La rabia de estar diez años oculto en las sombras y alejado de un estudio de grabación, la rabia contenida para alguien que creció entre micrófonos, entre flashes, autógrafos y un público entregado. La rabia de tener que leer todo tipo de rumores y de entierros ficticios. Esa rabia tiene que estar por algún lado. Quizá en el “Stars are never sleeping / Dead ones and the living” (‘The Stars (Are Out Tonight)’ contrarrestado con el estribillo “And I tell myself, I don’t know who I am” (‘Heat’). Escucho The Next Day (2013, ISO) y solo siento el alivio de un artista a quien irónicamente se le sigue escapando el número uno en su país adoptivo. David Bowie pega de nuevo el zarpazo lleno de rabia pero ni en su regreso alguien le da un abrazo.

The Next Day es aquel combate de boxeo donde el púgil longevo vuelve para intentar demostrar que aún puede combatir contra esos jóvenes hormonados sacados de calles sin salida. La rabia del maestro contra la locura del niño sin futuro. Acaba ‘Heat’ con el eco del “no sé quién soy” y Bowie se presenta necesitado de oxígeno, de mil bidones de agua y de su mujer Iman para contarle el “As long as there’s you”. Aquel tupé otrora glam, la cara llena de purpurina y el contraluz con una figura de sílfide pega el derechazo que hoy coge Bradford Cox para tirarnos las bragas al suelo. El púgil rival puede tumbarle pero le va a respetar mientras Bowie se ensucia en el cabaret oscuro de ‘Dirty Boys’, la canción que Mick Jagger lleva queriendo firmar durante décadas pero sin éxito.

Sigue teniendo la rabia rock y quiere seguir incendiando todo lo que toca a su paso (‘(You Will) Set The World On Fire’) de la mano de su querido Tony Visconti a los mandos. A sus 66 años Bowie puede acabar ‘Heat’ fatigado y cogiendo el aliento recordando lo que era volver a escena pero ahí está. Con cuatro singles que no han conocido siquiera las listas de unos Estados Unidos adversos a su música, regalándole una especie de limosna con un número 2 para su deseado álbum de regreso en la lista Billboard 200 con el que firma su mejor posición 46 años después de su debut. Ni siquiera en Gran Bretaña la nostalgia consigue dar el premio en corto a este púgil blanco. ‘Where Are We Now?’ preguntó, llegó, se quedó en el sexto puesto y allí murió, las siguientes embestidas corrieron peor suerte con un puesto 102 para uno de los mejores temas del año, ‘The Stars (Are Out Tonight)’, y un 179 para ‘The Next Day’.

Qué condenadamente negra era la noche sin ti, señor Bowie, que cantaría Fernando Alfaro sacando el vino de reserva para convidar a un trago a este púgil fatigado en la misma mesa mientras guiña el ojo a ese cabrón británico que en su día quiso cantar “I hope I die before I get old” con 69 años llenando estadios. Rabia del chucho.

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