Hoy toca hablar de una de esas historias de superaciones personales tras hechos traumáticos muy graves. Hablamos de una banda nacida en un garaje de la localidad Asturias en 1996 que disfrutaba tocando Grunge de la misma manera que hacían sus ídolos de aquella época, aunque paulatinamente fueron mostrando un cierto interés por la experimentación y el acercamiento a otros sonidos próximos al progresivo. Desgraciadamente esa evolución se cortó en seco por un duro suceso.

En el año 2000 se produjo un incendio en el local de ensayo de la banda con la consecuente pérdida del equipo y los instrumentos que allí había guardados. La falta de recursos económicos y de material para llevar a cabo su pasión cortaron en seco el mantenimiento de la banda y obligando un forzado cese indefinido. Afortunadamente este parón fue temporal, pero la reanudación sólo fue posible en otra ciudad, Madrid, gracias a la determinación de su líder. Ese líder era Edgar Soberón y la banda es Hiagen.

Sé que os parecerá extraño que una banda formada en el 1996 sea protagonista en una entrega de La maqueta era mejor, pero atendiendo a la verdad su actividad discográfica no resulta directamente proporcional con su longevidad. Además, esta sección también nos sirve para hacer una radiografía del panorama de los géneros musicales tocados en nuestras fronteras y focalizarnos en discos y artistas que puedan marcar la diferencia y el camino a seguir para enriquecer nuestra escena.

Hiagen pueden ser una de esas bandas, y su última referencia de estudio puede ser uno de esos discos. Ya mostraron buenas maneras en su primer álbum, El Increíble Hombre Menguante (2010, autoeditado), alejados del estilo que practicaban en sus comienzos y explorando los senderos del Rock Progresivo.

Este año llegan no sólo confirmando lo que apuntaban en su debut, sino superándose a sí mismos en muchos aspectos, haciendo de Los Últimos Días de Pompeya (2014, autoeditado) uno de los mejores trabajos de Rock Progresivo patrio que podemos catar este año. Un trabajo cuyo hilo conductor es la destrucción de Pompeya por la acción de la erupción del Vesubio, empleando una lírica melodramática, llena de dolor y angustia a la que la poderosa voz de Edgar Soberón le otorga un extra de intensidad.

No obstante, aunque el aspecto lírico sea bastante remarcable, destaca muchísimo un apartado instrumental rico y muy variado que dota de tanta energía y brillantez a este disco. Hiagen recogen bien sus influencias y le dan un toque personal para dar forma a un estilo fresco e interesante que debería servir de referencia para muchas bandas nacionales sobre saber hacer. Arranques de Rock duro, atmósferas cuidadísimas, riqueza en las texturas y pasajes variados a lo largo de una misma canción. Se hace difícil remarcar canciones en concreto, dado que el conjunto es tremendamente sólido y cada pieza termina beneficiándose del resto, como si de alguna manera se interconectaran y actuaran como simbiontes para fortalecer el global frente a lo individual. Sin duda, estamos ante un disco casi vivo, muy impactante y cuidadísimo en cada detalle. Un imprescindible para todo aquel que se declare amante del género progresivo.

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