ACTUALIZADO

Que el 11-S cambió nuestro mundo tal y como lo conocimos hasta aquel momento es un hecho. Quien más y quien menos lo habrá visto en los informativos y periódicos; un día tras otro aparecen nuevas y polémicas noticias en las que el mundo islámico (o más bien ciertos sectores del mismo, que no hay que generalizar) se da por ofendido por una u otra causa y esto provoca la preocupación en la cultura occidental.

El último caso, a diferencia, por ejemplo, del de la mezquita en la Zona Cero o el de las caricaturas de Mahoma, nos ha cogido bien cerca, y es que hace un par de días saltaba a los medios que en Águilas, en la provincia de Murcia, una discoteca abierta hace ahora menos de un mes tras 10 años cerrada, bajo el nombre de la Meca y con arquitectura de estilo árabe, a la manera de una mezquita, con minarete y todo, ha comenzado a recibir amenazas, a través de un vídeo colgado en Youtube o un perfil de Facebook creado expresamente con el fin de amenazar a la organización, teniendo que cerrar provisionalmente sus puertas.

Su página web ha sido incluso hackeada, y supongo que los beneficios de la sala habrán comenzado a caer ante el más que justificado temor de sus posibles clientes a sufrir cualquier tipo de atentado yihadista.

Los propietarios no han tenido más remedio que presentar un concurso de ideas para cambiar el nombre de la discoteca, remodelar su página web, e incluso han convocado una rueda de prensa en la que se invita a las partes implicadas y a los medios a asistir para aclarar el tema y buscar una solución al mismo. Hay que decir que, por otra parte, según lo que he podido leer, los empresarios responsables en ningún momento han tenido una postura prepotente, en defensa del nombre actual de la sala. Parece que en todo momento han tenido una postura dialogante y están dispuestos a realizar los cambios necesarios para evitar problemas y polémicas además de peligros innecesarios. Ya no sólo en el nombre sino que estarían incluso dispuestos a eliminar el minarete de la construcción.

La polémica en realidad, y como en otras ocasiones es, hasta donde hay que estar dispuesto a ceder. Nuestra cultura por lo general no ve ofensivas ciertas cosas, (que levante la mano quien no conozca una sala o club que se llame Catedral o Katedral, por ejemplo) pero en este mundo tan globalizado y en el que las culturas ya no están adscritas a zonas concretas del planeta, no podemos pensar que lo que no nos ofende a nosotros no va a ofender a otros, que conviven a diario con nosotros, en nuestros pueblos y ciudades. Pero realmente, ¿será positiva una postura de continua cesión? ¿No nos llevará esto a estar subyugados únicamente a la cultura que nos quieran imponer los violentos?

Ciertamente, en muchos casos hay razones para temer, pero por otra parte, cuanta gente puede atemorizarnos únicamente por tener acceso a internet. Tener un medio que amplifique nuestra voz no implica necesariamente tener medios para fabricar una bomba, por ejemplo. Seguro que todos conocemos al gracioso de la clase, que para no hacer un examen llamaba avisando de la colocación de una bomba en nuestro centro de estudios. ¿Hasta que punto debemos hacer caso de estas amenazas? ¿Qué opináis vosotros?

Actualización: según podíamos saber gracias a los informativos de televisión del mediodía, la discoteca La Meca ha presnetado ya su solución al problema, cambiandu su nombre por el de La Isal y retocando el minarete para que simule ser un faro en su lugar.

En Noctamina | Tiësto acosado por los anti israelíes

Vía | El Mundo

Más información | 20 Minutos

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