final todo esto se ha convertido en una ceremonia de imbecilidad. En algo tan previsible que no hace ni puñetera gracia. Que llega a alcanzar el esperpento. Pongamos por ejemplo un concierto del que os hemos hablado recientemente, el de León Benavente. Aquello fue un directo estupendo, entendedme bien. Pero la sala tenía un diseño particular, que obligaba a la banda a atravesar el lugar ocupado por el público para poder abandonar el escenario y salir por la puerta de atrás. Teniendo en cuenta que aquello estaba petado, pues su buen rato les llevó. Ahí que se largan, cuando no había sonado aún ‘Soy brigada’. Déjate de mierdas, joder. Toca lo que tengas, da las gracias por venir, di cuántas ganas tienes de volver muy pronto. Y punto, se os quiere, se os admira, y me voy a comprar el disco en la puerta.

¿Cómo coño va a colar que te vas a ir sin tocar el jitazo? Por favor, déjate de chorradas

Y menos válidos son ahora. Los bises, digo, porque sigo hablando de los puñeteros bises. En un mundo en que cualquiera puede echar un vistazo a las canciones que va a tocar el grupo que vas a ver esta noche. Puedes saber, si quieres (soy de los que todavía opta por acudir ignorante) en qué momento se va a cambiar la eléctrica por la acústica, cuándo echar un sorbo a la cerveza que empieza a calentarse o si ya va siendo hora de presentar a la banda. ¿Cómo coño va a colar que te vas a ir sin tocar el jitazo? Por favor, déjate de chorradas y no nos hagas aplaudir como imbéciles al vacío. Date cuenta de que tú también vas a conciertos, coño, y que cuando llega el momento del bis miras hacia los lados. Y si hay alguien que da palmas, que grita “otra, otra” en lo que ya es el triple salto mortal de la vergüenza ajena, tú ya no lo haces. Porque eres tan persona como los que te van a ver a ti. O ni miras, porque estás hablando con los colegas impidiéndome escuchar el puto concierto, so memo. Deja el puñetero bis para ese día en el que sí ha pasado algo especial de verdad. En el que el bis sea casi improvisado, un agradecimiento sincero. Aunque sea mirando con cara de decir “lo siento, hace años que no ensayo ésta”. Ten por seguro que se te perdonará fallar un traste, un acorde, porque sentiremos que estamos en un momento que no ha disfrutado todo el mundo. Somos distintos, ha sido un concierto realmente especial…

… y después estáis los demás. Que sois mayoría, que bien lo sé. Que preferís que todo siga como hasta ahora, o que os cabreáis si alguien se va y no da un bis. Que eso no amedrente a las bandas del mundo, matad la pantomima. Al principio a la gente le escuece, como la ley antitabaco, pero luego forma parte de nuestras vidas como algo normal. Los no fumadores agradecemos poder volver a respirar, y los que fumáis, el paseíto que os pegáis para pasar un rato de café y cigarro a la puerta. Pues lo mismo en las salas. Si el concierto ha molado, salimos cinco minutitos antes para hablar de lo bien que ha estado, de lo que nos hemos emocionado o de en qué momento hemos estado a puntito de llorar. Si ha sido una mierda, pues antes que nos vamos de cañas y lo olvidamos. Lo miréis por donde lo miréis, todos salimos ganando. Además, esa gente lo mismo tiene que coger un avión cuanto antes, y no está para coñas. Así que gritad conmigo. Juntos podemos: matemos los bises.

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