Es un disco furioso. No puedo hacer un psicoanálisis completo pero lo siento de esa manera. Estoy seguro de que todos seríamos criminales asesinos si no estuviéramos en Killing Joke. Algo habría salido mal. Pase lo que pase, Killing Joke es una cosa muy positiva que permite a la gente procesar que sucede en su mundo. Estos días me intento centrar en crear un “paraíso ahora”. Los conciertos son sagrados para mí por la gente con un aspecto similar reunida. Comparto un terreno común con ellos. De todos modos, es increíble que sigamos vivos y en nuestro trigésimo-séptimo año (Jaz Coleman).

En los tiempos de la mercadotecnia actual se buscan cada vez maneras de vender un disco que, irónicamente, casi provocan lo contrario de lo que buscan, que la gente se vaya desinteresando por el contenido. Al final muchos optan a esperar a escuchar ese fondo en vez de dejarse marear por las formas, desde adelantar casi todo el disco antes de sacarlo hasta los irritantes 15 segundos. Tácticas que no consiguen que nos sorprendamos con un álbum, sólo generan un aro por el que sólo están dispuestos a pasar los fans más acérrimos. Algunos incluso ni eso llegados a cierto extremo.

Por ello es necesario que haya más bandas como Killing Joke, con dos dedos frente que sepan jugar al despiste y que consigamos sorprendernos una vez nos topamos con su disco, incluso aunque no sea excesivamente rompedor. No obstante, viendo el panorama que vive el rock industrial, tampoco importa mucho si uno de sus grupos pioneros no innova en exceso. Más bien sucede lo opuesto, los ingleses, manteniéndose más o menos fieles a su esencia, consiguen mantener como un referente a seguir para muchas bandas del estilo junto a otros veteranos como Gary Numan. De cómo seguir siendo efectivos en su madurez y de cómo hacer las cosas sin importar la fecha del calendario.

Killing Joke, maestros en su disciplina

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Cualquiera que escuchara en su momento ‘I Am the Virus’ podría esperar un disco que más o menos continuara la idea de MMXII (Spinefarm, 2012), más bruto y más oscuro quizás. Pero nada más lejos, los de Notting Hill han sabido jugar bien con nosotros y nos entregan en Pylon (Spinefarm, 2015) un disco más cercano a lo que es ‘Euphoria’, o incluso que va más allá. El rock/metal industrializado ha reducido su influencia, ahora prima el toque más industrial que tan bien destilaban en obras cumbre como Pandemonium (Butterfly, 1994).

No estamos ante un trabajo con dos mitades claramente diferenciadas, sino ante una estructura lineal

Sin embargo, no quiero dar a entender que nada en el disco tiene que ver con ‘I Am the Virus’. No hay tantas animaladas instrumentales como se podría esperar, pero aparecen a lo largo del conjunto. De hecho, saben elaborar y desarrollar el disco para llegar de forma coherente hasta esa pieza, colocada en el final. No estamos ante un trabajo con dos mitades claramente diferenciadas, sino ante una estructura lineal, que evoluciona desde los compases de ‘Autonomous Zone’ hasta que le toca subir el nivel de garra en las guitarras a partir de ‘Delete’ y así exponencialmente hasta el cierre.

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A partir de ahí, el grupo va dejando extraordinarias perlas de ese talento que nunca les ha abandonado del todo. Además de los estupendos adelantos, hay que destacar ese tramo entre la adictiva ‘New Cold War’ y la apocalíptica ‘New Jerusalem’, probablemente la cumbre de un disco que también cuenta con la melodiosa y épica ‘Big Buzz’ y un abrasivo broche de oro como ‘Into The Unknown’. Dicen que el que tuvo, retuvo, y eso es algo muy aplicable en el caso de este cuarteto.

7.6/10

Cabe matizar que a veces las canciones Pylon pecan de incidir demasiado en la idea, provocando una extensión de las mismas en ocasiones ligeramente excesiva aunque en otras no termine importando mucho. Y hay casos en los que ese aspecto no termina siendo determinante porque Killing Joke mantienen ese toque para tenernos atrapados en su vorágine, que la voz de Jaz Coleman nos siga atrapando tanto en su faceta melódica como en la agresiva y que sus guitarras sigan siendo hechizantes. Aunque la magia del grupo no es algo que se pueda enseñar, su saber hacer sí es algo de lo que muchas generaciones deberían aprender, incluso aunque toquen géneros distintos.

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