Pinkgaze parece un término escogido jocosamente pero la verdad es que define a las maravillas en qué se ha convertido esto que hace un tiempo se hacía llamar Post Black Metal o Blackgaze o lo que sea. La degeneración del planteamiento parece evidente y todas las bandas inmersas en el movimiento van dirigiéndose de forma irremediable al abismo, unas más rápido que otras pero la mayoría sin poder pisar el pedal de freno y cayendo en los brazos de la fiebre.

Los hay que cargan a Neige con toda la responsabilidad, y puede que hasta tengan algo de razón, pero que esta deriva era algo que se veía iba a llegar por su naturalidad es una evidencia incontestable. Sí, su empeño en meter las zarpas aquí y allá convierte al francés en principal sospechoso, pero que Lantlôs hayan acabado saltándose varias etapas fotocopiando a Alcest, precisamente tras la salida del gurú, y retozando en la herencia de Slowdive, es todo menos una casualidad.

El Blackgaze surca los mares viendo como el abismo del Rock Gótico, el Dream Pop y el Post-rock edulcorado se unen en un destino marcado en rojo en el mapa. Los hay que se resisten a abandonar los blastbeats y los rugidos mientras sus guitarras se vuelven algodón de azúcar, otros han aceptado que la verdad es inevitable y han intentado acomodarse en ella lo más pronto posible.

Hablar de ironías puede resultar demasiado agresivo de primeras, pero no me negaréis que el asunto tiene algo de gracia. Varg Vikernes debe estar descojonándose.

Melting Sun: una rosa es una rosa

Uno de los acomodados son los alemanes Lantlôs, quienes han respondido al desencuentro con Neige erigiendo a Herbst en el homólogo teutón del francés, algo menos repelente de primeras pero con las mismas tendencias suicido-depresivas. Obviamente el sector más trve ha vapuleado a Melting Sun (Prophecy, 2014), pero también debemos reconocer que esta gente no vería la evidencia ni aunque se aproximase a lomos del crucero de Vacaciones en el Mar.

Ahora bien, ¿es realmente este Melting Sun la aberración que muchos quieren hacernos ver en él? No, ni muchísimo menos. De hecho me atrevería a decir que el cuarto álbum en la carrera del ahora trío alemán es el más redondo de los que han publicado en toda su carrera, sembrando la discordia en los sectores ortodoxos pero aceptando las miserias de la escena como propias antes de que se conviertan en una verdad a voces, en un lamento desconsolado como los que cierran cada una de sus seis canciones.

En cualquier caso el giro es brusco, encargándose la estética de hacernos pensar cómo evitar menstruaciones en vez de disfrutarlas. Sonoramente la cosa también incomoda de primeras, trasladándonos más al mundo gótico tan de moda en la década pasada que al Shoegaze en lo que se ha ido convirtiendo todo esto. Las guitarras se debaten entre el rugido y la caricia, engañadas por un lamento vocal que aletarga y ensimisma, convirtiendo al cocktail en un bálsamo reparador que se disfruta mejor en la oscuridad, en un ambiente de abstracción en vez de en uno de sometimiento.

El álbum fluye con comodidad acertando en el debate entre la oscuridad más apacible y la luz cegadora, mostrando una melancolía que nos mira con la sonrisa del que engaña, con la vis irónica del que se ve aferrado a la realidad. El Post Metal se difumina quedando solo en retazos discontinuos mientras que el Post-rock se convierte en el eje gravitacional sin aquilosarse, sin caer en los vicios que nunca son virtudes. Melting Sun es como si Slowdive hubiesen encontrado las guitarras de eso a lo que llamaron Alternative Rock en la década pasada, sirviéndose del punch para aumentar la sensación de desazón y desidia.

7.4/10

Lógicamente entiendo en parte la controversia generada y reconozco que el postre pueda resultar empalagoso. Halagar un disco como Melting Sun puede ser considerado deporte de riesgo, pero esto más que de ello se trata de reivindicar una verdad que toca aceptar más pronto que tarde. Puede gustarte más o menos esta deriva a la que a partir de hoy voy a llamar Pinkgaze, pero negarle sus virtudes (que las tiene) solo por rencor no es motivo para colgarse medallitas. Eso es lo que haría Neige, vosotros veréis.

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