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Hijo, todo esto que ves desierto era la escena del Microhouse del 2000. Mírala, qué bonita era. Había un chileno pasado de vueltas alabando a una alcachofa, un finlandés con su melenita y su ciudad personal de baile e Isolée luego lucharía contra sus propios monstruos después de debutar cansado. Todo muy de película de tendencias y batallitas. Ahí estaba Ada, una alemana de Colonia llamada Michaela Dippel.

Hoy ese caldo de cultivo repleto de 12" salidos al calor de las brasas, y quemados en las mismas al poco tiempo, está cubierto por etiquetas nuevas que las tendencias han querido vender. Que si nuevos amores con el Deep House de siempre, que si los británicos quieren recuperar su trono frente a los alemanes, que si bajos oscuros… Así andamos chaval, el tiempo micro solo se da en artículos diagonales para echarse unas risas.

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Michaela Dippel va más allá del micro macro de Cohete. Ellos ya lo decían: “Esto es serio”, chaval, “muy serio, no habrá segunda vez”. Bueno, la habrá, pero espérate a que pase tanta mala hostia generalizada donde el Minimal tiene poco sitio. Mientras puedes volver a chutarte aquel debut llamado Blondie publicado en 2004 bajo Areal Records.

El proyecto editorial de Konfekt, Basteroid y Metope fue la casa en la que creció Ada durante los primeros años del 2000. Casi una decena de 12" con su nombre donde el Minimal / Tech House de aquel momento iba creciendo y moldeándose hasta llegar a su rubia de carátula animada. De nuevo monstruos en la portada, esta vez siendo arrollados por lo que podría ser un autobús gigante o una quitanieves.

Lagrimitas de emoción en rosa. Normal, aquel engendro dibujado habría escuchado el tema que abría el largo: ‘Eve’. Viaje a cualquier sueño lejano, el Electro que en su día avanzaron Joe Meek y Kraftwerk pasando por el filtro de Tron para vivir en un mundo virtual hedonista. ‘Eve’ podría haber estado en la familia de Borders Community y seguir en los mejores trabajos de James Holden. Todo sea por tocarse en círculos ascendentes.

El Microhouse se cocía muy lento, ya lo avisaba ‘Cool My Fire (I’m Burning)’. Te estoy poniendo pero no te vas a enterar hasta mañana, mientras ahí te dejo el bajo golpeándote para luego seguir con ‘Our Love Never Dies’. Podrían ser títulos de Marvin Gaye o de Isaac Hayes pero eran de gélidos alemanes buscando dar emociones a pequeños beats en buenos años de crecimiento falseado.

En Blondie Ada contó con dos colaboraciones que podrían apuntar a un posible terreno comercial mayor del que al final llegó. ‘Maps’ tiene a Brian Chase, batería de Yeah Yeah Yeahs, quienes ya habían publicado su debut efectista, Fever to Tell (2003, Interscope), con el que vivir de las rentas.

También tiene a nada menos que Tracey Thorn en ‘Each and Everyone (Blindhouse)’ donde se junta con Ben Watt de su dueto Everything but the Girl en una adaptación sobre la base de ‘Blindhouse’, el primer tema que Ada publicó en 12". Aquel single de 1984 con toque jazzy y previo a tanto Lounge coñazo de cafetería de cartón piedra.

Blondie es más que un álbum de debut, sirve como referencia de una moda del momento que Ada supo afrontar muy bien. Después siguió en pequeño formato, Areal Records mantuvo su apuesta por ella hasta que Kompakt y después Pampa llegaron para ficharla de forma puntual, antes de volver a su casa otra vez, donde el año pasado dejó el 12" ‘Paws 1’. Antes de eso llegaría el segundo largo en Pampa: Meine Zarten Pfoten (2011), donde el conejito de portada avisa de una mayor suavización en el sonido, yéndose al Downtempo con parte Pop y de un House tranquilo. Muy lejos de su buen primer movimiento.

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