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La desgarradora evidencia de Katatonia

De entre las bandas más importantes de esa faceta más melancólica y gótica del Doom Metal, tres bandas inglesas formaron lo que muchos denominan el triunvirato Doom: Paradise Lost, My Dying Bride y Anathema. Luego estarían los suecos Katatonia, que tuvieron tiempo para sacar varios discos imprescindibles con claras similitudes a ese estilo que practicaban los componentes del tridente británico, como fueron por ejemplo Dance of December Souls (No Fashion, 1993) o Brave Murder Day (Avantgarde Music, 1996).

Sin embargo, al igual que los últimos mencionados de los tres, duraron poco en esa vertiente y terminaron dirigiéndose hacia otros derroteros. Y casualmente, al igual que a Anathema, a los suecos les vino de perlas ese alejamiento del Metal Extremo (o algo así) para forjar su propia identidad y saciar sus ambiciones creativas. Aunque cabe matizar que su abandono del Doom Metal nunca fue total como en el caso de los ingleses, y pinceladas de dicho género se combinan con capas de algo que podríamos denominar como Metal alternativo, algo de Prog y también de Shoegaze.

Como he dicho, la mejor versión de los suecos se vio tras esa matización de su género, y una de las mejores muestras de ello está en un disco como Viva Emptiness (Peaceville, 2003), y de tan maravilloso disco quisiera rescatar una de sus piezas más brillantes y, a mi gusto, una de las mejores composiciones que ha hecho nunca la banda, ‘Evidence’. Muchas podrían destacarse de ese disco, pero esta me resulta sencillamente arrebatadora.

Katatonia comienzan sugerentes y envolventes, con guitarras generando una atmósfera elegante a la par que melancólica que resulta un magnífico colchón para la soberbia voz de Jonas Renkse, muy cómodo y solvente en su labor. Los estribillos es la ocasión para dar rienda suelta a la fuerza contenida por la instrumentación y cada uno de los miembros se luce con una interpretación salida desde las entrañas, desde el sublime batería Daniel Liljekvist hasta el propio Renkse. Luego éste mismo nos termina de emocionar con una recta final magnífica donde los instrumentistas realizan un último esfuerzo espectacular y envolvente. Las palabras no terminan de describir la desgarradora belleza de este tema, que posee esa clase de feeling que no se aprende, sino que se nace con él.

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