La Rockdelux los hace y ellos se juntan. Bueno, en realidad ha sido otra marca (de cerveza) quien ha emparejado a los dos personajes indies de moda para llevárselos de gira, permitiendo que al fin La Bien Querida toque en casa.

Le preguntaba a Ana si no reniega un poco de su procedencia, que apenas unos pocos saben que es de Bilbao, y me decía que no, que ella va presumiendo de su ciudad allí donde va, que luego son los medios los encargados de darle importancia a ese dato o no, y que ella estaba deseando tocar por aquí pero que hasta ahora nadie se lo había propuesto. Eso sí, reconocía que era mucha presión tocar con todos tus familiares y amigos en la sala, que al final son tu público más exigente.

Puede estar tranquila, La Bien Querida no defraudó a sus fans e incluso consiguió enamorar a quienes nunca la hemos defendido, aunque gran parte de la culpa sea de los cuatro músicos que la acompañan (Con David “Beef” al frente) encargados de enriquecer con todo tipo de matices cada una de las canciones de su Romancero particular. Impresionante su ‘De momento abril’ (sigue siendo mi favorita) interrumpida con palmas y sólo de batería para continuar con el estribillo final.

Invitaron a subir al escenario al músico local Txema Solano (Sweet Oblivion, Rockadelica) quien les acompañó con su contrabajo y Crepus, con los brazos cruzados, le hizo los coros en ‘ADN’. También nos adelantó un tema del que será su nuevo disco que resultó muy planetero y es que hasta Jota le dice que si Los Planetas tuvieran voz de mujer sonarían como ella. Yo pienso que su mérito es llegar a todos aquellos a quienes los granadinos les siguen pareciendo insufribles.

Fueron poco más de 40 minutos en los que tuvo tiempo de repasar los temas principales de su único disco, como ‘Corpus Christi’ y ‘9.6’, alegando que si terminaban más tarde de las once una vecina se quejaba, cuando todos sabemos que el local funciona durante toda la noche como discoteca.

Como conclusión diría que sí, que sí, que yo me iría contigo porque tengo la impresión que de aquí en adelante vas a ser muchísimo más querida, aunque algunos hayan tenido que esperar a un anuncio de televisión para descubrirla. Que muy pronto puede que tengamos que eliminar la etiqueta indie al hablar de ella y que por ahí debe estar todo aquel enorme público que en su día tuvo Bebé que estaría encantado de recibirla y hasta de imitarla vistiendo sus largas faldas. Ojalá ¿no?

A Joe Crepúsculo sí que le tenía ganas (y miedo). La vez anterior que estuvo en Bilbao conseguí convencer a un amigo, que no le había oído jamás, para que me acompañara, pero al final yo no pude ir y aunque (creo) sigue siendo mi amigo todavía me lo está echando en cara diciéndome “es imposible que te gustara”. Algo similar a lo que le pareció a Natxo Sobrado, con la diferencia de que este último conocía perfectamente sus tres discos y hasta en algún momento se había declarado fan.

Lo mejor, seguir los consejos de probertoj, quien siempre me ha recomendado encarecidamente sus conciertos, eso sí, advirtiéndome que fuera preparado. Supongo que se referiría a estar dispuesto a disfrutar como un enano y sumergirte en una fiesta total de esas que preparabas con toda ilusión cuando eras un adolescente porque para ti todo era nuevo. Crepus consigue romper con todos los estereotipos y estupideces que nos hemos inventado los ocho que vamos de conciertos y que esta vez eramos dos porque el resto estaba viendo a Yo La Tengo en otro Rock Star (el de Barakaldo), sin atreverse a decir que se aburren porque quedaría fatal.

Aquí no hay ningún tipo de pose, ni tendencia de moda, ni tan siquiera seguir lo que marca éste o aquel estilo musical. La de Joe Crepúsculo es una de las propuestas más sinceras (y divertidas) que me he encontrado en mucho tiempo. Le basta su colega Sergio López y un par de teclados para disfrazar y descontextualizar una colección de frases que algunos llevamos ya grabadas para siempre y otros jamás podrán tomarse ni en serio, ni en broma.

Ana y David de La Bien Querida corearon junto a ellos la discotequera ‘Diririrí Dirarará’, tan peligrosamente pegadiza como ese ‘Ritmo Mágico’ que ha conseguido atrapar a mi hijo, quien con dos años ya la canta, y que el jueves nos puso a bailar a todos como se baila en el siglo 21. Aunque yo me sigo quedando con hitazos como ‘La canción de tu vida’, ‘El día de las medudas’, ‘Escuela de zebras’, ‘Suena brillante’ o ‘Baraja de cuchillos’ de sus dos primeros discos, que al escucharlas en directo consiguen que por toda tu sangre estallen esas burbujas tan difíciles de activar normalmente.

Se despidió con la más marciana versión de ‘Al Alba’ de Aute, dejando fuera muchas canciones. Había concierto (y fiesta) para mucho más, pero al parecer la vecina protestona no era más que una norma absurda de la marca organizadora de no superar los 45 minutos. Una gran noche de esas en las que te encuentras con un montón de amigos que hace mucho que no ves y te alegras de que hayan acudido a esta esperpéntica llamada porque descubres que aún hay cosas que os unen.

Por supuesto lo primero que hice en cuanto terminó el concierto es mandar un mensaje a ese otro al que esta vez ni me atreví a avisar diciéndole: “Crepus es Dios”. Una pena que este tipo de extrañas creencias sean tan difíciles de justificar, pero propongo que su Casiotone sustituya al obsoleto órgano de las iglesias ya.