La reina del hype lo ha vuelto a hacer. Ya tenemos en circulación un nuevo disco de Lizzy Grant, AKA Lana Del Rey, titulado Ultraviolence, anticipado como pocos discos se anticipan hoy día. Es su juego: crear expectación, aunque esta vez la cosa haya sido un poco más comedida que cuando se publicó Born To Die.

Lo que no cambia es el haber nacido para morir… Morir de depresión, quiero decir. Porque, antes de seguir con la crítica, me quitaré la máscara y diré que pocos discos de los que llevamos esta temporada son tan capaces de sumir a uno en una profunda depresión como lo es Ultraviolence.

Así que, sí os atrevéis con Ultraviolence, mejor que lo hagáis con vuestros antidepresivos favoritos a mano, y, por supuesto, si os acaba de dejar el novio o la novia, manteneos todo lo alejados que podáis de este segundo trabajo de la americana.

Lana Del Rey: de reina del hype a reina del aburrimiento

Porque, Ultraviolence, en pequeñas dosis, puede funcionar. Una canción ahora, otra dentro de unas horas; un trocito del disco en esta playlist, otro en esta otra… Pero del tirón es uno de los productos más dañinos para la salud que se han puesto a la venta en 2014, y no precisamente por adictivo.

Y nadie debería sorprenderse al escuchar los 14 temas que componen el segundo disco de Lana Del Rey (3 de ellos bonus tracks), porque algunos de los títulos de éstos son más que una pista de por dónde irán los tiros: ‘Sad Girl’ (¿nos lo tendrá que jurar?), ‘Pretty When You Cry’, ‘Fucked My Way Up To The Top’, ‘The Other Woman’…

No ha cambiado demasiado la cosa desde el 2012 en que viera la luz Born To Die; en aquel, Lana Del Rey nos ofrecía una tristona visión de su personaje, (porque como ella misma reconoce, lo suyo es más un personaje que un reflejo de sí misma, aunque yo casi me atrevería a hablar de caricatura) repleta de lánguidas baladas que conseguían afianzar el hipe generado en los meses que antecedían a su publicación.

Pero aquella visión ofrecía al menos alguna variación; diferentes vistas de un carácter poco poliédrico, pero con alguna arista tras la que se ocultaba algún cambio o giro que dejaba al menos un buen sabor de boca en general.

En Ultraviolence, esos cambios desaparecen completamente y nos encontramos con un disco monótono. Monotonía que, los defensores podrán argumentar como cohesión, aunque los que nos encontramos en tierra de nadie y escuchamos Ultraviolence desde los oídos de los no convencidos podemos verlo tranquilamente como aburrimiento.

Ultraviolence; para escuchar con los antidepresivos a mano

Los 14 cortes del disco empiezan prácticamente igual que acaban, y, lejos de dejar algún poso en tu memoria, te parecerá haber estado escuchando la larga cantinela de un fantasma que se pasa la noche atormentando a los habitantes de una desvencijada casa embrujada con la tristeza de sus lamentos. Si recuerdas los títulos de alguna de las canciones será sobre todo por haber sido alguno de los adelantos, como ‘West Coast’ o ‘Shades Of Cool’, o quizás por ser sonoros y curiosos, como ‘Florida Kilos’ o recordar a “otras cosas” como ‘Guns And Roses’.

Así que, si a un disco de Chris Isaak le ponemos una voz femenina y le quitamos todos los temas alegres que el ex boxeador si que incluye siempre, nos queda esto; ultraviolencia para nuestra alegría, para nuestras ganas de vivir, que, para colmo viene con la firma de Dan Auerbach en la producción, aunque la garra de los Black Keys no se escuche por ninguna parte.

No hay ni un sólo corte que iguale a los del primer disco, no hay un ‘Video Games’ aquí, por mucho que Lana hable de “game boy’s” en ‘Guns And Roses’ y ni siquiera llega a acercarse a temas menores pero mucho más memorables, como el ‘Young And Beautiful’ de la BSO de The Great Gatsby. Y tampoco se pueden buscar estribillos pegadizos que canturrear…

Al menos queda el consuelo de que, por separado, alguno de los temas funciona, como los que han servido de adelanto al álbum, o la rabia que atesora ese ‘Fucked My Way Up The Top’, por ejemplo. No quedarán demasiado mal escondidos entre alguna que otra balada con algo más de alegría en una playlist para días de bajón. Eso sí, para escuchar Ultraviolence, mejor escuchar a los originales, a Mazzy Star que, además, hace menos de un año nos obsequiaban con su vuelta.

5.9/10

Lana Del Rey — Ultraviolence

Ultraviolence es un disco para despedazar. Para escuchar en trocitos, porque su tristeza y el aburrimiento que producen sus baladas (14 baladas prácticamente) puede desembocar en cortes en las venas y depresiones profundas. Sí os atrevéis con él, sabed que Born To Die no ha sido superado, ni con la ayuda de Dan Auerbach.

  • 01. Cruel World
  • 02. Ultraviolence
  • 03. Shades Of Cool
  • 04. Brooklyn Baby
  • 05. West Coast
  • 06. Sad Girl
  • 07. Pretty When You Cry
  • 08. Money Power Glory
  • 09. Fucked My Way Up To The Top
  • 10. Old Money
  • 11. The Other Woman
  • 12. Black Beauty
  • 13. Guns And Roses
  • 14. Florida Kilos

Lo mejor

  • Que no venga en formato “continuous track” como los mixes de electrónica; así no hay que “tomarselo” de un trago
  • Perfecto para dejar como nota explicando los motivos de nuestro suicidio
  • ‘Ultraviolence’, ‘Brooklyn Baby’

Lo peor

  • Deprime y aburre hasta decir basta
  • No saber aún qué dice Lana tras “soy una princesa” en ‘Ultraviolence’ (¿comprende mis wide lights? ¿these white lies? ¿mis reglas?)

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