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La estupidez de llamar ‘guilty pleasure’ a lo que simplemente es un placer

Qué os voy a decir que no sepáis del postureo, sin duda una de las grandes lacras de nuestro tiempo. A determinadas edades es hasta comprensible que la impresión que esperamos proyectar en los demás se anteponga a lo que verdaderamente disfrutamos de puertas para dentro, pero seguir en dicha tesitura pasada la adolescencia es ya algo más preocupante. Y entre los aficionados a la música, esta situación es especialmente abundante.

De otra forma no se explica que el término guilty pleasure se enarbole de forma tan común como defensa para justificar que se sienta placer con aquello ante lo que uno debería mostrarse avergonzado. Esta estúpida forma de auto exculpación no es exclusiva del entorno melómano, claro está, pero tengo la sensación de que su empleo es mucho más habitual con canciones que con cualquier otro soporte cultural o de ocio.

Y digo yo: ¿realmente tiene sentido experimentar culpabilidad por disfrutar con un tema que simplemente te gusta? El temor a la opinión de los demás es tremendamente poderoso en esta sociedad de la imagen que todo lo cubre con su insufrible pátina de falsedad, así que hoy me he decidido a romper de lleno con uno de los conceptos más innecesarios dentro del mundo de la música. Amigos, vamos a poner fin de una vez a la idea del guilty pleasure.

La vida es demasiado corta: canta y baila

¿Cuáles son las características que definen a esa clase de temas que suelen hacer creer a la gente que deben sentirse culpables por lucirlos en su perfil de Last.fm o por escucharlos en presencia de otros? Obviamente, nuestros prejuicios e ideales sobre lo que debe ser buena música juegan un papel fundamental. Encontrarte disfrutando de un tema que queda completamente fuera de los límites que has decidido establecer para separar lo válido de lo despreciable supone un inevitable choque emocional para cualquiera.

Encontrarte disfrutando de un tema que queda fuera de los límites que has establecido para separar lo válido de lo despreciable supone un inevitable choque emocional para cualquiera.

Ante dicha situación, se puede optar por dos caminos: rechazar por sistema la canción, aunque duela saber que gusta, o abrazarla sin complejos y hacerla sonar a todas horas en tu casa, en tu reproductor portátil o en tu coche, especialmente cuando llevas acompañantes. La primera vía solo lleva a la frustración de la persona; la segunda, no hace falta ni decirlo, abre de par en par las puertas de la felicidad.

Otro factor esencial para que alguien puedan sentir la tentación de recurrir a la etiqueta de placer culpable es la vía por la que se descubre la canción. Si resulta que ésta suena en emisoras de radio con las que no somos afines, que aparece en algún soporte (ya sea anuncio, programa de televisión, película) con el que no comulgamos o que está entre las favoritas de ese colega tuyo que no tiene ni puta idea, es entendible que el rechazo sea la primera respuesta. Pero con ello se está cayendo en una especie de falacia ad hominem que, de nuevo, nos lleva a rechazar la canción por lo que creemos que debería ser, en lugar de aceptarla por lo que es. Y otra vez más, surge la frustración del que se siente culpable.

https://www.youtube.com/watch?v=xhrBDcQq2DM

Hay otros muchos motivos que pueden influir en esta desdeñable actitud: que nos desagrade la estética del grupo, que practiquen un género que hemos decidido ignorar por la razón que sea, que nos caigan mal por cualquier motivo, que sean defendidos activamente en Hipersónica, etc. Excusas, en general, que uno decide tomar para ponerse límites en lugar de abrir los brazos a un campo lo más amplio posible de disfrute musical. No vaya a ser que alguien piense mal de tus gustos, por favor.

Para cumplir con el ejemplo y demostrar que aquí yo soy el primero que siente que no tiene nada de lo que avergonzarse, he preparado una lista de placeres ante los que quizás podría haberme sentido culpable hace unos años, pero que actualmente defiendo con todo el orgullo. Mi yo de 15 años se echaría las manos a la cabeza ante la perspectiva que presentan artistas como Chromeo, Haddaway o Gossip, pero hoy en día que me quiten lo ‘bailao’. Toda para vosotros:

https://embed.spotify.com/?uri=spotify:user:gallego:playlist:4WF5cKuMMebEo9TjjnOxDz

La sufrida vida del melómano en Hipersónica

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