Segunda parte de nuestro especial en el que repasaremos las cincuenta mejores canciones de Bob Dylan. En este nuevo trayecto por cinco de ellas nos coinciden dos del año en que Dylan decide ir más por libre, una de su faceta pop-folk, otra con el corazón rotísimo y una última, casi onírica, donde se trata de curar las heridas de una ruptura buscando cuerpos ajenos… pero los puentes con la realidad ya están casi rotos del todo.

45. I’ll Be Your Baby Tonight (1967)

Justo el año del verano del amor, el momento mainstream de la psicodelia, Dylan decide fugarse hacia los terrenos más de raíces que haya pisado hasta nunca. John Wesley Harding, con esa portada que parece sacada de la post-Guerra Civil Estadounidense, es un canto tras otro a la tranquilidad, al silencio, al relax, a los espacios vacíos, a calmar un mundo demasiado loco, demasiado rápido.

Pero en ‘I’ll Be Your Baby Tonight’ no hay nada lacónico, esa misma postura se afronta desde la perspectiva del gozo. Es más, hay un punto vacilón en la manera en que discurre este Dylan que está ofreciéndose para esta misma noche. Simple en música y en letra (ojo a esto, que llega apenas un año después de las mareas sin fin de Blonde on Blonde) y sin necesidad de aspavientos, sus dos minutos y medio aligeran cualquier lista. También cualquier visión que se tenga de Dylan, aquí más Hank Williams que nunca.

44. She Belongs To Me (1965)

She’s got everything she needs
She’s an artist 
She don’t look back
She can take the dark out of the nighttime 
and paint the daytime black

Bringing It All Back Home es el primer disco en el que Dylan se salta sus propias fronteras. Agarra la guitarra eléctrica y comienza a perder el miedo a irse tan lejos como las canciones se lo pidan. Pero, también, sigue aferrado a su acústica. Y, de vez en cuando, se va contagiando de un tono decididamente pop, como ocurre en ‘She Belongs To Me’.

Sigue estando el Dylan de la armónica, pero está vez el acompañamiento lo es todo. Con su primera banda en condiciones, a este Bob se le van añadiendo pequeños detalles que encumbran la canción. Por ejemplo, los punteos claros, cristalinos, de John Hammond Jr.

Y la letra culmina los contrastes. Si el título dice que ella le pertenece, en los versos eso está realmente lejos de ser verdad y vamos dando vueltas por un amor ambigüo, pero con un personaje femenimo bastante consciente de su poder (también en el plano sexual) y que, en última instancia, no depende de nadie…

She never stumbles 
she’s got no place to fall
She’s nobody’s child, 
the law can’t touch her at all

43. You Ain’t Goin’ Nowhere (1967)

Uno aprende a hablar muchas veces a lo largo de su vida, mas allá del primer aprendizaje de la infancia. Lo hace, por ejemplo, cuando comienza a imitar la manera de expresarse de quienes admira. Y Dylan se ha pasado media vida aprendiendo de los demás y, a la vez, enseñando(nos) a otros a hablar. De Woodie Guthrie, por ejemplo, supo hablar como un vagabundo, supo imitar lo que contaba en sus memorias el hombre cuya guitarrra mataba fascistas.

Dylan aprendió a hablar de otra manera también en el paso de la primavera al verano de 1967. Fue en una granja en Woodstock, en el sótano del rancho llamado Big Pink. Allí Dylan comenzó a sonar mas rural y menos urbano, a dejarse asaetear las canciones por las múltiples influencias que traían consigo los miembros de The Hawks (más tarde The Band).

Y Dylan enseñó a muchos otros a hablar y ya de paso hizo que su nombre siguiese en boca de todos incluso cuando, como en aquellos momentos, estaba retirado de la vida pública. En ‘You Ain’t Goin’ Nowhere’ se ve, de manera magnífica, todo lo anterior.

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42. If You See Her Say Hello (1975)

“Dile de mi parte que estoy bien, aunque estas cosas vayan despacio.
Quizás piense que la he olvidado, no le digas que no es así.
Nos pasó lo que a los amantes les suele pasar,
y pensar en cómo se fue esa noche aún me provoca escalofríos. 
Y aunque nuestra separación me ha roto el corazón en pedazos, 
aún vive dentro de mí, nunca hemos roto del todo.

Si la ves, dale un beso de mi parte, 
siempre la he respetado por hacer lo que hizo y salir indemne. 
Oh, lo que sea que la haga feliz… no voy a interponerme. 
Aún me queda el regusto amargo de la noche que intenté hacer que se quedase”.

El Dylan de Blood On The Tracks se explica por sí solo. Y se vive como si la letra la hubiese escrito uno mismo.

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41. One More Cup of Coffee (1976)

En 1975, Dylan estaba en un momento crítico de su vida. Su matrimonio con Sara pasaba por su peor momento, el recién estrenado Blood on The Tracks era su disco de divorcio (a pesar de que aun no se habían divorciado) y Dylan iba y venía en medio de pequeñas reconciliaciones.

Uno de sus viajes le llevó hasta París, a visitar a su amigo David Oppenheim, el pintor que había parido la contraportada de Blood On The Tracks. Además de asistir a unas cuantas bacanales organizadas por el propio Oppenheim, con él Dylan celebró su trigésimo cuarto cumpleaños en un festival gitano.

De esa experiencia nacieron dos canciones: ‘Sara’, explícita declaración de anhelo hacia su ya casi ex-esposa, y ‘One More Cup of Coffee’, que finalmente publicaría en Desire un año mas tarde. En esta última, una chica gitana duerme mientras el narrador explica lo que siente por ella, un amor no correspondido (“but I don’t sense affection no gratitude or love, your loyalty is not to me but to the stars above”) que, finalmente, tendrá que abandonar.

‘One More cup of Coffee’ tiene dos bazas para mostrarse triunfadora: ese dueto con Emmylou Harris y ese tono hébreo, con un violín que podría vivir también en los discos de Leonard Cohen. Dylan, con la voz quebradiza y muy al límite, sólo se esconde cuando Harris irrumpe en el estribillo, pidiendo una taza más de café para el camino. Una última estrofa de fascinación por lo incompresible pone la puntilla:

“You’ve never learned to read or write
There’s no books upon your shelf.
And your pleasure know no limits
Your voice is like a meadow lark.
But your heart is like an ocean
Mysterious and dark.”

Podéis escucharla también en versiones de The White Stripes, Syd Matters, Robert Plant o Calexico.

Las 50 mejores canciones de Dylan

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