Según algunos vamos cumpliendo años, nos volvemos menos ingenuos ante ciertos aspectos de la vida que, antes, pasábamos por alto. Vemos el peligro en algunas más circunstancias que antes. Nos volvemos menos despreocupados, más cuidadosos. Y en la noche también sucede lo mismo. Discotecas que, cuando éramos pequeños, no eran sino una orgía de lluz, color, música y chicas guapas, ahora son vistas con cierta desconfianza.

Por ello, quien más, quien menos, miramos el ambiente de los locales nocturnos que frecuentamos. ¿Hay buena gente o mala gente? También a veces observamos si se sobrepasa el aforo, si hace demasiado calor, e incluso si hay salidas de emergencia. ¿Se ha vuelto la noche peligrosa? Pues entre el lamentable suceso del Love Parade, o las numerosas muertes que últimamente jalonan los locales de ocio, miedo me da pensar que sí. Aunque probablemente, y como decía al principio, siempre ha sido igual de delicada, sólo que ahora nos damos cuenta y antes primábamos la diversión a los peligros.

Hoy mismo, El País publica un artículo que nos ha dado que pensar. Con la que se ha producido hace unos días, en el tristemente suceso de Torrejón, ya son diez muertes en las discotecas de Madrid en los cinco últimos años. Son hechos aislados, pero aún así demasiado frecuentes. Y sin llegar a tanto, ¿Cuántas veces vemos batallas campales, o aunque sea un par de guantazos bien dados, mientras nosotros estamos bailando, ajenos a la violencia?

Y no sólo se trata de violencia, también hay costumbres de los empresarios nocturnos que perjudican nuestra salud y nuestro bienestar. Un aforo excesivo, en caso de emergencia, puede ser fatal. Un local con poca climatización nos puede provocar un golpe de calor o una lipotimia, y más aún si se mezclan alcohol o sustancias estupefacientes. Y fallos organizativos en los grandes festivales, donde se agolpan miles y miles de personas, pueden causar desastres como el que recientemente ha sucedido en la mítica Love Parade (las imágenes, escalofriantes).

Recientemente, Chris Liebing publicaba un comunicado de condolencia con esas víctimas, en el que reflexionaba sobre las condiciones en las que nos divertimos. Nos animaba a acudir sólo a los eventos que garantizaran nuestra seguridad, y aseguraba que él mismo pondría más cuidado en seleccionar los locales donde actuaría. Es un buen comienzo, porque todos debemos de tener claro, muy claro, que cuando ligamos, bebemos, bailamos, charlamos y reímos, no debemos de ponernos en peligro, ni a nosotros, ni a los que nos rodean.

Más información | El País
En Noctamina | Crímenes en las discotecas
Foto | Flickr de Holster

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