Bob Dylan ha sido muchas cosas, pero la principal de todas la demostró Tempest (2012): un músico de talento descomunal e imprevisible, inquieto e incapaz de quedarse siempre en el mismo lugar por más que el tiempo haya pasado. La parodia, posiblemente, sacaría los rasgos comunes que muchos parecen ver en él. La realidad es que su carrera es de todo menos monolítica.

Durante los próximos días repasamos cincuenta de las mejores canciones de Bob Dylan, que son también cincuenta maneras extraordinarias de empezar a conocerle a fondo si aún no lo habéis hecho.

50. Lay Lady Lay (1969)

‘Lay Lady Lay’ es muchas cosas. Es el ejemplo de lo que la procrastinación puede traernos, puesto que a Dylan se la encargaron para la BSO de ‘Cowboy de Medianoche’ y no la entregó a tiempo, lo que provocó que ‘Everybody’s Talkin’’ se llevase ese honor. Es, además, el último gran éxito masivo de Dylan en los 60. Es, también, la canción en la que Kris Kristofersson, por aquel entonces sólo un conserje en un estudio de Nashville, sujetó los bongos y el cencerro (y nada más).

Y es, también, una de las canciones más radicalmente diferentes de Dylan hasta entonces: más suave, más canción melódica, más adulta (en el peor y a la vez en el mejor sentido de la palabra). Atípica en él hasta el extremo de que a Dylan nunca le ha gustado. Sólo por la insistencia de Clive Davis, más tarde fundador de Arista Records, salió como single del disco. Fue top 7 en Billboard, impulsada por su cálido sonido y también por su letra.

49. Girl From The North Country (1963)

Quizás la canción de amor mas emblemática del primer Dylan. Uno de los juegos más habituales en las biografías de su autor es saber a quién narices le estaba dedicando una canción tan prístina que emociona por su pureza. Ese amor en el lugar donde los ríos se hielan cerca de la frontera nunca se ha desvelado del todo.

De hecho, el propio Bob se encargó de que sus diferentes “novias del norte” pensasen que la canción era sólo para cada una de ellas. Seguramente sean todas a la vez y Dylan veía la huella del eterno femenino en su chica del norte, del mismo modo que los Beach Boys deseaban que todas fuesen californianas.

Inspirada en la melodía de ‘Scarborough Fair’, ‘Girl From The North Country’ no deja de arrastrar ese enigma, en ocasiones convertido en obsesión: Bonnie Beecher, una de las primeras novias del cantautor, confesó que había sufrido una agresión por parte de otra mujer que quería saber, de manera vehemente, si Bonnie era realmente la chica del norte.

48. Red River Shore (1997)

¿Cómo ha manejado Dylan los descartes de canciones? Es uno de los grandes misterios de la carrera del artista: saber los mecanismos mentales que le llevaron a dejar fuera de sus discos alguna de sus mejores canciones. No sólo ocurre con ‘Red River Shore’, aunque con ella sea más llamativo teniendo en cuenta que hasta quienes estuvieron en las sesiones de Time Out Of Mind hablaban de ella como una de las mejores canciones del lote.

“Algunos hemos apagado las luces (…)
algunos hemos preferido morirnos de miedo en la oscuridad
en vez de estar donde vuelan los ángeles”

Eso entona nada más comenzar la canción. Y lo hace con una tristeza honda, que podría ser profunda melancolía si no fuese porque, en realidad, tanta pena no tiene nada de reposada. Roto por el amor, el Dylan de ‘Red River Shore’ trata de enterrar los recuerdos en canciones, pero sólo le sale escribir sobre ella. Y, al final, nos quedamos sin saber si, en realidad, aquella chica era real; si algo lo fue, de hecho.

47. Love Sick (1997)

“I’m Sick of love but I’m thick of it”

El Dylan reciente deja estampas musicales asombrosas también, incluso algunas como ‘Love Sick’ que, como las de los viejos tiempos, ayudan a apuntalar el mito frente a la realidad. La realidad, en 1997, era o parecía ser que a Dylan se le estaba acabando la gasolina.

Primero, la creativa: habían pasado siete años desde de su último disco, escaso en razones para defenderlo contra viento y marea. Segundo, la vital: la primavera de ese mismo año estuvo cerca de la muerte por una infección y, tras salir de ella, Dylan lanzó Time Out of My Mind, que no es el disco grabado mientras estaba moribundo.

Por todo eso tiene más guasa que fuese precisamente ‘Love Sick’ la que abriese ese retorno: una canción que podría ser tristísima, y en muchos tramos de la letra es demoledora, pero que tiene un tono socarrón inolvidable, tanto en la voz de Dylan como en el stacatto de órgano. También en esa letra de amores que se cargan la inocencia (I Spoke to you as a child, you destroyed me with a smile), pero a los que no vas a olvidar jamás, como confiesa con impotencia esa frase final.

Que luego la usasen como sintonía de anuncios de lencería sólo corona lo dicho al principio: que en Dylan todo confluye para crear el mito, por absurdo que sea el discurrir del camino, los acontecimientos vistos por separado.

46. Every Grain of Sand (1981)

Mejor en la desnuda versión del primer Bootleg series que en la muy pulida toma oficial, editada en Shot of Love, ‘Every Grain of Sand’ brilla más cuanto más desesperado parece Dylan, cuanto más contrasta con el discurrir ligero y decididamente romántico de la melodía.

¿Una canción de amor en pleno Dylan de descubrimiento religioso? Sí, pero sólo en la melodía: la letra es el choque entre haber encontrado la fe y creer plenamente y, sin embargo, saber lo muy difícil que lo pone el día a día para no perderla.

Ese Dylan cristiano fue para muchos un shock. Y aunque las dos tomas, la de tres minutos y la de seis, merecen la pena, es en la casera, con el perro de Dylan ladrando, con la calidez de lo cercano, con ese inicio trastabillado, donde mejor se ve cómo afrontaba los primeros 80 quien ya era un mito.

Las 50 mejores canciones de Dylan

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