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Las 101 mejores canciones de rock de los 70 (VIII)

Treinta canciones nos restan de este repaso a los setenta. Las de hoy ponen de manifiesto, una vez más, que hablamos de una década prodigiosa en cuanto al Rock. Por varios motivos. Por un lado, algunas grandes glorias de los sesenta llegaron con el aire justo para ser importantes también durante los primeros años de los setenta. Por otro, géneros que a finales de los sesenta estaban en pañales, alcanzan su apogeo, con nuevos grupos mediante, durante el ecuador de la década. Y, por último, el agotamiento de las anteriores corrientes permitió el nacimiento del Punk a finales de la misma, movimiento efímero y radical cuyas ramificaciones se extenderían en los ochenta. En fin, una conjunción de elementos que hacen de estos diez años algo riquísimo. Va otra nueva prueba de ello.

30. The Kinks — This Time Tomorrow (1970)

Aquel disco especial, transición definitiva entre los sesenta y los setenta, que diseñó Ray Davies tras el renovado éxito de Arthur or the Decline and Fall of the British Empire (Pye, 1969), contenía al menos dos de las mejores canciones de The Kinks. Una de ellas es la más emocionante y bella jamás escrita por Davies — abramos debate — . Hablamos, claro, de ‘This Time Tomorrow’, una pieza redonda de escasos tres minutos y medio. Cumbre y momento más delicado de Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Pye), ‘This Time Tomorrow’ adolece de la tradición musical británica de la que bebían The Kinks durante los sesenta. El grupo, superado el ostracismo al que se habían visto empujados por culpa de Something Else (Pye, 1967) y The Kinks Are the Village Green Preservation Society (Pye, 1968) volaba más alto que nunca, dirección el Rock más convencional de su historia, pero no por ello menos especial.

29. The Nerves — Hanging on the Telephone (1976)

The Nerves se encuentran perdidos entre el ocaso del Pop de los sesenta y el resurgimiento independiente del mismo a principios de los ochenta. El eslabón perdido entre The Byrds y R.E.M., un breve suspiro en plena década de los setenta que sólo sobrevivió el tiempo suficiente para editar un oscuro EP titulado The Nerves (Bomp! Records). Es cierto que por sonido el grupo tiene acomodo en el Power Pop, que por aquel entonces sí contaba con más reconocimiento, pero también lo es que su sensibilidad y su tratamiento de las guitarras les ubican en una suerte de proto-Jangle Pop realmente inaudito. Versionada por Blondie pocos años después, con mucho mayor éxito, ‘Hanging on the Telephone’ es su mejor canción, la que abre el EP y la que, sin conato alguno de duda, les pone con todo merecimiento en esta lista.

28. Tom Petty & The Heartbreakers — American Girl (1976)

Hablar de Rock y Estados Unidos en los setenta supone inevitablemente hablar de dos nombres: Bruce Springsteen, quien ya apareció en esta lista, y Tom Petty — acompañado por The Heartbreakers — , a quien le debemos algunas de las canciones más sensacionales de su década. Pensemos, por ejemplo, en la sucesión casi inmaculada de grandes composiciones presentes en Damn the Torpedoes (Backstreet, 1979). O en la sencillez y eficacia del segundo single de Tom Petty and the Heartbreakers (Shelter), ‘American Girl’. A día de hoy sigue siendo su canción más célebre, y uno de los mitos fundacionales del Heartland Rock, aquella corriente apasionada y eminentemente Rock que aún hoy, debidamente regurgitada, continúa causando furor aquí y allá — hola, The War on Drugs — .

27. Thin Lizzy — The Boys Are Back in Town (1976)

Puedes añadirle todos los prefijos y sufijos, complementos y adjetivos que desees, pero pocas canciones en la historia pueden ser definidas de forma tan precisa y certera con una sola palabra. ‘The Boys Are Back in Town’, por encima de cualquier otra consideración, es la definición del Rock. Pegadiza, repleta de riffs divertidos, ligera, directa y con solos de guitarra emocionantes. Incluida en Jailbreak (Vertigo), el sexto álbum de Thin Lizzy, la canción es aún hoy uno de sus éxitos más celebrados. Han pasado los años, han pasado los grupos, las canciones, se nos marchó hace mucho tiempo, víctima de los excesos, Phil Lynott, y ‘The Boys Are Back in Town’ continúa representando como ninguna otra el espíritu de una buena, simple canción rock. Y, en consecuencia, del espíritu de los setenta, aquí condensado.

26. The Velvet Underground — Sweet Jane (1970)

Siempre he creído que los doce/trece segundos iniciales de ‘Sweet Jane’ son la bruma roja, alcoholizada y densa que emana de la boca de metro ilustrada en Loaded (Cotillion). Cuando ese breve espacio de psicodelia improvisada y ensoñación termina, lo que resta es la llana realidad: una calle de Nueva York, ajetreada, un señor en una esquina, una banda de Rock ‘n Roll tocando en la acera del frente, guitarras acompasadas, siempre dos, estribillos fáciles, estrofas eternas. Aquella banda tocando impulsivamente a la sombra de un edificio siempre será The Velvet Underground, porque suyo es el espíritu sonoro que domina y que ha dominado siempre a Nueva York. ‘Sweet Jane’, como composición de vuelo mundano, sin mayores pretensiones que disfrutar de la vida, define al Lou Reed perfecto.

25. Uriah Heep — Look at Yourself (1972)

Es cierto que de forma común nos referimos al primer LP de Black Sabbath como la fecha relativa de fundación del Heavy Metal, con todos los matices que esta frase merezca, pero también lo es que la música de Black Sabbath no se desplegaba en el vacío. Antes y durante, otras bandas estaban arrastrando el Blues Rock a terrenos menos amables, más pesados y experimentales. Algunas, además, se valían de las herramientas que por aquel entonces se estaban desarrollando en el Rock Progresivo para añadir toda una nueva gama de colores a su deforme, difuso proto-Metal. Uriah Heep también merecen nuestra atención por todo ello, dado que pocos grupos lograron combinar todos esos elementos de forma tan certera. Véase cómo ‘Look at Yourself’ les acredita como uno de los grupos más grandes de la década.

24. The Clash — White Riot (1977)

Una vez rodados ampliamente por el circuito de salas británico, The Clash se dispusieron a grabar su primer álbum, homónimo y editado por CBS Records, idéntica discográfica bajo la que produjeron London Calling (1979). Merece la pena recalcarlo, dado que se acusa con frecuencia al grupo de haberse vendido con el paso de los años, dejando de lado canciones tan Punk y políticamente coherentes como ‘White Riot’. Se puede alegar nostalgia en su defensa, pero lo cierto es que la acusación sigue siendo injusta. Aun cuando el viraje estilístico del grupo nos parezca adecuado o no, es innegable que nunca The Clash lograrían reunir tantas grandes canciones juntas como en su primer disco. This is 1977: tiempo rápido, guitarras simples, proclamas políticas y una mirada hacia el fondo de la sociedad. No había nada mejor que ellos.

23. Camarón de la Isla — La leyenda del tiempo (1979)

Está bien, está bien: quizá aquí hemos abierto la mano a la hora de definir “Rock”. O quizá no. Es lugar común recordar la anécdota de los gitanos devolviendo los casetes de La leyenda del tiempo (Philips) en su gasolinera de confianza, espantados ante el producto supuestamente transgresor y modernista ideado por Ricardo Pachón. Lo cierto es que no cuesta imaginar cómo los andamios del Flamenco clásico y de sus ideólogos ortodoxos se tambaleaban ante la aparición repentina de bajos eléctricos, sitares y teclados por doquier. Pero tampoco cuesta entender por qué este disco ha logrado traspasar las barreras del tiempo: al margen de toda innovación, es Camarón, acompasado con maestría por Tomatito, quien dota de magnetismo y profundidad a canciones como ‘La leyenda del tiempo’, la suficiente para que Kiko Veneno, los Amador o Gualberto ejerciten sus experimentos sin miedo a desplomarse en el vacío. Es él, Camarón, quien merece aquí ser considerado puro “Rock”.

22. Neu! — Negativland (1972)

No, amigos, nunca tenemos suficiente Krautrock en nuestra vida. Sí, Hipersónica es producto de semejante esquizofrenia. Segunda canción de Neu! que aparece en esta lista, segundo corte de NEU! (Brain), debut del grupo de inventores alemán e incunable de un género que encuentra genialidades y obras maestras por doquier, especialmente en lo tocante a cualquiera de sus nombres clásicos. ‘Negativland’ forma parte de la pieza más extensa titulada ‘Jahresüberblick’, y son otros nueve minutos de compás lento y progresión psicodélica hacia ninguna parte, en un viaje donde lo relevante es el trayecto, sostenido por una línea de bajo monolítica, una batería parca en recursos y efectos de pedal haciendo de las guitarras de todo menos guitarras en sí mismas. En fin, pura y simplemente Krautrock. En todo su esplendor.

21. Richard Hell and the Voidoids — Blank Generation (1977)

Aquel poeta sensible pero también influenciable que había aterrizado en Nueva York, proveniente del Medio Oeste, con la esperanza de convertirse en un referente artístico mundial, decidió que había tenido demasiado Tom Verlaine en su vida. La relación de ambos fue amistosa y tortuosa, marcada de forma indeleble por la marcha del primero de Television cuando Television dejaba de ser lo poco Punk que había sido en sus inicios para convertirse en esa otra cosa tan maravillosa y fascinante más tarde. De modo que Richard Hell, indignado y ahora libre para hacer lo que realmente se debía hacer en Nueva York en aquellos años, se juntó con The Voidoids y compuso Blank Generation (Sire), LP debut de la formación y recipiente donde Hell volcaría todo su genio artístico. La pieza más brillante y generacional, ‘Blank Generation’, le redimió de absolutamente todo.

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