Kylie Minogue — Aphrodite: Dios salve a la reina

Con 11 discos a sus espaldas y una carrera que nunca ha pasado desapercibida — en lo bueno y en lo malo -, Kylie Minogue es indiscutiblemente la reina en lo que hace. Le surgirán imitadoras, wannabes y demás competencia desleal, pero la australiana sabe poner las cartas sobre la mesa e invertir en producción para seguir en la cima.

Con Stuart Price a los mandos de la nave, Aphrodite es un disco que se escucha de un tirón y que en ocasiones hace que te pares y repitas la última canción, porque, cómo no, la Minogue se luce en unos cuantos cortes con maestría y sin necesidad de una voz portentosa. Pero no hay nada como tener las cosas claras y el dinero para llevarlas a cabo, y de ambas le sobra.

Aphrodite no se parece a X ni a Body Language, lo cual no es necesariamente negativo. Confieso que me encantaba el sonido que había encontrado en temas como ’2 Hearts’; por contra, retoma en cierto modo el synthpop con el que experimentó en Fever en canciones como la sensacional ‘Come Into My World’, que ha resistido el paso de los años con soprendente empaque.

Bronce, plata y oro para empezar

El tracklist abre con ‘All The Lovers‘, que sin ser la mejor del disco, engancha y hace que vayas más allá del single obvio hacia los dos siguientes cortes, que son absolutamente tremendos. ‘Get Outta My Way‘ tiene un estribillo imposible de evitar y revive los mejores momentos de Kylie cuando era imposible salir a cualquier garito sin que sonara de fondo. De momento ya se ha confirmado como segundo single de cara a septiembre, y lo cierto es que no podía haber elegido mejor.

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Minogue se ha propuesto hacer un disco que no decepcione y al que, independientemente de gustos, no se le pueda tachar de usar rellenos o temas de escasa calidad para completar un número mínimo que sea aceptable. A todos se le puede sacar lo mínimo para ser aceptables y a la mayoría mucho más. Nada de navegar por estilos desconocidos o heterogéneos, Aphrodite es una lección sobre cómo ceñirse a lo que funciona sin necesidad de resultar repetitivo y buscando las vueltas a un sonido concreto encontrando siempre algo nuevo que contar.

No sólo ha gozado de una producción espectacular de la mano de Price, que últimamente está especialmente inspirado y las chicas electrónicas se lo rifan, sino que ha podido colaborar con Tim Rice-Oxley, de Keane, que escribió para ella ‘Everything Is Beautiful‘, un medio tiempo más calmado y sin tanta perspectiva de mesa de mezclas. Pese a que podría parecer a priori un pinchazo en una compilación con un ritmo muy uniforme, el bajón no es excesivo y mantiene los elementos clave de otros temas y el apoyo constante del sintetizador.

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De la segunda mitad del tracklist caben destacar sin duda ‘Too Much‘, producido por Calvin Harris y con la colaboración del cantante de Scissor Sisters, Jake Shears, otro indispensable de las noches de este verano, con un pulso electrónico sensacional, afilado y con una violencia casi sensual, e ‘Illusion‘, con una base rítmica muy diferente a lo que encontramos en el resto del disco pero absolutamente brutal y con la que más de uno haría maravillas.

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