Anuncios

Keaton Henson — Birthdays: buscando a Reiko

Reiko era un personaje sobre el que el enorme castillo de naipes que creaban “Tokio Blues” se sostenía. No había nadie lo suficentemente seguro de sí mismo si ella no estaba cerca. Después, ella misma se regodeaba en su propio caos interno. Al final, Keaton Henson no es más que el último naipe, el más delicado. El que sostienes aguantando la respiración, porque cualquier mínima brisa puede hacerlo flaquear y caer, y de su mano, el castillo completo. Su música es eso, tan delicada que amenaza quebrar en cualquier momento. No hablamos de otro hombre de barba larga y guitarra en mano. Hablamos de un tipo con una extraña capacidad para estremecer, para hacer eso que otros no saben, cuando en teoría hacen los mismo. En teoría.

Porque en la práctica este hombre, de aspecto tan frágil como sus canciones, es un artista que ha sabido arreciar desde lo sutil un disco enorme. Un disco tan cimentado que ningún tornado podrá arrancarlo del suelo, por fuerte que sea. El último naipe ha sellado tan firme que ahora lo único que queda es disfrutar del aspecto. De las fachadas, de la orientación de la luz, de cualquier mínimo relieve en piedra tallada a guitarra y piano. Dentro nos encontramos con un paisaje lleno de contrastes. Con una extraña calidez nacida del frío, del estar a gusto en un ambiente que debería generar la ansiedad del “se ruega no tocar”. Birthdays es un trabajo digno de premio, una de esas obras de arte de naturaleza doméstica. De las que se disfrutan a solas en casa, y no en grandes exposiciones.

‘Birthdays’: caminando por el fino hilo

Como si Keaton Henson estuviese plenamente de acuerdo con la metáfora esta que me acabo de sacar de la nada, comienza Birthdays con el sonido de una puerta abriéndose, dejándonos pasar y dándonos unos segundos para que nos acomodemos. Nosotros, en la sala. La guitarra, sobre su regazo. ‘Teach Me’ está, pues, lista para empezar, y Keaton deja tras nuestros pasos su querencia por los desarreglos de salud mental, esos que apenas les dejan tocar delante del público, se relaja y nos regala la primera pieza de fantástico folk rock. Empezamos por la cristalería, pero admirando los distindos colores que emiten cuando la luz se posa sobre ellos. Ese hilo de voz que nace de ’10 AM, Gare du Nord’, siguiendo la estela de lo anterior, y que ya nos pide levantarnos y abrazar a ese hombre.

Así transcurre el primer acto. En un salón oscuro presidido por una cristal en el que los colores van mutando como si de un caleidoscopio se tratase, mientras los violines de ‘You’ amenazan con romper el perfecto equilibrio, o ‘The Best Today’ intenta buscar la calma antes de que la tormenta lo mande todo a la mierda. La tormenta es ‘Don’t Swim’, uno de los mejores temas que he escuchado en lo que de 2013 hemos pasado. Tras veinte minutos de perfecta pausa, de buscar el ambiente más adecuado en el que sentirnos seguros y a salvo, Keaton Henson decide que es el momento idóneo para rompernos el alma, y descuartizarla.

Keaton saca el picahielos

No hay marcha atrás. Cualquier escena que hayas ido imaginando se ha roto para siempre. Han implosionado los cristales a fuerza de decibelios, Keaton Henson ha cogido el picahielos y está dispuesto a que la masacre no cese. Su primer paso es claro, usar la guitarra eléctrica sin compasión alguna. Le darán igual vuestros gritos. Si es que esos gritos existen, porque lo más probable es que consiga que nos unamos a su silenciosa causa y nos una al coro de ‘Beekeeper’, el corte más country de Birthdays. Si bien pronto todo vuelve a ese momento en el que nos dejábamos abrazar por la paz, por esa fábula de calma en la que nos habíamos refugiado.

‘Sweetheart, What Have You Done To Us?’ es una canción que hace infinito daño. Que hace tambalear todo el terreno por el que un día paseaste con toda la confianza del mundo. Al propio Henson parece no habérsele curado la herida, mientras vemos como es incapaz de acabar una toma en el videoclip de la canción, por romperse a llorar (otra cosa es lo apañao que queda eso para el vídeo, y lo bien que vende).

If all you wanted was songs for you
Here goes, after all that you put me through
Here’s one for you
And don’t call me lover
It’s not enough
It’s got to be tough, cynical stuff

9.1/10

Intentamos reponernos, aunque sabemos que es tarde. Difícilmente conseguiremos ya imaginar que nunca hemos estado aquí. Quizás ‘In the Morning’ consiga que recuperemos el aliento, que nos saquemos la congoja y sigamos hacia delante. Como buenamente podamos, yo qué sé cómo. Escuchamos, al final, al fondo, los pasos de Keaton Henson alejándose. Se cierra la puerta, pero nosotros hemos quedado atrapados dentro.

Anuncios