Para quienes no quieran leer este tipo de arrebatos de furia que me dan de cuando en cuando, lo resumiré prontito y en una frase muy de madre: “la culpa no es del graciosete de turno, es de quien le ríe las gracias”.

Pero como imagino que habéis entrado en este post con idea de ver qué coño significa eso de la realidad psicosocial actual, intentaré atusarme la barba, dar una calada a mi pipa tan grande que me empiecen a llorar los ojos, e intentar soltar unos cuantos dogmas de fe. El primero es fácil: ‘Adventure of a Lifetime’, el single que nos adelanta el nuevo disco de Coldplay, A Head Full of Dreams, es una mierda. Así, sin más. Una mierda. Aquí insertad el matiz que queráis (están muy logrados los de “bueno, pero es súperbailable”, “yo pensaba lo mismo pero una vez la escuchas varias veces, acaba enganchando” o uno que nunca pasa de moda “desde que le gustan a más de cuatro gatos, ya pasáis de ellos”). Muy bien, lo que queráis. Pero una mierda.

La cuestión es que mientras Chris Martin pare boñigas de mayor tonelaje año tras año (no estoy muy seguro, pero juraría que hubo un momento en el que su preocupación por el tamaño de sus bíceps superó a lo de hacer discos decentes, seguro que fue eso), más le reímos las gracias. Hemos pasado de salas de mucho aforo, a estadios de fútbol. Obviamente no son un caso único en esto de mandar el criterio y el talento, si un día lo hubo, a freír espárragos, y seguiremos encontrándonos a bandas que, poco a poco, se van entregando a las masas y a sus deseos. ¿Entonces, es culpa de Coldplay querer hacerse millonarios con sus creaciones? No, en absoluto. La cuestión es que Parachutes ya nació en una multi. Es decir, aquel estupendo trabajo que servía de puente entre la época dorada del brit-pop y el mainstream actual, ya gozaba de un gran gasto en producción, un enorme aparataje de merchandising y fans del resultado que se contaban por muchos miles.

Por entonces leí, o eso creo, una entrevista a Chris Martin, poco antes de lanzar el todavía meritorio A Rush of Blood to the Head, en la que afirmaba que casi ninguna banda conseguía hacer grandes trabajos tras el tercer o cuarto disco, o una vez superados los treinta y pico (he buscado como un loco aquella entrevista, y he fracasado en el intento). La cuestión es que cuando vi aquello me pareció una soberana estupidez. Todavía me lo parece hoy. Pero creo que, en su propio caso particular, ha acertado de pleno.

** Primera interpretación en directo de ‘Adventure of a Lifetime’, en el programa La Quinta Marcha.

A principios de milenio, Coldplay eran una esperanza enorme para la música mundial. Un grupo que sabía converger con cierta maña los sonidos comerciales con el gusto del melómano de cierta exigencia. Ahora son U2, con la diferencia de que su recorrido ha sido mucho menor. Hace ya una década que Coldplay no consigue sacar a relucir canciones que vayan más allá de la búsqueda y consecución de un éxito comercial. Lo que en su día me pareció una pastelada innombrable, aquel ‘Fix You’ de X&Y hecho a medida de adolescente que se lo aprenda en la guitarra para ligar como un campeón, hoy hasta se echa de menos.

Con todo, con caer definitivamente en la senda de la trivialidad y el perogrullo, habrá quien consiga convencerme de que X&Y es un producto decente. Bueno, de eso no creo, pero sí de que sería exagerado mandar a tomar por saco una carrera prometedora por un traspiés. El problema de todo, porque sí creo que seguramente aquel fue el inicio de todo lo malo, lo horrible, lo letal, lo mortal de necesidad, fue la llegada del Viva la Vida. El irreversible nacimiento de los Intensitos del Uoooooh, un mal que se ha ido extendiendo con velocidad inusitada.

Ese momento fue el que la sociedad tuvo que aprovechar para echarles tierra. Para asesinarlos con nulo cargo de conciencia. Pero no. Les vamos riendo las gracias, se van creciendo y luego, a pesar de las llamadas desesperadas instigando a la violencia contra Martin y los suyos, como era justo y necesario, acabaron pariendo cosas como ‘Every Teardrop Is a Waterfall’. Productos estupendos para cantar a voz en grito juntos como hermanos, miembros de una iglesia. Con la capacidad crítica propia de quien cree por creer, por inercia, por pura fe. Había llegado el momento, lo habían conseguido definitivamente: Coldplay podrían lanzar cualquier mierda en el futuro que el rebaño de borregos iría detrás de ellos sin ningún tipo de reparo.

No sé muy bien cómo ha funcionado esto. Cómo se han dado los matices suficientes para que Coldplay no solo sigan siendo una banda respetada en muchos ámbitos, sino cada vez más seguida y jaleada. La fascinación de la lluvia dorada, méame encima, Chris, que me gusta. He intentado elaborar teorías sociológicas que lleguen a una conclusión: el cada vez mayor gusto por el consumo rápido, el no soportar na peli que vaya más allá de la hora y media, una novela de más de 300 páginas, la falta de paciencia para intentar buscar, ir más allá, escuchar música que me deje gritar el estribillo sin que lo demás importe un pimiento… pero todas ellas me parecen faltas de criterio como para darlas por buenas. La conclusión sigue siendo la misma, el triunfo del esperpento. Quizás la fascinación por la imbecilidad, el reírse del tonto de la clase cuando no nos damos cuenta de que de tonto no tiene un pelo, que nos la está colando

Así que ahora os jodéis. Y bailáis ‘Adventure of a Lifetime’ intentando buscar referencias de lo más cool en su sonido. Pero lo cierto es que la banda que había cogido el relevo del brit-pop de los ’90 ha acabado jugando en una liga similar a la de Maroon 5 o Enrique Iglesias, muy por debajo de otra gente enormemente más solvente que ellos en estos días, como Taylor Swift, Katy Perry o Carly Rae Jepsen. De hecho, intentar equiparar las prestaciones de Coldplay con cualquiera de estas últimas tres de hace un lustro para aquí da casi vergüenza. No lo merecen. Pero seguid riéndoles las gracias, malditos, seguid.

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