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Cuando un grupo viaja a una ciudad que le queda relativamente lejos, o por cuestiones de agenda le falta algún músico, y su concierto pasa a ser un semiacústico o algo similar, pueden pasar, al menos, dos cosas: que la cosa sea un desastre, dando sensación de improvisación en el sentido más despectivo y menos profesional del término, o que aprovechen las circunstancias para dar un concierto distinto, constituyendo un reto para los músicos y un aliciente para el público. Klaus & Kinski, en su visita a Palma, afortunadamente, fueron de la mano con la segunda situación.

Desenchufarse para gozar del horneado artesano

No es que habitualmente lleven muchos más músicos, pero dentro de su eclecticismo renunciar a las guitarras eléctricas era una apuesta arriesgada. Con únicamente dos músicos (más la voz de Marina), reconozco que era bastante escéptico de la adaptación de su repertorio, aunque buena parte de su reciente y notable Herreros y Fatigas podría tener un desarrollo más cercano y orgánico que la sensación de asepsia y distancia que transmitía la importancia de las programaciones y sintetizadores. No obstante, tienen el repertorio suficiente (en cantidad y en versatilidad) como para salir airosos en cualquier contexto, y compensando su tracklist entre sus tres álbumes, más que haciendo una presentación al uso de su disco, me alegro de que éste haya sido el formato de concierto elegido.

Partiendo de la acústica, la armónica y las programaciones de Álex, y aprovechando los teclados y el ukelele de Antonio, Marina únicamente tenía que empezar susurrando para poco a poco llenar el teatro. Sin tener una voz prodigiosa, cada vez canta mejor y resulta más envolvente cuanto más confiada se siente. Para ello, los loops de guitarra acústica servían de levadura para hacer subir las canciones hasta volverlas turgentes, jugosas y tiernas por dentro, así como brillantes y atractivas desde fuera.

‘Autovía de Albacete’ e ‘In the Goethe’ sirvieron para abrir el concierto, como un tanteo algo tímido y frío, como una conversación de ascensor mientras el camarero no sirve las bebidas en una primera cita. Probablemente hasta la cadencia juguetona de ‘Poderoso caballero’, o hasta la primera disertación del grupo (muy pocas bandas aprovechan tan bien el tiempo en que sus músicos afinan sus instrumentos como ellos) no nos relajamos todos en el auditorio y empezamos a disfrutar de una de las mejores bandas nacionales sin corsés, ataduras ni complejos. Una imprevista y suavizada ‘Por qué no me das tu dinero’ sirvió de bisagra para un bloque central en el que el que considero su mejor trabajo, Tierra, trágalos, fue el protagonista, con ‘Brilla como una estrella’, ‘Ley y moral’ y ‘Carne de Bakunin’.

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De todas maneras, esta progresión ascendente en melodía y accesibilidad, entrando como una cerveza fresca en este recién estrenado verano, aunque difícil de mantener, mantuvo una meseta realmente brillante, quizá frenadas por las más crípticas ‘El Rey del Mambo y la Reina de Saba’ y ‘Mengele y el amor’. En este bloque fueron desfilando reinterpretaciones soberbias de ‘La mano de Santa Teresa de Jesús’ y ‘Flashback al revés’ que, inevitablemente, palidecieron ante sus dos éxitos más redondos hasta la fecha: ‘Ojo por diente’ y ‘Mamá, no quiero ir al colegio’.

No están todos los que son, pero son todos los que están

Claro que se iban a quedar temas en el tintero, con eso ya contaba. Ya no entraré a valorar las que en sus otros directos son fundamentales y que a lo mejor en este formato serían más difícil de defender (‘Nunca estás a la altura’, ‘Crucifixión, la solución’, ‘Forma, sentido y realidad’, ‘Rocanrolear’), u otras que sí habrían encajado divinamente (como la brillante ‘Daño cerebral’), pero sí que extraña renunciar a repertorio propio para llenar los bises de versiones, aunque cayese una deliciosa ‘Lady’ (sí, la de Modjo).

Creo que resulta igual de injusto para el público, que probablemente esperase más canciones suyas, como para el propio grupo, con material suficiente como para prolongarse otra hora y media más. El espectáculo no se resintió demasiado, que es lo importante, pero sí que amaga con estropear un postre con una última capa desafortunada, cuando había las materias primas necesarias (las canciones), unos pasteleros expertos (el grupo), un molde adecuado (fantástico teatro) y un horno no demasiado potente (unas 100 personas) pero que mantuvo el calor durante toda la velada. No ha sido el mejor soufflé que haya tomado en mi vida, pero sí de esos que, una vez garantizada tu porción, te alegras de compartir con los demás.

Imágenes | Concierto en Bilbao (03.03.2012), por Koala.
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DISCOS
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CONCIERTOS
* Klaus&Kinski en concierto en Bilbao (Santana27, 03–03–2012): no le digas a mamá que tengo una banda indie
* Klaus&Kinski en concierto en Gijón (LABoral, 14–05–2011): no fue el ritmo de la noche
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