Kasabian — 48:13

Cuando, hace cosa de un mes más o menos, aparecía por sorpresa ‘Eez-eh’, el primer adelanto de 48:13, el nuevo trabajo de los británicos Kasabian, lo hacía acompañado por declaraciones de Sergio Pizzorno en las que éste aseguraba que habían lo habían grabado con un concepto claro en mente: “menos es más”.

Leyéndolo primero, uno acometía la escucha de ‘Eez-eh’ esperando un tema básico, de apenas una guitarra y batería, y, como mucho algún piano tras la voz de Tom Meighan, pero el primer single de este quinto disco de Kasabian era todo lo contrario.

Con ese primer sencillo uno se topa con una fiesta de electrónica distorsionada y quizás algunas capas de sonido de más, que no es que sean malas, pero te hacen pensar que el “menos es más” del que hablan estaría en el resto del listado de 13 cortes y, como su título anticipa 48 minutos 13 segundos.

Kasabian, el electro-indie-rock-psicodelico-mainstream

Así que, cuando el disco de fucsia portada cae en tus manos, lo primero que haces es preguntarte si con esa filosofía no estaremos ante el adiós a la banda que metió en la batidora influencias retro del rock más clásico con enormes y megalómanos arreglos electrónicos de sello propio. Y sorpresa: siguen ahí, como si poco o nada hubiera cambiado.

Lo siento, pero Pizzorno no me la da: 48:13 es lo mismo de siempre. Quizás haya que reconocer que no es otro Velociraptor! y que bebe también (casi más) de los trabajos anteriores de la banda, pero al fin y al cabo, ni se han deshecho de sus influencias retro, ni de los arreglos electrónicos, ni de las pinceladas psicodélicas, ni de las baterías potentes que siempre han adornado sus temas.

Si acaso, hay que decir que con 48:13 parecen tener más claro que nunca que buscan el reconocimiento masivo; que la indiependencia no es lo suyo, y que sólo la quieren para beber de influencias setenteras y poco más. La dificultad de tragarse a la primera la difícil píldora que fue West Ryder Pauper Lunatic Asylum es cosa del pasado y con este quinto disco nos ofrecen su trabajo más fácilmente digerible, sin traicionar del todo al que los ha seguido siempre pero con una clara vocación de no atragantarse a nadie que no quiere complicaciones en sus oídos.

Así, más allá de la intro y los dos interludios instrumentales que salpican el listado (‘(Shiva)’, ‘(Mortis)’ y ‘(Levitation)’), poco más se hace cuesta arriba en un disco que, si nunca has asido alérgico al sonido Kasabian difícilmente te chirriará.

Con ese “menos es más” pensamos que tendríamos a unos Kasabian dispuestos a experimentar, pero que nadie se engañe: los experimentos con gaseosa, y quizás con la alargada ‘Treat’, que usa y abusa de sintes y bajos pesados para divagar en un final quizás algo innecesario.

Bueno, ese es un experimento; el otro podría ser ‘Glass’, un psicodélico y narcótico número que bebe del Lennon más pasado de vueltas para atreverse, por primera vez en Kasabian con el hip-hop, gracias a las rimas del poeta Suli Breaks.

48:13, psicodelia para los que no quieren complicaciones

Saliendo de estos dos temas y los interludios, nada puede considerarse inesperado en 48:13. Tenemos grandes hits para comerse los estadios y alguna balada que otra.

Así que, nada más salir del sopor de ‘(Shiva)’, al llevarse la “bofetada” estilo Kasabian con ’Bumblebeee’, con sus recargadas capas y capas de sintetizadores, distorsiones, baterías y teclados, uno termina preguntándose, nada más comenzar por ese “menos es más”. ¿Menos qué? ¡Si todo en un hit encargado de provocar el desenfreno de estadio como este es obra de una mente megalómana y amante de los excesos!

En esa misma línea ahonda ‘Stevie’, lo que podríamos considerar la visión de un tema para una película de James Bond by Kasabian. Con una batería que engancha casi más que los arreglos orquestales del tema. Será más difícil ponerlo en práctica en vivo, pero también les ganará el favor de los fans en festivales como el de Glastonbury, donde tienen previsto ensombrecer la actuación de unos Metallica sin nuevo material este verano.

Pero la locura la desatarán seguramente con ‘Doomsday’, un tema en clave electro-ska con el que será difícil no bailar, aunque, una letra que no se cansa de repetirnos que lo que vemos es lo que hay es complicado tomársela en serio si seguimos buscando el “menos es más”.

Cuando llegamos a la segunda mitad del disco, el ritmos baja y con cortes como ‘Glass’ Pizzorno y compañía van ya pensando en dejarse llevar por lisérgicos terrenos que continúan en ‘Explodes’, que, aunque baja de vueltas, no evita tener un estribillo tan pegadizo y contagioso como los temas animados, pero, ¿qué se puede esperar cuando lo que explota es la cabeza de Meighan?.

Mientras, en ‘Clouds’, Kasabian vuelven a dejarse influir por el rock psicodélico de los 70, primero a medio gas y luego con acelerón y patadas a la batería, dejándose un poco de sonidos demasiado recargados, para ofrecernos uno de los cortes más interesantes del disco.

De la aventura bailable que es ‘Eez-eh’ poco nos queda que decir a estas alturas. No es el single más brillante que les hemos escuchado, y menos con ese bochornoso puente señalando a Google como el Gran Hermano, pero con las escuchas se le coge algo de cariño y, para que engañarnos, en una fiesta cumple su cometido.

6.8/10

Bow’, es uno de los temas menos llamativos del disco, quizás por eso esté casi escondido al final del mismo. Además, es probablemente el corte que menos “personalidad Kasabian” tiene, recordando más a otras bandas que a la de Pizzorno. Menos mal que 48:13 deja buen sabor de boca con ’S.P.S.’, una balada que por momentos recuerda al Damon Albarn más “bluresco” y que bebe una vez más de los 70 y de la psicodelia más ensoñadora, aunque sin llegar a igualar los temas lentos de Velociraptor!

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