Como el agua y el aceite, como el día y la noche, nada que ver con la otra vez que les vi en directo, hace dos años en la Colegiata San Juan Bautista de Gijón dentro del Ciclo Intersecciones, en aquella ocasión Klaus&Kinski me sorprendieron muy positivamente; sin embargo en la denominada La Noche de los Museos, el pasado sábado en Gijón me pareció otra banda.

El escenario en el que tocaron, la zona chill del Centro de Arte y Creación Industrial, jugo en su contra. Sonaron fatal, no sé si por el técnico, del que Marina comentó que habían recogido en Madrid tras haber salido a las 5 de la madrugada de Murcia, que no tuvo su noche o por la mala acústica del recinto, el caso es que Klaus&Kinski naufragaron desde el principio al final.

Son una de las bandas más interesantes del indie estatal y sus dos discos, Tu hoguera está ardiendo y Tierra, trágalos, son discos imprescindibles y recomendables. Han tenido muy buena crítica y su directo ha recibido todos los parabienes de los especialistas.

Fue una mala noche y aunque iba a titular “y de pronto se fue el público”, que en realidad fue lo que pasó conforme los minutos de actuación pasaban: el grupo se quedó tocando ante cuatro gatos, el amigo Vega, con el que coincidí también el Festival do Norte, me dio el titular: “No fue el ritmo de la noche”.

Quizás tantos kilómetros encima, tantos bolos hechos con desgana, tan pocos réditos para tanto esfuerza debieron de pasarles factura. Setenta minutos y un montón de temas fueron desgranando los murcianos, con Marina igual de socarrona pero también con poca gracias.

Lo decía ya mi compañero Natxo Sobrado en la crónica de su concierto en Madrid: o un gran grupo o un mal día. En la capital fue lo primero, en Gijón fue lo segundo. Los elementos siguen siendo los mismos: shoegaze en temas como ‘Ronnie O’Sullivan’, ‘Crucifixión, la solución’, ‘Nunca estás a la altura’ o ‘Ley y moral’, éste de su segundo larga duración.

Por el contrario, el cuarteto también ahondo en el noise, nunca mejor dicho, untado con electrónica como en la apertura ‘Ya estaba así cuando llegué’, que a mí me sonó bastante fúnebre, ‘Eres un sinvergüenza’ y ‘Brilla como una estrella’.

Los últimos minutos los dedicaron a hits: ‘Rockanrolear’, ‘Mengele y el amor’, ‘Flash-back al revés’, y tras ‘Mamá no quiero ir al colegio’, el bis lo cerraron con un ‘Ritmo de la noche’ que no fue tal y que nos invitó a marcharnos a casa cabizbajos por esta mala experiencia. Otra vez será, tengo plena confianza.

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Fotografías | Víctor Rodríguez

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