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Las 101 mejores canciones de rock de los años 70 (y X)

Pues se acabó el paseo. Se ha hecho corto, ¿verdad? Como siempre, ha sido imposible contentaros a todos pues el terreno a cubrir en una década tan inmensa como la de los ’70 es muy amplio, pero desde Hipersónica hemos hecho todo lo posible para que esta lista, nuestra particular visión de una década tan apasionante, sea lo más fiel a todas las tendencias que en ella se desarrollaron, que haya logrado reflejar cuál es el camino seguido por un género como el Rock y qué trayectorias fueron siguiendo cada una de sus derivaciones.

Esta última tanda tiene de todo: nombres incontestables, ajustes de cuentas y alguna que otra sorpresa, como no puede ser de otra manera tratándose de nosotros. Insistimos en que estas son nuestras 101 canciones de la década de los ’70, las 101 canciones que mejor reflejan nuestra particular visión de la década y las que han surgido de ese ring de boxeo que es el sacrosanto Excel. En cualquier caso, aparte de ser el final del paseo, hoy es el momento de que desatéis vuestra furia sobre nosotros, por los olvidos, por los vacíos, por ignorar a esta u otra banda. Llega vuestro momento. Vamos al lío.

10. Triana — Abre la Puerta (1975)

Poesía hecha música, música convertida en poesía. Quizás el momento más brillante en la historia de la música patria, una alineación de astros que permitió consolidar un género que es puramente nuestro, un motivo para estar orgullosos cuando confrontamos nuestra historia musical con la de otros países, esos que por lo general suelen mirarnos por encima del hombro. Fue más breve de lo que nos hubiera gustado a la mayoría, pero todos sabemos que la genialidad suele ser efímera. Ahora bien, es el tiempo el que acaba dándole forma, y en el caso de Triana el legado que emana, sobre todo, de sus tres primeros discos, es brutal. Una obra maestra.

9. The Doors — Riders on the Storm (1971)

Muerto de forma súbita a pesar de que el desenfreno y la nocturnidad eran monturas de un evidente mal presagio, Jim Morrison tuvo tiempo de dejar un catálogo de canciones incontestable, un catálogo magno no ya solo por la majestuosidad de lo que encierra, sino por la enorme influencia que ha acabado ejerciendo sobre bandas de las tres décadas posteriores y la presente. Hemos elegido ‘Riders on the Storm’ pero podría haber sido casi cualquier otra canción, un género capital para nosotros, como es la psicodelia, no sería lo que hoy es sin la obra de The Doors.

8. The Who — Baba o’Riley (1971)

A pesar de que el catálogo anterior de The Who ya tenía una envergadura impresionante, fue con Who’s Next (Track/Polydor) que la banda de Pete Townsend y compañía consolidó la fórmula, dejando atrás el espíritu garageadolescente de los inicios y convertiéndose en la banda de Hard Rock más grande de la época. Más adelante seguirían dando volantazos intentando adaptarse a las nuevas tendencias, pero lo que ‘Baba O’Riley’ ejemplifica es algo así como el aquí y el ahora de entonces. The Who estaban en su mejor momento, los himnos se les caían de los bolsillos como a un padre se le caen las monedas al sentarse en el sofá: continuamente y sin poner remedio, pues al final esto era un acto de generosidad.

7. Joy Division — She’s Lost Control (1979)

El final de la década de los setenta supuso, quizás, el fin de una época de revoluciones, de una década en la que el Rock se transformaba cada cinco minutos. La última de esas transformaciones vino de la mano de Ian Curtis y sus Joy Division, una vía que se alejaba de virtuosismos y efectismos anteriores y que ponía al Rock al servicio de la desesperación y melancolía de una juventud que ya entonces veía venir desastres que hoy sufrimos. Del inicio del desastre extrajimos ‘She’s Lost Control’, su sonido, la cara de Ian Curtis, una tragedia que se avecinaba. El aviso quedó ahí, frente a nuestros ojos, y aún seguimos enredados entre su vehemente significado y los cantos de sirena, como si no hubiese pasado el tiempo.

6. Black Sabbath — Paranoid (1970)

Inventarse el Metal, simple y llanamente. El tempo, un riff pesado, la voz de Ozzy Osbourne cantando con una fiereza inusitada para la época. Hoy parece sencillo y parece cotidiano, pero si nos remontamos a 1970, ‘Paranoid’ fue bastante más que una revolución, fue el segundo paso de una metamorfosis que convertiría al Rock algo mucho más crudo, más áspero y mucho más brutal de lo que solo cinco años antes los de entonces jamás se habrían imaginado. Todo comienza en el álbum homónimo de Black Sabbath, pero si algo logran los himnos es consolidar ideas y sentimientos, hacer que las mismas cobren entidad corpórea y se consoliden en el imaginario popular. ‘Paranoid’ es eso, un himno, probablemente el primer gran himno de lo que hoy conocemos como Heavy Metal.

5. Television — Marquee Moon (1977)

Si vemos a la década de los setenta como una especie de menú degustación, el producto desarrollado por Television puede que aparezca al final de la carta, escondido a veces bajo nombres mucho más rutilantes o pronunciados con mayor asiduidad, pero el mismo acaba encarnando el papel de ese plato sorpresa que hace mucho más que dar fondo al catálogo, acaba siendo ese plato que, desde su aparente anonimato, al final define lo que es el restaurante en cuestión. El debut de Television, reforzado en su alma Art Rock, funciona como perfecto epílogo para la década, mostrando todo lo sucedido con anterioridad y dibujando el camino de lo que vendría después. No es un punto de inflexión, es el enlace entre dos mundos enfrentados entre sí siendo uno respuesta al anterior. Un enlace imprescindible.

4. Iggy Pop — Lust of Life (1977)

Si pudiéramos viajar en el tiempo, a 1975, y preguntar a un transeúnte cualquiera cómo creía que iba a acabar James Newell Osterberg, la respuesta más lógica sería “muerto”. Esa era la impresión que daba la carrera de Iggy Pop hasta entonces, movida por un descontrol que había dejado un disco seminal por el camino y una estela de escándalos y excesos que no presagiaban nada bueno. Afortunadamente para él y para la historia del Rock, David Bowie se cruzó en su camino, encauzando un entonces ímpetu desbordante y logrando lo inimagibale, que el artista conocido hoy como La Iguana siguiese vivo, y que lograse facturar dos discos impecables en 1977. Alejados del ruido anterior, construyendo himnos que aún hoy perduran.

3. Pink Floyd — Wish You Were Here (1975)

Dolió mucho a Roger Waters, David Gilmour y companía tener que dejar a Syd Barret en la estacada, un talento incontenible que se había salido de control y, aparentemente, estaba cerca de hacer descarrilar a una banda como Pink Floyd. El final de la historia parecía llevar escrito años cuando llegó, pero la certeza no contuvo un ápice el dolor de una pérdida capital, pues el que se bajaba del autobús era un amigo. ‘Wish You Were Here’ es un canto a la ausencia y a la amistad que sobrevive a ella, es la prueba de que el Rock Progresivo podía ir más allá de su espíritu exhibicionista, pues el purismo era su principal amenaza. Pink Floyd acabó siendo víctima del éxito y del ego, de no adaptarse a una realidad cambiante, el Rock Progresivo lo hizo años después tras vivir sus días más oscuros en la década posterior. La luz la marca este tema atemporal, la prueba de que la virtud no solo puede ser técnica pues sin la transmisión de sentimientos la misma acaba quedando en nada.

2. Neil Young — My, My, Hey, Hey (1979)

Al final de la década de los setenta Neil Young estaba apunto de iniciar un viaje que parecía de no retorno, enfangándose en una etapa experimental y de enfrentamiento a la industria que hizo que muchos perdieran la esperanza en él. El aparente entonces canto de sirena fue Rust Never Sleep (Reprise) un álbum que ya entonces parecía inesperado pues el declive parecía verse venir años antes. Decía Mohorte que el momento álgido del álbum, por su significado entonces y su significado posterior, se encuentra en ‘My My, Hey Hey’, en la frase que 15 años después inmortalizaría Kurt Cobain. Esa frase no solo definió el momento personal que vivía Neil Young entonces, sino que también serviría de presagio para una carrera que ha muerto y resucitado mil veces desde entonces, dejando himnos aquí y allá.

1. David Bowie — Heroes (1977)

Se hace complicado hablar de momentos definitivos cuando nos enfrentamos a una carrera como la encarnada por David Bowie, un artista que huía del epíteto estable mutando para dejar atrás a los escribientes. La etapa Glam, sus juegos con el Soul, la trilogía berlinesa, todos son esquemas de brillantez que marcaban un ritmo inaguantable por el pelotón que le seguía, transformándose a cada golpe de riñón, marcando tendencias que serían influencia entonces y mucho tiempo después. Heroes (RCA) es quizás el disco más rutilante del final de la década para Bowie por su aparente positividad, por el toque de Brian Eno, por la guitarra de Robert Fripp. Una constelación de estrellas que dan forma a la que es, según el consenso hipersónico, la mejor canción de la década de los ’70. La expresión “palabras mayores” se queda corta.

Las 101 mejores canciones de rock de los años 70

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