Un minuto de introducción, de confusión, de incertidumbre. Nadie sabe muy bien qué está ocurriendo. Y entonces estalla la tormenta. Un estallido sonoro en el que el que el orden (en forma de guitarras de blues) empieza a hacerse un hueco entre el caos. Como todo en este disco, lleva algo de tiempo, pero acaba llegando y a partir de ahí lo que tenga que aparecer, aparecerá. Quizá cuando uno menos lo espere, pero aparecerá. Es Mauna Loa, es la música de Guerrera. Y ya tardábamos en tenerlos por aquí.

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Son gallegos, con base de operaciones en Vigo y son en esencia un cuarteto (Alejandro Canoura guitarra y voz, Hugo Santeiro guitarra, Álvaro Gallego bajo, Luis Casanova batería) aunque, según ellos mismos nos explican, cuentan en realidad con dos formaciones titulares, una de cuatro miembros y una de seis. “Seguiremos dando conciertos los cuatro como hemos hecho siempre, y contando con los fabulosos Fistin’ Brothers cada vez que podamos”, nos dice Luis, que nos hace de portavoz del grupo por un día.

Guerrera empezaron a molestar en 2010 y se autoeditaron gracias al crowdfunding Under the Gipsy Sun dos años más tarde. Ahora se acaban de convertir en unos señores como dios manda y han fichado por un sello (Matapadre, hogar también de Disco Las Palmeras! o Lendrone) para lanzar el imponente Mauna Loa, una ambiciosa y retorcida propuesta en dos caras (sendos cortes de casi veinte minutos cada uno) que al final son dos viajes imprevisibles pero reconfortantes, que se deleitan en el virtuosismo pero sin olvidarse de que al otro lado hay alguien que debe disfrutar con todo esto. Hay tiempo en ese viaje para pasar por el blues, la psicodelia y hasta el stoner, para subidas y bajadas, pero (sorpresa) no para el aburrimiento: puede parecer muy fácil perderse en esta propuesta y sin embargo lo complicado acaba siendo no darle de nuevo al play al acabar para ver qué descubres esta vez.

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“En este disco, psicodelia gitana hay a saco”, dicen. Les suelto que, a pesar de la coartada lisérgica, yo lo que sigo viendo es básicamente blues y responden que “el blues está presente sí, cualquier banda de rock´n´roll lleva el blues en su música aunque no lo sepa. Llevamos mucho tiempo escuchado a los clásicos, Robert Johnson, Son House, Howling Wolf, Muddy Waters… Pero quizás son las aproximaciones más “sucias” las que nos flipan de verdad, sobre todo nos ha inspirado el sonido de gente como Jimi Hendrix, Captain Beefheart, o más modernas como los primeros Black Keys o Seasick Steve”.

Este disco impredecible (descriptivo cuando le apetece, narrativo cuando le da la gana), complejo pero no inaccesible, que parece disponer de tiempo y espacio para todo, tiene nombre de volcán hawaiano y da la impresión de estar calculado, pensado para enganchar, para picarte a escucharlo de nuevo, a ver cuántas cosas nuevas descubres en una nueva oportunidad (“Rompemos un poco con el concepto de canción para acercarnos a una “pieza” musical, por decirlo de alguna manera”) en un entorno casi permanentemente instrumental. En esta ocasión, eso sí, cuando las voces hacen acto de presencia, el idioma que escuchamos es el castellano. Sorprende, pero como ocurre (desde postulados muy diferentes, sí) con Guadalupe Plata, también resulta agradecido y ayuda a aquello tan importante cuando una banda aún tiene que ganarse tu atención de “dar personalidad”.

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Porque la suya no es una opción musical que escuchemos a menudo en la escena estatal ni que los emparente especialmente con casi ninguno de los innumerables paisanos suyos que han saltado a la palestra últimamente. Si alguno estuvo atento, recordará que la primera vez que aparecieron en estas páginas fueron recomendados por Lendrone. Les pedimos que continúen la cadena de favores y destaquen a un grupo gallego y se decantan por… Jay (“Son un grupo brutal en directo, con una formación abierta a colaboraciones, que además están dinamizando la zona de Vigo constantemente”), a quienes por aquí declaramos autores del mejor disco nacional de 2013. Todo queda en casa, ya veis.

Nunca está uno muy seguro de por dónde irá el próximo minuto de un corte de Guerrera, larguísimos temas con aires de jam que se divierten escondiéndose y volviendo a salir, rompiéndose en mil pedazos y volviendo a recomponerse. Tanto que casi entra la duda de cómo saben en qué momento realmente han terminado una canción. “No se si hemos llegado a terminar alguna, de hecho…”, dice Luis. “Creemos que, aunque haya una idea y estructura base, nuestra música es como un ser vivo que cambia con el tiempo”. ¿Significa eso que en sus conciertos se dejan llevar? “Nos gusta tener sitio para soltarnos e improvisar. Aunque hay partes cerradas que son casi siempre igual, no hay dos conciertos que toquemos todos lo mismo”.

Guerrera parecen hechos para el directo y ellos parecen refrendarlo (son de esos grupos que te dicen que “los discos son la excusa para salir a tocar”), así que todo indica que va a haber que verlos para hacerse una idea definitiva. Hoy mismo empiezan gira (las fechas las tenéis a continuación), así que será cuestión de estar atentos. “Mejor que vengan a escucharnos a un concierto y que opinen ellos mismos”, dicen cuando les recuerdo el título de esta sección. Pues eso.

  • 2 de mayo — Escairón (Sala Avenida)
  • 3 de mayo — Ourense (Sala Berlín)
  • 10 de mayo — Barcelona (La[2] de Apolo)
  • 23 de mayo — Santiago de Compostela (Zona C)
  • 6 de junio — Madrid (Sala Siroco)

Facebook | Guerrera

La maqueta era mejor en Hipersónica

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