La maqueta era mejor (XVII): Cuchillo de Fuego, pinchando donde más duele

La música puede transmitir y ser icono y talismán de cualquier mensaje. Casi todos los movimientos sociales, mayormente los revolucionarios o de denuncia, tienen su temilla fetiche que se convierte en símbolo y perdura en el tiempo a veces más que la propia esencia del movimiento en sí, o es lo que mantiene viva dicha esencia (Grandola Vila Morena, por ejemplo) (Xose L. García).

Mientas muchas personas se dedican a discutir si lo de la escena musical de Galicia es en serio o es todo una burbuja más, la política española vive cada vez peores días. El prestigio de las más altas esferas no podría estar más a la baja gracias unos grandes empresarios tremendamente avariciosos, políticos ensuciados por la corrupción, líderes luchando más por la protección de sus amigos ricos que por sus votantes y una familia Real cuya relevancia cada vez está más en entredicho. Y ahora vosotros os preguntaréis qué tiene que ver la escena musical en Galicia con todo este devaneo sobre la política española. Pues esa relación la podéis encontrar en Cuchillo de Fuego.

Estos pontevedreses tocan diversos palos estrechamente relacionados, entre ellos el Noise Rock, pero se desmarcan por completo de ese Noise Rock que muchos podríais estar pesando (Triángulo de Amor Bizarro, Disco Las Palmeras…) y tira más hacia el Punk. Pero uno de los aspectos que más destaca de este cuarteto, con miembros salidos de formaciones como Djalminha, Unicornibot, Los Collares de Perlas o Sierpes de la Luz, es su marcado carácter político, pero no con la intención de pontificar y, de paso, querer marcar un antes y un después en el Punk español para luego quedarse en un quiero y no puedo. Su visión es más retorcida, casi rozando la sátira, pero sobre todo más punzante y golpeando donde duele.

Volviendo al aspecto sonoro, Cuchillo de Fuego destacan por ese Noise Rock tan fuertemente arraigado en el Punk Rock o en el Post-Hardcore, rozando también la etiqueta Sludge cuando más músculo sacan y tirando también de un poco de Spoken Word muy bien empleado y con mucha garra. Así, podemos ver que este cuarteto sabe moverse bien entre referencias evidentes pero bien aprendidas como The Jesus Lizard, Melvins o Big Black.

No destacarán por una propuesta revolucionaria, pero sí que lo harán por la solidez y la rabia que muestran

Claramente no destacarán por una propuesta revolucionaria o rompedora, pero sí que lo harán por la solidez y la rabia que muestran en las ocho canciones que componen Triple España (2014, Chingaste la Confianza), que ya deberíamos tener en las quinielas a la hora de hablar del debut nacional más brillante del año. Por empezar con las pegas, viendo la celeridad con la que tocan y la brevedad de la duración de sus piezas, el disco se hace muy corto y deja ganas de más.

Sin embargo, son muchas las virtudes, tantas que sus posibles defectos quedan como una nimiedad y terminan ensombrecidos. Su sonido es un auténtico cañón, con unas guitarras tan cortantes y afiladas elaborando riffs flamígeros y explosivos como el nombre elegido por el grupo. No se queda atrás la potente labor a la batería o la desgarradora voz de Juan Fernández Navazas que casi parece que escupe con odio o furia sus letras.

Los gallegos no hacen concesiones y sacan pepinazos en forma de canciones como si salieran desde sus mismísimas entrañas. Temas como ‘Electrónica Martínez’ o ‘Bouquet (Fuego y Mierda)’ no se crean, directamente salen de la visceralidad de uno y por eso son tan efectivas y contundentes. Posiblemente la clave esté en esa naturalidad que desprenden estas composiciones, además de en su contundencia y en su fuerza. Muy mal hacéis si no les prestáis atención a Cuchillo de Fuego porque vienen pisando fuerte y con ganas de arrasar los campos por donde pasan.

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