Kelly Rowland ha sudado sangre, sudor y lágrimas a la hora de sacar su tercer álbum, el que se supone que tendría que darle la alternativa definitiva en su carrera de solista y terminar, de paso, con las comparaciones constantes con Beyoncé de las que ha asegurado estar bastante harta a estas alturas.

Here I Am ha llegado a las tiendas tras una filtración previa lo bastante próxima a la fecha de lanzamiento como para que no supusiera una hecatombe comercial, y las primeras reacciones han sido en general positivas con las habituales excepciones. Hay algo en lo que es fácil llegar a un acuerdo a este respecto, y es que se trata del trabajo más confiado de Kelly Rowland hasta la fecha. Se nota que la espera ha fructificado a la hora de combinar un tracklist inteligente, entretenidísimo, ecléctico y divertido, y que la cantante ha disfrutado con este álbum, algo que se transmite en todos y cada uno de los cortes.

Sin experimentos electrónicos que valgan

El momentáneo cambio de acera de Kelly Rowland hacia la electrónica me preocupó en un primer momento. David Guetta se ha llevado al figurado huerto a más de una y parecía haberlo conseguido también con la ex-Destiny’s Child, pero por suerte no se ha quedado más que en un experimento que queda plasmado en un único tema del disco, el ya conocido ‘Commander’, y que subyace de manera muy sutil en los arreglos de alguna otra canción, pero sin llegar nunca a extremos insalvables, más como una pátina leve, como en ‘Turn It Up’.

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I’m not cocky, I just love myself!

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Here I Am tiene diez canciones, dentro de la media general pero tirando por lo bajo, y lo cierto es que se agradece. No llega a saturar en ningún momento, y las canciones están organizadas de tal modo que la mezcla de estilos aligera el total y permite disfrutar de cada una sin caer en la monotonía.

Especialmente acertada es la colocación de ‘Commander’, cerrando prácticamente el disco junto a la otra apuesta más dance del disco, ‘Down For Whatever’, que dentro de su estilo me resulta muchísimo más interesante que su predecesor y que descubre los intentos de Kelly Rowland por convertirse poco a poco en una diva del dance al estilo de Donna Summer. Pero mucho me temo que el camino que le queda por delante no es largo, es interminable.

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